lunes, 1 de abril de 2013

UNO DE ABRIL, QUE PUEDO SER YO: ACUSE DE DERRIBO


Llega abril, de manera festiva, en lunes de pascua casero. Dedico la mañana a limpiar menos de lo que pretendía, a esperar y desesperar mirando compulsivamente el móvil y comprobando cómo aparecen y desaparecen nombres en el chat del facebook, sin llegar a hablar con nadie, y cómo se suman las horas que algunos están en desconexión. Intento organizar de nuevo mi vida, después del fuego de marzo, purificador y ave Fénix, como si hoy fuera un uno de enero y anoche, por nochevieja, un principio de algo y un final de otra cosa...

Cené en casa de Semi y Laura, con Galiana y Víctor, Ángeles y Mariano, Carmen y Miguel. Nos echamos risas hasta las dos y media. Antes de anoche tocaba cambiar la hora y la que perdimos de noche, yo ya no volví a encontrarla. Me he pasado la Semana Santa metido en casa. El jueves cené en casa de María y después de ponernos al día me encontré con Luis en Cyrano. Dos copas y unas risas. A casa. Me desperté con la sola intención de no salir de casa, de hacer lo que hiciera, que no fue nada, quedarme quieto, como un camaleón, intentando mudarme con los colores de la pared de casa para que nada me distrajese de mi propia distracción. Richard me había invitado a comer en su casa con la gente de la falla. Le avisé que no iría. Y me postré en el sofá viendo "Todo sobre mi madre". Volví a recordar por qué me gusta tanto esta película.

Me duché y salí a la procesión del entierro. Procesioné por las calles de Mislata, echando de menos las de Sevilla, y me tomé algo con Pepa y Mariano al acabar la vuelta en "El tanguito". Así, como mi vida: de tango.  Me regresé a casa y me quedé tumbado sobre el sofá viendo entre ojos cerrados la tele, hasta que se cerraron del todo. Y como cuando era niño, me desperté en mitad de la madrugada, a las 3:30, y me dio una pereza increíble llevarme hasta la cama. Sin embargo, tuve una sensación de tranquilidad absoluta. Relajo. Y me tumbé. Empecé a darle vueltas, a situaciones que imagino que pueden darse desde que tomo alguna serie de decisiones. Sinceramente, mi cabeza, casi siempre, va demasiado rápida. Y últimamente, por sobrecarga entiendo, se dispara cruel y triste, mal, hacia lo oscuro... Caí preso del sueño nuevamente y me desperté pasadas las once de la mañana. Calculé de seguido cuántas horas llevaba en la cama y me sorprendí a mí mismo. Si mi intención era descansar este fin de semana largo, ¡vaya si lo he conseguido! 

Me fui al mercado a comprar con Pepa. Almorzamos algo en el bar del mercado. Y al volver a casa cociné una fideuà que sabía a gloria a las cuatro de la tarde. Dediqué la tarde a perder el tiempo, básicamente, porque intentaba hacer algo de provecho y no me salía. Me quedé tirado de nuevo en el sofá y romanceé contra el reloj sin llegar ahora a recordar, hoy lunes, que hice antes de ayer. Ví "Tesis". Lo recuerdo ahora al intentar colocar la peli en la agenda de estos días... Pero me cuesta ubicarla.

El domingo me desperté. Domingo de primavera con el reloj cambiado. Acosta me mandó un mensaje con la foto de su hijo recién nacido. 31 de marzo. Jose. Otro Jose en nuestras vidas. Cualquier buena noticia de estos amigos me llena que da horror. Una llegada para celebrar que Acosta me traslada con un aprecio que desborda. "Tendrás que poner una silla más en tu casa para la tarde de Reyes". Y le contestó con una foto de una silla, porque ya la tiene. Me gusta compartir la felicidad de mis amigos. Vaya que sí.

Comí en casa un bocadillo en pan de cebolla con jamón y queso. Angelita y Mariano me recogieron a las cinco de la tarde, cuando pensaba escribir en este diario de hojas desordenadas. Subí la maleta con mi ropa de fallas. Bajé. Y nos fuimos al puerto de Silla. En una barraca celebramos el cumpleaños, el primero, de Mar, la "sobrina" por parte de Amparo y Vicente. La tarde sabía a lluvia que no llegaba. Nos recogimos pronto. Cociné y acudí a casa de Semi tras presenciar un atraco en mitad de la avenida, a una mujer invidente. La crueldad del mundo. Maldita.

Acabo de sentarme frente al ordenador para empezar abril con una energía desbordada. Me voy ya al sofá para continuar con mi cura de descanso, con mi acuse de derribo, al que me someto voluntariamente. No sé si todo funciona o nada va, no sé si me alegro o no. Estoy en un empuje de inercia que no sé hacia adónde me manda y de las pocas decisiones que voy tomando al día, me replanteo débilmente si hago bien o no. Pero sigo. No sé si hacia arriba o hacia abajo. Lo que tengo claro es que no estoy quieto. Por eso mi desgaste es mayor. Pero somos fuertes, no nos queda otra.

No soy consciente de lo que va pasando al día, de todo lo que va pasando quiero decir, porque pasan muchas cosas. Quizá demasiada. Tengo que empezar a relativizar, decidir, elegir,... y sobre todo, disfrutar. Porque tengo la sensación de que la propia inercia me marea entre olas de desencanto. Y yo soy un tío apasionado, que disfruta cada cosa, cada pequeño detalle... Ahora que pasan muchas cosas y muy importantes en mi vida, todo es como si no pasara nada. La apatía social de esta Europa de crisis empieza a contagiarse hasta en los optimistas compulsivos como yo, que decido a última hora, emprender mi propio derribo con la única voluntad de volver a construir. Y así, me cojo el blog y lo rediseño: le doy color y lo rejuvenezco. Su aspecto marrón, aunque elegante, ha desaparecido. Cada día vienen menos amigos a visitarme a este rincón de hojas perdidas y creo, sinceramente, que en parte es porque sin saberlo yo también estaba marrón... Por eso, me derribo y me reconstruyo. Me doy color. Me pongo jovial. Y me cojo este primero de abril, como el primero de año nuevo, que hoy comienzo...


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