lunes, 6 de julio de 2009

AL BORDE DEL PRECIPICIO



Hace justo un año, yo estaba al borde del precipio que delimita el Himalaya a la sombra de Lamayuru. Habíamos atravesado las tierras de la Luna y la tormenta se cernía sobre nosotros. El pequeño niño budista oteaba el horizonte más lejano que nunca hubiera nadie observado... A miles de kilómetros, en España, mamá andaba de hospitales en silencio. Hace un año que todo podía haber cambiado demasiado. Mi padre, mi hermana, Merche, María Jesús, Mercedes... aquí con un sufrimiento paciente guardaron el secreto como nadie. Y sin embargo, en la lejanía, el sexto sentido que te regalan las estrellas, me hacían pensar en ellos y en casa, y en mamá... Guardaron el secreto durante muchas horas, días y noches enteros de sufrimiento y preocupación que terminaron de la mejor manera posible.


Yo mientras tanto me dormía en el todoterreno que Stoby se había agenciado para llevarnos por todos los confines del Tíbet exiliado. Estuvimos en el templo de Alchi, hace un año, sintiendo el olor profundo de la India y notando el tacto que tiene la ausencia de palabra. El monje, a la puerta, cuidaba de la oscuridad del templo que protegía a Buda. Calor intenso, como esta noche en España.


Desde la distancia, me sorprendían los días que pasaban sin hablar con mamá. Y cuando alguna vez me cruzaba unas palabras, recuerdo la pena sosegada de su voz, que me desanimaba. Nunca pude imaginar que me encontraría a la vuelta con el aluvión de noticias y de sentimientos, de sensaciones sobre todo. Pero todo acabó mejor de lo que podíamos nunca imaginar... Y a quién se encargue de protegernos, desde donde lo haga, gracias por hacer que hace un año, mi vida, ganara todo lo que ganó a tantos kilómetros de distancia y tantos metros de altura. Muchas gracias...

No hay comentarios:

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14. "Bendita locura" En la limpieza de fotos, anoche, volvió a aparecer el bueno de Paulin...