lunes, 23 de julio de 2012

ANTE EL ESPEJO



¿Te has parado alguna vez ante el espejo te has mirado a los ojos y te has invitado a sonreír? 


Cuántas veces ante nuestro reflejo nos miramos las cuencas perdidas de la mirada, cuantas veces miramos fijamente nuestros ojos tristes, nuestro pesar, nuestro futuro perdido... Cuantas veces nos ponemos frente al espejo con la única sensación de extrañados o perdidos, preguntarnos: “¿por qué, Señor?” o un “¿hasta cuando tendré que esperar...?”. 


Por lo general las esperas nos desesperan. Hemos perdido la esperanza y el camino que debía de contagiarnos. Nos hemos dejado arrastrar por un pesimismo oscuro y viciado, torpe, lleno de negras nubes que no nos deja mirar en el espejo y pensar que nuestra mirada será alegre, que tenemos motivos para batallar, que nos queda espacio para el mañana, que nos queda paseo por delante... 


Yo me he decidido en estas últimas horas a reemprender un nuevo camino. Voy a quitarme de los atajos, me voy a columpiar en el parque como cuando era niño para notar la brisa golpearme fuerte contra el rostro mientras subo y bajo... Volveré a jugar. A apostar fuerte por mi vida, por mis esperanzas, por mis sueños... Ante el espejo, pienso, incrédulo, si no he perdido demasiadas noches en vela, si no me he dejado muchos días arrastrados... 


Tengo que apagar la luz y sentir el viento. 


Quiero cerrar los ojos y oír cómo respira la tierra. Quiero salir al mar y bracear, con ningún esfuerzo, contra el batir de las olas del mar y no dejar de flotar nunca sobre la sal... Me miro ante el espejo y me veo, con los ojos prestos, vivos, alegres... Cuántas veces no nos miramos al espejo... Cuántas veces nos lavamos la cara por inercia sin mirar nuestro rostros enfrente diciéndonos: “ya, ahora, ahora es cuando te toca... ahora es cuando llegó tu hoy. Tu momento.”. Nuestro momento no tiene porque ser el mayor de los éxitos ni el más bajo de los triunfos. Nuestro momento puede ser un segundo de paz, sin luz, ante el espejo, el libro y el sillón, el viento y la sonrisa, la compañía más preciada... Tenemos muchos momentos para brillar, para ser felices, para vivir de una manera completa... y los perdemos porque dejamos que nuestra cabeza se pierda en una jaula de ruidos que no debería de ser nuestra. 


Dejamos que se pierda la felicidad porque somos incapaces de sentarnos ante el espejo y decirnos: “hoy, es tu momento. Ahora, cuando te toca...” y desde ese momento batallar para que así sea. Me he decidido a regalarme otra sonrisa. Quiero compartirla contigo. 


Quiero que tú hagas lo mismo. Que te pongas ante el espejo y llores hasta que se te caiga el alma. Que respires luego y entonces te prometas que ya comienza tu nuevo camino... Y ahí, quiero acompañarte, para pasear contigo...

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14. "Bendita locura" En la limpieza de fotos, anoche, volvió a aparecer el bueno de Paulin...