sábado, 10 de octubre de 2009

EL DÍA DEL POLLO


Hubo un presagio en cuanto aparcamos el coche: estábamos en la calle del Pollo y, eso, sin duda, nos marcaba ya para el resto de la jornada... Si teníamos algo claro es que acabaríamos liándola y montando un pollo, que por otra parte, es lo nuestro.
Quedamos a comer en Baldo. Llevamos ya varios años desfilando en los moros y cristianos, con dispares resultados, pero siempre en concordia... Y altos níveles de fiesta. Ayer no fue menos. Comimos la filà alrededor de una mesa en un día del veranillo de San Miguel que este año se nos ha adelantado. Reímos y brindamos, sangría en mano, nos sobró comida y nos faltó tiempo para empezar la fiesta. Primero, alquilando los servicios prestados de un acordeonista al que pagamos porque nos diera un concierto mientras comíamos y bebíamos. Bailamos, reímos, aplaudimos y estuvimos al pairo de llevarnos las horas del reloj para no hacer tarde. Intentamos contratar los servicios del señor del acordeón para hacer un pasacalles con él hasta el casal donde nos vestíamos de moro... En balde. Algunos de la comparsa se negaron. Desde luego... Nos recorrimos saludando la plaza del Ayuntamiento, la calle de San Vicente y cruzamos por la Mar a la plaza de los patos y a Sant Bult. Llegamos cantando canciones de la tuna. Nos cambiamos y seguimos haciendo gasto en la barra fallera...


En unas tres horas, aproximadamente, ya partíamos de Tetuán como boato de Julio Tormo que este año ha sido el capitán de capitanes con un carrozón espectacular. Nosotros también espectaculares. Yo con Leo a mi vera y Rafi a la diestra. Risas y saludos por la calle de la Paz, más abarrotada de gente que nunca y muchas ganas de fiesta. Vi a mis padres por el recorrido, a algunos amigos y a gente de esto que llamamos la fiesta... Acabamos reventados. Muy cansados. Y sin parar de reírnos y de hacernos fotos con todo aquél que se nos acercaba sorprendidos de la indumentaria que nos gastamos... Fue la risa, un año más. Y un año más con Leo a la vera.


Nos aseamos como pudimos, moros de la morería y nos fuimos al casa de Tormo para degustar un arròs amb féssols i naps (¿qué cenar si no una noche como ésta?) y dulces, fiesta por doquier y mucha risa. Cenamos y hablamos de cien mil cosas. La noche era de verano, auténticamente. Y como en verano, mi insomnio.


A las cinco de la mañana he visto el reloj y a las cinco y media, después de leer la prensa me he dormido. Me he despertado a las diez y me he arrastrado hasta las once... He bajado a por la prensa. He visitado a Merche y hemos estado charrando hasta la hora de comer. Lomo y tomate... Mucho tomate. De haberlo pensado, hoy seguramente, habría comido pollo. Por seguir con las buenas costumbres, vaya... Menudo día, el del pollo.

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