lunes, 7 de julio de 2008

EL MONJE



Cuando el monje tibetano entro en la terraza del restaurante, hacia ya un rato que habiamos acabado de cenar. Mojabamos la noche con ron local y algun cigarro. Y el entro hasta el final, sentandose en la ultima silla. Vestia la tunica religiosa y su cabeza estaba cubierta por un cabello rapado a conciencia. La serenidad llego de su mano.


Stensi me comentaba entonces que dos personas de distintos rincones del mundo se encuentran y se hacen amigos. La vida les junta como si se conocieran de toda la vida. Entablan conversacion, acrecentan su amistad y caminan juntos para toda la vida. Sean de donde sean. Provengan de donde provengan. Crean en lo que crean. Stensi apuro su zumo de mango y sentencio: "no tienen nada que ver las religiones en la amistad, se trata tan solo de humanidad". La humanidad es la que hace posible que el mundo gire y que las personas, en movimiento, nos encontremos, nos cojamos de la mano y vivamos para siempre unas junto a otras. Mientras yo pensaba en la cantidad de gente que la Humanidad ha puesto ante mi, el monje apuraba su bebida al final de la terraza de aquel restaurante. Y trasmitia mayor paz todavia...

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