viernes, 5 de julio de 2013

OLVIDAR



El olvido. A veces nos llega, como una guadaña del tiempo para dejarnos sin aquel ayer que fue nuestro. Otras, nos empeñamos en buscarlo sin llegar casi nunca a encontrarlo. El olvido y el tiempo, pasean de la mano, por las memorias oxidadas de nuestros paseos. Y así, el tiempo se mece contra nuestra historia, quitándonos detalles, olores, sentidos, palabras y tactos o nos deja, injustamente, cuando querríamos olvidar, esposados a un olor, a un recuerdo o a un verano.

Olvidar nunca me ha parecido un acierto. Cuando es la desmemoria la que nos borra la vida, duele con heridas y cicatrices, mirar atrás y no recordar esto o aquello. Cuantas veces no nos habrán dicho aquello de si recordamos y esforzamos nuestra mente con los ojos hacia el cielo sin encontrar nada que nos lleve de la mano. Así, en soledad, quedando aparte de nosotros mismos como si aquello que ya olvidamos no hubiera sido parte nuestra ni vivido, ni amado.

Otras, por condenas de la vida, que como un equilibrista nos lleva sobre la cuerda floja, nos empeñamos en nuestros errores o nuestros dolores, esconderlos bajo la tierra. Enterrar nuestra verdad sufrida, pensando que allá abajo, entre raíces y gusanos se perderán por siempre de la conciencia. Pero bien sabes que no se puede. Que cada vez que intentamos olvidar algo, le damos agua con fuerza, regamos su pasado y lo convertimos en un pasado que sigue doliendo. No merece la pena olvidar, porque olvidar nos borra, nos elimina, nos disuelve, nos deshace.

El recuerdo del ayer, siempre es positivo. Acabamos sacando las cosas buenas que nos dejó hasta el dolor y guardamos en nuestras maletas de cartón y alma cada cosa recordada con una nostalgia dulce que todo lo acompaña. Como un suave cuarteto, como una brisa en la mañana...

Recordar siempre es mirar hacia atrás con el consuelo de que aquello que pasó fue lo que vivimos. Por eso es importante que seamos capitanes de nuestros barcos, amos de nuestros paseos, señores de nuestros placeres, amigos de nuestras decisiones, maestros de nuestros silencios... Porque solo así podremos ir decidiendo a cada momento y cuando recordemos, no habrá arrepentimiento. Habrá dolor en rescoldo, tristeza leve o feliz recuerdo. Pero nunca estaremos arrepentidos ni querremos ser parte de un olvido que acaba por negarnos hasta a nosotros mismos...

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