sábado, 7 de noviembre de 2009

POR SI EN LA RIFA

Viernes, mañana. Me acosté con el sueño que me trajo David en el maletero del coche. Y soñé, durante un rato largo. Cuando me desperté, despertador en mano, me levanté con la sensación del cansancio arrastro. Y me mezclé conmigo mismo en el despacho, donde arrastro cansancio a lo largo del día y otras cosas. Me informó del exterior vía mensaje móvil. Y a mitad de la mañana surco Valencia y me pongo al lado de Hugo. Regreso, con más dolor que mala leche, a comer a Mislata y me envuelvo en una sábana de pesadillas que dura hora y media. Cuando despierto de nuevo, a esta realidad que soy y vivo, siento el dolor de la amargura de un sueño envenenado. Y soy yo, que vuelvo a mí.

Hablo con Toñi, una vez más y por teléfono. Y me voy haciendo marchas por la tarde. Ducha y afeite. Rapada de cabeza. Limpieza de dientes. Cena de Cortes en los salones de Athenea. Un taxi me deja en la esquina de la calle mientras Mabel me resume sus horas... Y yo le escucho. Beso a diestro y siniestro a las muchas amigas que se cruzan en la cena. Beneficio contra la violencia de género.



Mi mesa es la 12. Mi compañía Chelo, Pepe y Ernesto. Y un móvil donde Laura me envía mensajes. A la hora de la rifa, estoy con ella y compañía. Compramos rifa por colaborar y no me toca. Sabía que no me tocaría. Y no pasa nada. La satisfacción casi, ir olvidando lo que me pasa fuera de aquella fiesta...

Hablo con Carlos. Y con Lázaro. Y con Félix, y con Jota. Se acaba la fiesta. Son las tres y media bien pasadas de la mañana. Marea de gente en movimiento a una noche fría y de viento... Cogemos el taxi. "A Cyrano".



Y allí nos echamos otras risas juntos. Muchos. Cada uno de una casa, como me suele gustar a mí. Y una mesa, grande, de nível. Subo. Bajo. Pienso (poco) y salimos. Taxi y a Betty Pop. Amparito, la Piqueres y Servidor. Troy nos espera en las escaleras. Pago con la visa y entramos. Ron con cola en la barra de la derecha. Me saluda Mireia. Hablamos. Nos reímos Amparo y yo con Amparo y Troy. Nos dan las siete. Y algo, que clarea, hace el día nuevo.


Afortunadamente se hizo de día entre risas. Llego a casa y me acuesto. Me despierta un mensaje a las nueve de la mañana. Y me llaman a las once... Mensaje con Hugo y morcilla con patatas. Ahora (en minutos) la boda de Pere y más fiesta, con mis compañeros del Ayuntamiento... Os iré contando.
No me toco nada en la rifa. Nada que no fuera un poco más de esta felicidad distraída que me empuja por la vida...

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