viernes, 18 de julio de 2008

EN LA INDIA, CAPITULO 11


Jaipur no deja de ser una joya humeda, caliente. Desesperante en ocasiones por el caos, el ruido... La suciedad lo puebla todo con una dureza implacable. Y la pobreza se extiende con la misma magnitud, entre las manos ajadas de las mujeres que cargan piedras y las miradas, que piden socorro, de los ninyos que, en todo momento, se acercan hasta la puerta del coche para vendernos a cualquier precio, lo que sea.
El chofer nos abre y nos cierra la puerta cada vez que salimos del coche. Es la antitesis en un mundo de vencedores y vencidos. De ricos y pobres. De los que nacieron con estrella y los que moriran estrellados. Bajo el calor de Jaipur, el turismo "sacsa" sus bolsillos repletos de monedas y los pobres, siguen siendo pobres al servicio de la mendicidad, a la espera de la caridad y buscando la fortuna que bien merecen...

Llegamos al palacio de Amer. Impresionante construccion donde el Majaraha ya puso una primera piedra de distincion social entre su eden y el resto de la India. Pasamos desde primera hora, con un sol castigador sobre nuestras cabezas, disfrutando de los palacios de ensuenyo, de las postales tipicas de mil y una noches, de las montanyas verdes, los restos en piedra de antiguas casas reales,... Alcanzamos la cima sentados en el lomo de una elefanta, que balancea de lado a lado nuestros cuerpos. Entonces todo adquiere un tinte mas legendario todavia, mas de peliculas de aventuras, como las que ponian hace anyos los sabados por la tarde, en La Primera. Nos faltan los rifles, los tigres y las ganas de cazar (que hoy por hoy no tenemos, afortunadamente). Pero todo tiene un sabor a Errol Flynn, a peli coloreada, a aventura de la que no creera nadie, a historia de primera... Y la estamos viviendo. Nosotros.


Al tiempo que visitamos el templo, las mujeres cargan piedras sobre su cabeza, mientras los hombres limpian zonas de construccion, rehabilitan mosaicos de marmol incrustrado o barnizan con huevo y polvo las paredes donde pintan sus frescos... El calor se hace mas intenso. Amer alcanza entonces el paradisiaco aspecto de un vergel, enclaustrado, pero vergel al fin y al cabo. Los turistas revoloteamos por cualquier rincon, buscando mas la sombra que la foto. Y nos sorprendemos de cada piedra que el Majaraha dispuso para su propia honra...


Poco despues, abandonamos, achicharrados, el calor de la manyana en Amer y nos encaminamos a Jaipur, al Palacio de la Ciudad. Aqui viven los reyes actualmente, los reyes sin trono, reyecitos destronados, pero con todas las posesiones a buen recaudo. Con 300 rupias pagamos nuestra entrada para visitar los distintos museos que alcanza el Palacio, asi como para ver las tinajas de plata mas grandes del mundo, la coleccion de armas y un sinfin de detalles que nos hace mas apasionante la visita, entre otras cosas, porque acaba devolviendonos a aquella India de ensuenyos, de encantadores de serpientes, de bellas danzarinas... A la India, aventurera, de tantos cuentos leidos en noches de vela.
Visitamos el Observatorio. Un espectacular campo dispuesto para estudiar los astros del siglo XVIII, antojo del Raha y disfrute de los turistas que hacemos el camino en peregrinaje conjunto. El sol aprieta mas, si cabe. Y envuelve la atmosfera completa de un calor insufrible, bajo un sol demoledor que hace arder el Rajhastan...
Y de aqui, al Palacio de los Vientos, una fachada vendida en un zoco donde las vacas pasean a su antojo, los hombres tiran de los carros, y el calor convierte a los mas pobres en su principal carronya... La vida sigue bajo el sol devorador de Jaipur. Y nosotros, nos mecemos a su antojo, entre el aire acondicionado y la conciencia de saber que la aventura esta llegando a su fin...

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