jueves, 17 de julio de 2008

LAS CRONICAS DE JAIPUR

El dia fue intensamente largo. Comenzo a las cuatro y media de la manyana cuando sono la alarma. Todos preparados y al aeropuerto. Esperamos a Stoby, que llega un poco tarde, pero quiza llama la atencion porque tenemos tan pensado que nos hemos de ir, que el minimo retraso parece trastocar cualquier plan. Aunque el plan sea algo tan lamentable como tener que irnos... Llegamos al aeropuerto. Pasamos setenta y siete controles, cacheos, espionajes... Pero no llegamos a ensenyar el pasaporte ni una sola vez. La India es asi. Como nos gusta... Finalmente volamos a Delhi. Llegamos a las nueve de la manyana, pero el calor es tan sofocante, humedo e intenso, que parece que el sol quemase a muerte acabando el dia. Llega Nava, un amigo de Laza, que se une a la aventura. Y con el taxista que teniamos contratado emprendemos un viaje de cinco horas que nos lleva hasta Jaipur. El camino es una odisea: vergeles de verde intenso, humedad por doquier, camellos que se postran a los lados de la autopista, alguna manada de monos que de repente la cruza... Un par de vacas (sagradas) muertas sobre el asfalto. Unos elefantes a la sombra. Un barrio de chabolas donde los ninyos juegan semidesnudos junto a los cerdos que rebuscan entre la basura algo que llevarse a su famelico vientre, tan famelico como el de los ninyos que suben y bajan, corren, juegan... La vida en Jaipur ruge salpicada por el calor que lo puede todo. Y nosotros, entre los escombros de la ciudad perdida, llegamos a un hotel con fachada de lujo. Con botones que recogen nuestro equipaje (harto pesado). Con un hall de cine (de cine Bollywood) y aire acondicionado en las habitaciones... El colchon, al fin, parece tan comodo... Bajamos a la piscina. Una charca grande, de agua estancada, mas limpia de lo que nuestras bromas creen. Nos zambullimos. Y de repente, el ruido continuo de Jaipur se queda en silencio. Todo se sacude bajo un agua caliente, y al rescatar la cabeza, al sacarla por encima del agua, todo el caos se arremolina en torno a nosotros. Es entonces cuando la realidad parece mas cruda si cabe. Cuando recuerdas que la pobredumbre y la miseria sacuden castigando al otro lado de nuestro comodo muro. Y nosotros cuatro, como ajenos a la realidad de Jaipur, chapoteamos vehementemente mientras conversamos sobre los proximos destinos... Salimos de la piscina. Nos secamos (aun mas, secos hasta la saciedad) y nos cambiamos en la habitacion. Bajamos al mercado de frutas que puebla junto al Jaipur Palace. Y todo es mas misero todavia... Sobresalen los colores de los sharis, de las frutas, la mirada brillante de algun ninyo que se sorprende al oir nuestro acento o al ver nuestras camaras de fotos... Somos los unicos turistas de un mercado de muertos, casi. De gente que nos estampa un "hello" buscando nuestra mirada y nuestra cartera... Y entonces miro el puesto de unas frutas amargas que todavia no hemos descubierto. Y tras el, el mercader avido de vender. Y detras suyo, una bicicleta muerta apoyada sobre un muro. Y detras de ese muro, nuestra piscina, en calma total ya sin nosotros dentro de ella. Tan solo un muro desata los dos Jaipures, una sola pared deja en vida y en muerte a una ciudad sacudida quien sabe por que...
Tomamos un "tuk-tuk" (una especie de taxi motocarro conducido por un indio que mezcla las lenguas que conoce para comunicarse con nosotros). Nos quedamos en el centro de la ciudad: junto a la M.I. Road, en el McDonalds, a cenar hamburguesas que nos saben a gloria... Como se cotiza la gastronomia en el extranjero!
Y luego paseamos... hasta aqui. Entre el caos, el ruido, la gente, la suciedad, el calor intenso, el dolor, el remordimiento, las esperanzas,... La noche cae galopante sobre Jaipur y nosotros la vivimos con intensidad inquietante. Mientras, en nuestro hotel, los lagartos se posan sobre las paredes camuflandose quien sabe de que. A la espera de nuestra visita oficial manyana a la ciudad, el agua de la piscina se mantiene calma y quieta. Fuera es otra cosa. La ciudad bulle. Jaipur. Y nosotros nos abrazamos a ella con un calor sofocante...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Las "crónicas..." llegan a su fin, qué pena. Ya estás preparando la vuelta, jopetas, qué rollo.
Pero como dice tu querido Walt Whitman, que encabeza tu blog: "No dejes que termine el dia sin haber crecido un poco/sin haber sido feliz/sin haber aumentado tus sueños". Terminas el viaje y has crecido como persona, creo que has sido feliz y me parece que tus sueños son mayores... Asi que has hecho bien los deberes. Y la vuelta al cole puede ser hasta divertida.
sssaltamontesss

Jose dijo...

Solo recueda unas palabras... "Sorsi e morsiiiiiiii"

Anónimo dijo...

Me he reenganchado tarde a tu viaje y hoy ya he llegado al ultimo capitulo no se cuando vuelves, pero te podrias quedar un mesecito mas asi me tendrias entretenida un poco mas, pq como este año no tengo vaciones estoy disfrutando muchisimo de las tuyas... no hago mas que intentar imaginar ese cielo tan estrellado....

besos

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