miércoles, 18 de marzo de 2020
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 5.
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 5.
"La primera vez"
Cuando te lanzas al mar, un golpe sacude los oídos, te desnortas por mil nanosegundos y el sonido cae hueco alrededor dejando que solo los ojos contemplen la profundidad de lo que te rodea, casi pensando que nada es real. Así, así me siento yo cada vez que cruzo el arco de la Barchilla...
Me ha despertado el teléfono: el repartidor de Seur tenía que darme un paquete de Vodafone que yo no he pedido. No traslado la conversación con él porque es más digna de Martes y Trece que de este diario, pero reconozco que he reconducido el mal humor a la sonrisa. No nos queda otra. No debe quedarnos otra. JJ madruga al otro lado del whatsapp: "Café? PC?" escribe. "Hoy sí que es jodido... ofrenda". Y no dice nada que yo no supiera ayer, pero leído duele más...
Mi sobrina dijo mi nombre, siendo bebé, por primera vez, la primera vez que mi hermana la vistió para la Ofrenda. "Saime" dijo y sonrió. Y el mundo se paró como cuando te lanzas al mar... Hoy tendría que salir volado del casal para llegar al balcón, cogería el micrófono con la mano dormida e intentaría con los últimos hilos de voz retransmitir el disparo de "Vulcano" que se adivinaba apocalíptico. Iría vestido de valenciano. Llevaría el jupetí rojo que me regaló Ángeles y me cosió Miguel. (Ayer lo ví en sus redes y me pareció tan bonito que ni me parecía mío... pero lo es). Y saldría raudo, esquivando gentes bajo el sol, en Marqués de Sotelo y en la plaza de toros. Daría tiempo a saludar a alguien en Castellón - Segorbe y el semáforo de Gran Vía me parecería eterno, como cruzar Cádiz. Ya lo dije: "¡Qué larga se hace esa calle cuando la andas solo!". Sin parar revisaría quién anda a las puertas de Cádiz - Denia, para gritarnos de lejos, con la sonrisa a la sombra de la rodina. Y me mezclaría en el maremagnum de sillas y mesas de Cura Femenía confiando que la "Operación salida" fuera más rápida que nunca... La imagen de la calle, tan estrecha y llena de sombra, es un guirigay absoluto. Se mezclan como granos de café turistas y falleros, ramos y mesas, sillas y peinetas... Siempre hay seis o diez que vienen a que les ponga el pañuelo mientras que alguien me ayuda a mí con la faja... En las sillas rematan mantillas a las chicas guapas con cara de alegría y sueño. En la calle, los músicos afinan y las mantas entonan. Y arriba, en los balcones, los turistas graban y el cielo es azul... Mediterráneo puro.
La primera vez que salí en la ofrenda fue con Arantxa. En una cena con Marta, Mayra, Raquel y Teresa, la Bartual me dijo si querría desfilar con ella. "En la Falla Na Jordana desfilamos por parejas..." dijo. Yo moría por hacerlo, pero tantas veces le había dicho que no a la Sabater, que la prudencia me pudo. Aunque es cierto que ella me conoce mucho: "Sal con ella" dijo Teresa. "¿De verdad?" como un niño que le pide permiso a los padres... "¡Pues claro! Yo lo haría". No sé dónde cenamos, pero recuerdo esa conversación como si hubiera sido ayer mismo... y han pasado quince años.
Organizar el tumulto de la ofrenda es quedarse sin voz. Sin fuerzas. Hasta los ramos de flores parecen inquietos. Pero al final se consigue. Se desfila hasta la puerta de la que han de salir las falleras mayores. Hacemos un pasillo inmenso y suena el Valencia más fuerte que la traca. Le daría su ramo a Judit, quien tendría a Alejandro esperando. Y esperaría a que saliese Angelita, con tela de pasodoble. Le daría el ramo y le prestaría mi brazo para cruzar el túnel de aplausos con que sacuden las manos cuando se les escapa la felicidad a raudales... Y caminaríamos, al final de todos, sin ver casi dónde se pierde el estandarte...
La primera vez que me hice un traje fue en Almacenes España, me acompañó Teresa Medrano, que era la confirmación de la buena voluntad de su hija. Enseguida elegimos. Aquél traje, el de la primera vez, también era rojo. Y una tapicería crema, que aún llevo, para el jupetí. Medias y goyesca a juego. Y una faja de seda y malas pasadas... Acudí, principiante y tímido, a la puerta de Jordana buscando a Arantxa antes de que nadie me viera a mi. (Nadie lo cree, pero soy tremendamente más tímido de lo que nadie sospecha). Y allí estaba ella, con esa sonrisa que tiene siempre en los ojos, mantilla puesta, y ramo en mano. Con ella al lado, saludé al mundo entero... Desfilaba con Jordana, la falla que me descubrió tantas madrugadas mi padre. Y lo hacíamos de noche, antes de que Nuria Llopis Borrego, cerrase niña la ofrenda del 17...
Ayer Nuria estaba al otro lado del teléfono. Conectada con Dosalo y conmigo, volvíamos a la radio en un segundo programa de batalla, desde el encierro. Como una especie de radio en clandestinidad... ¡Cuántas vueltas da la vida!
Hoy es más difícil escribir. Hoy el encierro empieza a ser otro. Ayer no hice nada de lo que quería en el orden que me había propuesto. Así que, una vez desatado el caos, solo rodé día abajo. Hablé mucho por whatsapp y en videoconferencias esparcidas a lo largo del día. Desayuné con Mazcuñán y casi ceno con Noelia y con Javier, pero no me gustan las alcachofas. Verles a ellos me dio la vida. Me dormí con Laura y con Diego... Y hubo más. Más llamadas. En una, dos lloraban y yo cenaba. Yo lloraba por dentro y ellos cenaron luego...
La primera vez que desfilé con Noscarmientas fue uno de los últimos años que se vistió Angelita. Desfilamos juntos. Luego desfilé con ella el año pasado y lo haré éste también. Y, en medio, Ana me acompañó el año que Laura fue nuestra Fallera Mayor y estuvo en Corte. El resto, Laura me dejó desfilar con ella... Incluso uno muy especial, que jamás olvidaré porque no íbamos solos... A pocos metros de nuestras falleras mayores. Con ellas, cada año, hago una foto de familia donde cada vez se suma una más... Esa foto tendría que hacerla esta tarde...
Las luces te ciegan al entrar en la Plaza. En el mejor de los casos, escucho el final de las palabras que Josep Garcia Bosch nos dedica al entrar bajo el arco. Y me mantengo en la idea de saber que quiero llorar al pasar ante su manto... Todo el camino, disimulo la emoción con risas, con recuerdos, con momentos... Intento apartarme del llanto, haciendo lo que sé, reír. Y la Paz, que siempre es hermosa, es un camino al cielo... Giro en la Reina entre los aplausos del mundo entero. Y atrás la Fallera Mayor, recibe los "¡Guapa!" más bárbaros que recuerdo... Este año, este año era la primera vez que no desfilaría sola...
Ángeles me lo dijo poco antes del verano: "al año que viene, desfilaremos la Ofrenda juntos". Y yo no dije nada. Porque no acababa de entenderlo... "Si hago la Ofrenda, quiero que sea de tu brazo"...
Cuando entro en la plaza, tengo tanta emoción que nunca lloro. Y allí estás "Mareta", tan bonita... tan hermosa... ¡Tan del cielo! Quisiera que me dejaran allí, que no nos hicieran salir... Pero el camino sigue. Y hay que andarlo... Y te vas. Y te giras. Y le pides. Y le dices. Y le amas. Y le quieres. Y le pides, le pides, le pides... ¡Y le das las gracias! Tantas veces que en silencio te quedas afónico...
Gracias hoy, Mareta, desde este cautiverio.
Ángeles me regaló un cuadro el día del vino de honor, con un trozo de la tela que nos unió más aún si era posible... Tras el marco, con su caligrafía optimista siempre en ascenso me escribió: "Cuando te sientas triste mira este cuadro y recuerda cuando llevabas esta tela puesta. Cuando te sientas abatido mira este cuadro y recuerda que eres Jaime Bronchud. Cuando te sientas solo mira este cuadro y recuerda que te quiero. Cuando te sientas feliz mira este cuadro y recuerda que así me haces sentir a mí siempre. Gracias".
Hoy es la primera vez que leo esta dedicatoria desde el día que me lo regalaste...
Hoy es la primera vez que sueño con desfilar la Paz a tu lado...
Hoy es la primera vez que me ha costado mucho escribir...
martes, 17 de marzo de 2020
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 4
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 4.
"La mirada de Audrey"
Los sonidos de la calle sonarían lejanos. Intermitentes pero mudos... Abriría los ojos, vería las paredes naranjas y la mirada de Audrey desde el cuadro. Un tocadiscos. Unas estanterías que bien parecen una colmena. Un enjambre de ropa revuelta y un suelo de mosaico que me recordaría que no estoy en mi casa (aunque tenga llaves y me hagan sentir como en ella). Me habría duchado con los ojos inyectados en sueño y la mirada, otra vez más, de Audrey desde otro cuadro vería caer la tímida agua caliente sobre un cuerpo que no me pertenece desde hace ya días... Hoy me dolerían la voz y las agujetas. Recordaría seguramente la última risa de la verbena o la mirada cruzada, pensaría en el tiempo que me queda para llegar al balcón y todo lo que quedase por delante... sabiendo que el tiempo se esfuma y que sobreviviría una vez más...
Bajaría a la calle, sorteando los petardos que retruenan en la ausencia de sueño y llegaría hasta la calle del casal, con las piernas acorchadas y el ánimo tanguero. "¿Quién coño me manda a mí ser presidente de falla?" me acusaría en privado. Y el miedo, me acompañaría todo el recorrido esperando que la limpieza hubiera sido la que tenía que borrar la noche anterior... Confundiría la limpieza y el olor a noche pasada mientras adivinaba qué cara acompaña a cada polar rojo que intenta sentarse a almorzar. Y comería con ellos las sobras de un almuerzo mientras reiríamos las últimas ocurrencias de la noche anterior... Yo, me volvería a quedar con esa sensación de que me pierdo siempre tres cuartas partes de lo que pasa cada noche. "¿Dónde estaba yo?" acabo preguntándole a mi yo ausente... More abriría El Camerino Ruzafa y se pondrían a sacar mesas. Luego Paco y el Mandriles... Y la calle despertaría tarde a un nuevo día mientras miro el móvil desesperado esperando que sea la hora para ir a recoger los premios... Pensaría una vez más que somos la comisión a la que más pronto les toca desfilar. Y maldeciría mi suerte. Me impacientaría con el retraso de la gente, que se viste, mientras los primeros músicos llegan con cara de no haberse ido nunca... Y empezarían a acudir las familias y los amigos. Haríamos mil fotos en la puerta de enfrente, que es de madera noble, engancharíamos el escaso ánimo y a gritos imposibles organizaría una fila y otra, y otra más... Le prestaría mi brazo a la Fallera Mayor, diciéndoles a los pequeños que se pusieran delante. Y cruzaría Apolo, que es más noble que la madera de la puerta de enfrente, con el estandarte: "¿Nos vamos, capitán?". "Nos vamos" le diría. Amparito Roca por Carlos Cervera y saludando a los de Clero, otro pasodoble antes de la Gran Vía y "Mi gran noche" por Ruzafa... Bailaríamos unos con otros, sin orden ni concierto. Y al llegar a la plaza nos cuadraríamos para desfilar. "La 348" diría saludando a un lado y otro... Repasando las risas de la noche anterior. "Y ahí entra... Cádiz - Cura Femenía - Puerto Rico"... Y entonces me daría cuenta de que todo mereció la pena. De que no hay cansancio. De que somos falleros...
Ayer lloré al escribiros. No sé si la catarsis será colectiva, pero a ciencia cierta que este encierro me hará cambiar muchas cosas. Muchas. Eché la mañana leyendo los comentarios de la gente, respondiendo a los whatsapps, limpiando algo la cocina y preparando otro plato de fideos. Olvidé empezar "Patria". Quise empezar la segunda temporada de "Succession" y me dormí... Me dio la vida comenzar un programa nuevo en la radio (La radio, ¡Siempre la radio!) al que llamamos "Plantarle cara" y pasé medio día preparando audios y entreteniéndome con contenidos que llevar a las siete de la tarde... El programa fue especial, con Nuria y Dosalo... Y la lluvia de mensajes, de agradecimientos, de apoyos... que hacen que uno se sienta feliz en su confinamiento... Hice algunas otras cosas de mi otro trabajo y me marqué rutinas, que poco a poco llevo adelante. Tomo café a las 10, escribo y teletrabajo. Como a las 15h y hago una siesta. Ceno a las nueve... Bueno ayer no. Ayer, Ángeles, Diego y Laura me regalaron risas por videoconferencia. Y brindamos... Siempre sabemos quién importa más y quién menos, pero a veces a los primeros los abandonamos por dedicarle tiempo a los segundos... Ya dije que esta catarsis me va a cambiar muchas cosas...
Cené y seguí a mis compañeros de Levante Televisión la preparación de la cremà municipal. Y organizaron conferencia Borja (te ha crecido mucho el pelo) y Lorena (me gustó verte sonreír todo el rato), Daniel (yo no te ignoraba cuando jugabas) y Marta (te miraba y recordaba 2011 tanto...), Ángeles (es como si estuvieras "confitada" en mi casa) y Arantxa (era genial sentir tus carcajadas disparadas) , Alba (me hiciste reír como siempre, desde Polonia) y Adrián (con las manos arriba, demostrando que un gesto vale tanto como mil palabras..., desde Israel)... Quedamos para brindar y, sin pretenderlo, vimos quemar juntos... ¡Dios, quemar el dieciséis...! Pensaréis que estoy loco (nadie dijo que no lo estuviera), pero llegado el momento del fuego, me puse una copa de vino y pasada la medianoche entre tristezas arrastradas y lluvia de fondo, tapé el cruel silencio de la plaza del Ayuntamiento poniendo el himno en casa... ¡Y jamás olvidaré esa cremà! Mis amigos en una pantalla. El fuego en otra, aunque abrasaba más que nunca. Una copa de vino y el himno bajo la lluvia sonando en mi casa vacía... Algún día, lo recordaré. Y volveré a llorar nostalgia.
Seguí con Nachete la cremà de Literato Azorín. (Gracias por tus mensajes de ayer mañana... Cuando esto pase, te contaré una cosa. Y te daré un abrazo).
Nos fuimos tarde a dormir. Les dejé en el chat y vi la foto de Angelita en el facebook: "Apuntalándonos". Es cierto. Como siempre. Pero más que nunca... Y escribiéndome con JJ, como cada momento, me dormí.
La distancia hay veces que une mucho. Estos días me lo están demostrando... Estoy tranquilo, sereno, feliz... Y sí, esperanzado.
Me desperté y leí los primeros whatsapps del día... Hablé con mi amigo Guillermo. No tiene redes sociales, pero me dijo que lee esto a diario... Y que esperaba que le pasaran el de hoy... Yo no sabía si hoy tendría algo que contar. Y aquí estoy. Amigo, gracias. De corazón. Me emocionaste una vez más... Estoy profundamente orgulloso de tenerte en mi vida. Ya lo sabías.
Planells se tomó el café antes que yo. Esta tarde lo tomaremos a la vez, espero. Un beso, sé que no todo es tan fácil como haces ver siempre. Pero que lo hagas sencillo nos ayuda a todos los demás...
Me tomé el café y escribí. ¡Horror! otro día que los renglones se fueron de la mano sin que los torciera Dios. En breve Julio se negará a leer más... (Un abrazo amigo).
Sigue sonando "El Fallero". La Fallera Mayor de Valencia nos daría el palet, los palets en la mejor de las suertes, mientras la comisión desfilaría ante nosotros sonriendo y aplaudiendo... Bajo la lluvia, como un bolero. Haríamos una foto de familia. Y luego, una costumbre que muchos no conocerán, que llevo repitiendo nueve años... En la esquina de Ruzafa con la Plaza del Ayuntamiento, cogería nuestros premios y saltaría. Tan alto como me dejasen mis piernas cansadas. Cada año más viejas. Y, cuando creyese tocar el cielo, alguien dispararía la foto y entonces entendería por qué quiero ser fallero...
Y volveríamos en pasacalles para cruzar el Mercado de Ruzafa por dentro. Y cuando viese a los míos, bailar, cantar, reír... entonces, entonces sabría por qué quiero ser presidente de falla...
Bendita Lluvia. Maldito encierro.
A la tarde, cuando el cansancio crees que te va agotar, a matar de nuevo, regresaría a la casa prestada. Entraría en la ducha de nuevo. Me arrastraría...
Allí está, la mirada de Audrey.
Y sus ojos parecen más alegres de lo que estaban por la mañana...
lunes, 16 de marzo de 2020
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 3
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 3.
"Mi noche favorita"
Me aparté de todo, me metí entre la escasa oscuridad de la calle, río de risas y petardos, y miré hacia arriba con los brazos cruzados, intentando que el remate tapase las luces que los focos disparaban desde el frente... ¡Allí estaba! Tan alta como pudimos, tan llena como trabajamos, tan ella... La liturgia se repite cada año. Una cansada madrugada de silencios y enfados niños que se reconvierten en ilusión, en alegría colectiva, en satisfacción, enseguida... La noche de la plantà, mi noche favorita.,,
El cielo no lo ha soportado y lleva toda la noche llorando. Yo ultimo el café y me siento a escribir, con la vergüenza estirada de todos los que me van diciendo que escriba. Ayer Acosta, llamarle hermano una vez más sería reiterativo, se lanzó en facebook pidiendo que lo haga... Siempre me lo dice en privado. Siempre me da vergüenza cuando lo dice... Y ayer, que fueran escribiéndolo, me empujaba a hacerlo y al tiempo me descubría solo decidiendo sobre qué escribir... ¡No se puede tener una crisis de escritor sin serlo! Horror... no pude tener peor comienzo...
Tampoco leí. Aunque me dejé "Patria" en la cama a punto de comenzar. Me acosté tarde, después de ver "The Post" en Amazon, con la siempre increíble Meryl Streep. Me gustó. No sé cuanto tiempo sin ver una película en casa... Tumbado en el sofá, con esa extraña sensación de que el sofá de uno nunca es tan cómodo como el sofá de las casas de los demás... Es como los bocadillos de cuando se es niño en el colegio. Siempre, siempre, siempre hay un bocadillo mejor que el que llevas... aunque sea de pan con amor, como los que nos hacía mi madre.
Comencé frente al ordenador escribiendo. Oyendo música: "Moliendo café" de Mina y "Cuore Matto" de Little Tony: ésta es la banda sonora de mi soledad. Y eché la mañana y la tarde con un teléfono que se agotaba a golpe de whatsapps. Hablé por teléfono con Planells, que es esa amiga almodovariana increíble que siempre está atenta para que mi vida sea más fácil. Una buena mujer a la que quiero mucho, aunque nunca se lo diga... De vez en cuando nos tomamos un café en una terraza soleada de Ruzafa. Ayer nos lo tomamos virtualmente. Ella en su casa, con un trocito de bizcocho me dijo. Yo en la mía, con una cafetera que no quería encenderse... Haciendo el café a la vez, para tomarlo juntos. Pero todos estamos más perezosos estos días como mi cafetera... La próxima vez, será una copa de vino, para brindar. Por la amistad. Por la buena gente...
No sé cuántas veces me habría quemado ya las manos con la silicona pegando carteles. Pediría que alguien barriese y otros pusieran césped... Y siempre habría alguna persona haciéndolo. Porque hay un hormiguero incesante en Noscarmientas las noches de plantà. El resto andarían en la música y la barra. Nosotros, a lo nuestro, cansancio y humedad, ganas y respeto. Mi noche favorita. La que no fue...
Edurne me escribió y me dijo de echar un parchís online. Jugamos Rosa, ella y yo. Y gané. Le mandé un mensaje para decirle que gané. Y también a mis padres, en casa: "Hemos jugado al parchís y les he ganado". Me recordó a aquellas tormentas de mi infancia en Sarrión donde la piedra nos escondía con una baraja en el comedor de la casa de mi abuela... De mis abuelos. Son días de echar de menos a todos...
Estoy tranquilo. Calmado. Me acostumbro a este descanso obligatorio y no le doy vueltas a la cabeza para no adelantarme a nada. Me escribo mucho porque echo en falta sus caras, sus voces, nuestras risas... Y espero. Bueno, no. No espero... Dejo que las horas pasen...
Comí el sobrante de macarrones y cené fideos. Bajé doscientos gramos en la báscula, me adelanto en el marcador. Y descubrí una bolsa de gominolas que Adrián me regaló por Navidad... Las abrí. Y comí para endulzarme...
Me las comí en medio de una videoconferencia con Ángeles, con quien tendría que haber hecho una vuelta a la falla esta madrugada para explicarle todos los detalles antes de que llegase el jurado... En su lugar, fregué la cocina y guardé la bolsa de compra que aún campaba en el comedor... Conseguimos reír. Reímos mucho. Y hablamos... como siempre. Y colgamos.
Bajé a sacar a la calle la basura hablando con Tiby al teléfono... Casi me cruzo con un hombre que paseaba a su perro y que hizo un quiebro para mantener dos metros de seguridad. Pude cruzar sin mirar el asfalto, cubrí mi mano con una bolsa para abrir el contenedor y regresé a casa empujando la puerta... No fue ni un minuto en la calle. Oscura, triste, sola. Como esta noche...
Hubo una tormenta de aplausos a las ocho de la tarde. Me saludé con la vecina de enfrente, algo que no habíamos hecho en casi dos décadas. Y nos hablamos a través del muro Paola, que no perdía su sonrisa, y yo. Los pocos cláxones de la avenida sonaban acompañando nuestras palmas... El cielo estaba cubierto. Y sentí una emoción inmensa. Intensa... Los aplausos fueron más fuertes y más largos que la noche anterior... Salió una mujer a mitad de la calle, y levantó las manos. "Un aplauso para ti que estás trabajando para todos" gritaron desde un balcón... No sé quién era. No sé que era. En mitad de la noche todo era oscuro... "¡Gracias!" adiviné entre los aplausos... Yo le aplaudí más fuerte. Y sentí el orgullo de barrio, de pueblo, de país... que nunca debimos de perder... Y cuando volví a entrar en el comedor un nudo se desató en el estómago y me prohibí llorar.
Lloro ahora, mientras escribo.
Me recordé a todas horas de Javier, cómo le habrá dolido dormir hoy. Hablé con todos ellos, mis capitanes intrépidos, y nos prometimos celebrar pronto... Y felicité a Rosa con un beso en la distancia... Me escribió Raquel, mi amiga la que siempre sonríe con la mirada... Y el bueno de Diego me dijo que anda en paz...Y eso me la da a mí. Laura me escribió para anunciarme que hoy nos escribiríamos... Me llegaron los mensajes más bonitos del mundo, por inesperados, de Ana y Montse. Y me emocioné con las luces que Moncho nos volvió a regalar una vez más... ¡Qué grande eres, amigo!... Qué manera de brillar siempre. El video de Daniel me rompió por dentro. Y me dejó la dulce sensación de saber que aquélla noche presentando a Angelita fue la premonición de todo esto... Y que el final, que el final será el más bello. Que lloraremos juntos, sí. Pero que nunca habrá nada que sea igual...
Y así pasan las horas... leyendo las palabras que todos me lanzáis. Desde aquí, desde el teléfono... palabras que ayudan a caminar cuando no nos dejan andar...
Caí rendido, como si estuviera exhausto y dormí de tirón.
Me desperté. Abrí el teléfono y comencé este nuevo día... este tercero. Hice un café. Ya tenía a JJ al otro lado. "Escribe" me volvió a decir... "Me mata la vergüenza" le dije... Y hablamos de muchas cosas. Como todos los días... "¿Sabes? Creo que cuando todo esto acabe, la gente buena será más buena y la gente mala será más mala..." le digo. "Yo también lo creo" me contesta... Y se va a hacerse un café. "Mientras preparo el desayuno, preparo mi sesión de crossfit y me pongo a Izal espero tu capitulo de hoy. En serio. Tengo ganas de leerlo.:." me dice al final.
Pues aquí está. Aquí esta mi capítulo de hoy...
Hoy, que tendría las manos quemadas por la pistola de pegar carteles, manchadas con algo de pintura y cansadas de felicidad...
Feliz día a todos y mucha suerte. El cielo sigue llorando... y yo me escondo en la oscuridad, donde nadie me ve, cruzo mis brazos y la miro... La miro de pie, con las ventanas desenfocadas al fondo. Dejo el cansancio y la veo con orgullo... Cierro los ojos y la veo..
domingo, 15 de marzo de 2020
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 2
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 2.
"Las lágrimas calladas"
"Las lágrimas calladas"
En estos momentos estaría mandando mensajes con los dos o tres de la comisión que habrían recibido al jurado: "¿Creéis que les ha gustado?" "Le han dado tres vueltas y había un señor que hacía fotos... ¡Les ha gustado el cangrejo!". Habría recordado el día que Adrián me lo había enseñado en nuestro taller y habría sonreído deseando que Judit y Alejandro tuvieran un premio que recoger mañana por la tarde...
Estaría con la voz dormida y la garganta inflamada, porque cuando llevas ya tantos días de micro, mi voz que nunca es mía ya casi no podría ser de nadie. Y tendría esa sensación de día de la marmota donde todo empieza de nuevo a ser lo mismo... Esperaría acabar de retransmitir la mascletà para correr solo a la falla, con lo larga que se hace la Calle Cádiz cuando la andas solo... Me sentaría a comer lo que hubiese, mientras el hormiguero de parcas, polares, blusones e ilusiones se mezclarían entre ellos como granos de arena al removerlos con un palo. Richard se acercaría a decirme "Ye, Chau, qué tal ha ido la mascletà?" y la vida seguiría, como un río de gente, que con sus ilusiones pasa a Carlos Cervera por la calle Cura Femenía...
Mi báscula me escupe un kilo doscientos más que ayer. Hoy, lo decido antes de comer nada, rebajaré la cantidad de comida, las ansias de saciarme y buscaré otras actividades que no sean abrir la nevera. Estoy desarrollando el bíceps diestro a base de abrir la puerta que me va a dejar tonificado para el verano. Además, lo bueno de comer en Estado de Alarma, es que tampoco tienes que darle una lógica nutricional a tu dieta... Qué me perdone Diego, estoy mezclando salvajemente horas y contenidos. Qué me perdone Laura, me como el azúcar a cucharadas... En definitiva: hoy nos proponemos que la báscula pierda mañana... (No me comprometo a nada... me imagino en breve con unas palomitas y una película).
Cuando el Presidente anunció anoche en rueda de prensa las medidas excepcionales todos las conocíamos ya. Las seguí a ratos, leyendo titulares e imaginando que echaba unas risas con mis amigos. Me pensé cenando en una mesa, picando algo más (porque uno tiene derecho a engordar hasta en ensoñaciones) y tomando una copa de vino. Bueno, o dos. Habría cruzado la ciudad en coche, comprando en un supermercado desabastecido, casi de película de terror, echando risas e intentando mantener un metro y medio con quien más te cuesta mantenerlo. Y luego, nos habríamos echado unas risas, mientras alguien nos obligaba a limpiarnos las manos lo primero, yo me metía a cocinar en los fogones y el resto seguían pegados al whatsapp...
¡Por Dios! ¿Alguien imagina esta batalla sin whatsapp? ¿Alguien es capaz de recordar dónde ha enviado ya el último meme y dónde no para no repetirse?...
Mi hermana Rosa vino a casa por la mañana. Nos llevamos cinco años y metro y medio de seguridad. Hablamos, nos reímos, nos pusimos al día (ella en una silla y yo desde una escalera)... Me dijo que abre el facebook, lee y llora. Yo, a veces hermana, lloro, abro el facebook y escribo... Me consuela saber que alguien entiende mis lágrimas calladas al otro lado.
Me había afeitado y luego me pegué al ordenador. Puse música y luego hice macarrones para todo el vecindario, yo que siempre mido la pasta ayer andaba muy despistado. Lo sabemos mi báscula, yo y ahora vosotros... Y seguí sin hacer nada. Hasta que me dormí. Me desperté. Descubrí que uno se equivoca más de las veces que quiere... E imaginé. Imaginé que me iba a cenar por ahí, con mis amigos, que nos saltábamos el estado de miedo y que pasábamos la noche juntos, para no decirnos nada, pero saber que nos acompáñabamos los unos a los otros...
Hablé con Jose, lo intenté con Javier, me reí con Borja, no me hice con Ana y escuché a Mamá. Alba me llamó y al colgar pensé en un Margarita. Y como todos los días nos echamos unas risas, JJ y yo, mientras él patrullaba la noche y yo me imaginaba en un coche negro volviendo a casa, con alguna bolsa de compra, mi amistad y la luna en soledad.
Me acosté. No pensé nada. Llevo, en contra de lo que pretendía, 24 horas sin hacer nada: mi cuerpo no se acostumbra (a este amor entre penumbras, que es más fuerte que un volcán) y mi cabeza lo festeja. Apago el móvil por las noches (cosa que nunca hice) y lo recargo varias veces al día porque no para nunca... Yo tampoco paraba nunca, hasta este Estado de Alarma en paz.
Y si lo escuchas: solo hay silencio. Y en él me mezo, y pienso. Pienso muchas cosas... Mantengo una paz absoluta. Intento abandonar los demonios, que siempre acechan. Pretendo ganar en vida... Creo, de verdad, que algo hizo que esto fuera así. Yo siempre he creído que las cosas siempre pasan por algo. No creo en las casualidades. Así que... O todo esto explotó porque había que cargarse los mercados económicos o algo hizo que frenáramos la sociedad negra que estábamos construyendo y nos dio la oportunidad de hacer algo nuevo... Algo mejor, entre todos...
Imaginé cómo Ángeles (Angelita) antes de cenar, por el pasillo que iba del ascensor a la casa, habría dicho: "Esto va a sacar lo peor de cada uno". Y yo le habría dicho: "¡Y lo mejor!". Pero me desperté de mis ensoñaciones, esas frases nunca se habrían dicho en ese orden...
Y sí. De repente, entre los sonidos del silencio, se rompieron las calles a aplaudir. La gente se arrimaba a las ventanas, las abría para que entrara el aire fresco y en la humedad de la noche, sacaban las manos y se ponían a aplaudir... Las fincas eran casas con brazos. Y empezaron a llegar vídeos desde otras calles, desde otras ciudades, desde la misma noche... ¡La catarsis existía! ¡Fuimos libres por unos instantes!
Y sí. Esta vez yo tendría razón... Esto podía sacar lo mejor de nosotros para construir una sociedad más hermosa... Al pequeño Ángel, a mi otro Jaime, a todas esas fotos de niños dormidos que fueron llegando se la debemos.
Me fui a dormir. Y dormí tranquilo, sereno, como un niño..
sábado, 14 de marzo de 2020
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 1
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 1.
"Estado de Alarma"
"Estado de Alarma"
Hoy mi Falla Noscarmientas levantaría su tombe. En el mejor de los casos, hará su camino en camiones a un nuevo destino a la espera de que la pandemia se disuelva y vuelva la alegría a la calle, allá por julio, con permiso de junio y del Ministerio de Sanidad. No hará falta (no caldrá, decimos los valencianos) que diga cómo me siento hoy. Tampoco sabría.
Estoy en mi casa. Esto podría parecer normal, para los que saben de mí, un milagro. Porque yo la casa la uso poco o casi nada y en estos días iba a estar cerrada por vacaciones. Estará cerrada, pero conmigo dentro. Aconsejaron confinarnos, llamaron al estado de alarma y así luchar todos contra una pandemia que nos ha sacudido y nos debería de, socialmente, recolocar...
Escribo para comprender, lo expliqué hace poco. Pero en este tiempo, escribo también para pasar el tiempo, para que lo lea alguien y para no dejar que la psicosis ajena me invada...
Comienzo mi "Diario de una catarsis", sin saber si tendrá segunda hoja, para contaros y, sobre todo, para convencernos que debemos aprovechar esta crisis, la más contundente que hayamos vivido, para construir una sociedad mejor. Quizá, tan solo, es un aviso para que comprendamos de una vez que no lo estábamos haciendo bien y que estamos a tiempo... Yo lo creo.
Siempre recordaremos estos días. Siempre sabremos dónde nos pilló el anuncio del Presidente del gobierno por el que se decretaron 15 días de ausencia. Yo, comiendo con unos amigos, en un restaurante de la ciudad. Desde la terraza, el sol era más mediterráneo que nunca. El viento era brisa. Y la voluntad de hierro.
Me habían ido llegando mensajes y fotos durante la mañana y nos recibimos todos sospechando que en una hora se anunciaría lo que sea anunció. Buscamos en google todo lo que un Estado de Alarma conllevaba. Pero enseguida volvimos a hablar todos a la vez como gallinas picoteando. Comimos. Yo con mi cabeza más fuera que allí. Y nos regresamos en coche por la ciudad subrayando la ausencia de tráfico y las calles desiertas. Algo cambió.
Llegué al supermercado pensando que la psicosis colectiva de los memes sería falsa. No lo era. Nada de carne, sin patatas, estantes vacíos... ¡Hasta la verdura que nunca compraría desaparecía! Aquello era un hormiguero de gente a la deriva. Había comprobado como de dos estancos salían las colas de clientes guardando algo más de un metro entre ellos... Entendí que algo sucedía. Como esta mañana cuando mi hermana me envió el vídeo de medio centenar esperando que abriesen el supermercado al que va ella... Las caras no son las de la posguerra, no son personas mayores recordando sus duros días de racionamiento y escasez. Son personas que vivimos, incluso algunas en el exceso, teniendo siempre qué comprar.
Compré. Y sonrió la cajera por qué le pregunté cómo estaba. "Muy cansadas" contestó. Y sonrió porque la señora de delante solo le había gritado: "Qué se me descongela el pescado, ve más rápida". Y yo, al menos, le pregunté cómo estaba... Aquellas pequeñas héroes que siguen hoy luchando contra los temores infundados... Es más peligroso en una pandemia cómo se contagie la psicosis que el propio virus... Así que, si sirve de algo y a alguien: tengamos paz... Y esperanza.
Tuve siesta vespertina, millones de whatsapps y cené una pizza que cociné en casa (¡Mil días que no lo hacía!). Luego vi la tele. En este caso, de corazón, ni recuerdo cuánto hacía que no la encendía... Y pasada la medianoche, bajé la ventana y me fui a dormir.
Apagué por completo el teléfono. Podía hacer años que de noche mi teléfono se quedara apagado... Y pasé de tirón la noche hasta despertar esta mañana... Leí a Carlos escribir de Guillermo, decir lo que sé. Y pensé qué bueno, en mitad de la batalla, parar el mundo para felicitar al soldado... Pensé mil cosas. Y una, especial, ya la dije: todo esto que nos está pasando, tan negro, tan oscuro, tan débil y tan presente, debería de servirnos para seguir adelante... Para cambiar muchas cosas. Para sacudirlo todo.
Dejé la maquinilla cargando esta noche. Ahora escribo, luego un café, me afeitaré y una ducha. Y empezaré a leer. A ver la tele. A limpiar la leonera... Y sí. A escribir. Tengo ganas de escribir algo...
Hoy tendríamos que levantar a tombe nuestra falla. Y no será hoy. Pero será... Y hasta que llegue el momento, miremos al cielo desde las ventanas y estemos juntos, aunque sea por whatsapp, por aquí... como tantas veces.
Ahora más que nunca tenemos una oportunidad... ojalá no la desaprovechemos.
Feliz sábado 14. Día 1.
jueves, 4 de julio de 2019
ME REGALÉ

Foto de Tarjeta creado por rawpixel.com - www.freepik.es
Erguí mi espalda y eché atrás los hombros, con la intención adelante, con las ganas calmadas de emprender de otra manera el mismo camino. El de la vida. Si me sacudió pasada la crisis de la edad, lo hizo con una fiera fuerza encaminada a sentarme más que a empujarme. Y lo agradezco. Me recompuse en tiempo récord de batallas y vaivenes. Y me regalé volver a la vida. Últimamente destilo tristeza en lo que escribo, sin embargo mi alma pura está tranquila y mi cabeza menos tensa, más dirigida, más relajada, más feliz... Me hago tiempos para mí y para los míos. Me siento bien. Me preocupa que no se lea así, porque no lo escribo bien o porque habrá quien entienda que la vida me deba de llevar por otros caminos. No. No es así. Me siento calmado. En paz. Libre. Pausado. Relajado. Y solo tengo este plan de futuro, seguir mirando en paz... Tranquilo. Ganándome la partida para compartirla conmigo.
martes, 2 de julio de 2019
PAZ
Dicen que mis líneas se cruzan tristes últimamente y, sin embargo, yo, me siento calmado, en paz, tranquilo. Mucho más de lo imaginado. Mucho más de lo conseguido otras veces. Si hay tristeza en mis ecos, no lo hay en mis palabras. En lo que digo quiero alegría, tranquilidad, sosiego, calma, relax, sinceridad,... Me he adelantado emocionalmente las vacaciones y me siento cómodo en esta balsa mansa de agua pacífica y fresca. Me condiciona el calor, solo. Pero no el camino. Mis piernas pesan, pero no mis pensamientos. Mi corazón se ha relajado. Mi espalda sufre menos. Mi cabeza no explota... ¡Me siento bien! Pero sin embargo los versos me quedaron tristes, más agrios que dulces, sin ser la verdad de lo que vivo... O quizá, mi optimismo se carga de melancolía y pesa más la nostalgia que la alegría rebosante... Yo, que siempre fui de excesos, me mantengo en el ecuador del año con paz. No busco más. Ni quiero menos. Aprendí entiendo de cada lección, porque la vida me las sigue dando. Frente a la traición, olvido. Frente al ataque, indiferencia. Frente al estrés, la paz y el descanso...
He apartado el ruido de mí y hay días que me cuesta reconocerme. Hay quien cree que al final todo volverá a explosionar, porque la eclosión se va gestando. Yo daría mucho, porque no fuera así. Me gusto ahora. Me acompaño cómodo. Me siento tranquilo. Y es mucho más de lo que tenía hace un tiempo, y de lo que soñé en esas mismas noches... No. No se rompió nada. Sólo se recolocó. Y en ese movimiento extraño, cada uno fue al lugar que le corresponde aunque aún quedan piezas por mover...
No quiero nada más que mi calma. Estoy en paz. Y eso me gusta...
jueves, 27 de junio de 2019
EMPRENDÍ EL CAMINO
Me siento bien, relajado. Cada día más tranquilo y obligándome a lanzar mis hombros atrás. Cuando lo hago, la espalda cruje y escucha el viento. Ahora unos martillazos de fondo, el teclado y poco más. El recuerdo de algo cercano que quiero convertir en olvido y enseguida asalta que quedará algún asunto pendiente. Ya no. Me preguntan a menudo últimamente cómo me va y digo siempre: "bien". Incluso hay días que muy bien. Porque me voy acostumbrando a la monotonía y desde que me he cogido distancia, me estoy cogiendo el gusto... Me dejo arrastrar voluntariamente por la rutina, pero esta vez porque yo quiero. A veces hasta el punto de sentirme culpable. ¿Quiero volar? Sí, como siempre. Pero de repente dejaron de apetecerme las prisas, dejaron de empujarme las ansias y ya no me siento desolado como hace un largo tiempo. Nada volvió a la calma, pero yo me regresé a mí. Bueno, decir que lo hice es exagerado. Digamos que emprendí el camino - sin volar, con los pies pegados al suelo - para recuperarme. Para recuperarme yo, sin dramas, sin tristezas, sin penas... No hubo una sacudida emocional, no hubo nada que rasgara mi vida, no hubo nada que me hiciera tambalear... Simplemente, muchos días, haciendo lo mismo, y sin darle un valor de afecto personal me hicieron despertar un día. Me hicieron parar y decir. Decidir. Escribí mil cosas en mi moleskine mental particular y en mil hojas... Y no. No las he puesto en práctica. Pero esto ocurre a menudo. Mis pros y mis contras, como cada lista de propósitos de año nuevo, se deshizo sobre el agua y corrieron río abajo. No. Todo esto que escribo es mucho más sencillo... Lo que hice fue parar y decir (decidir) "me quiero dedicar algo más de tiempo". Y mientras ganduleo, en realidad, le doy vueltas a la cabeza y me voy rehaciendo. No porque ayer pasara nada, no porque mañana todo será distinto. Simplemente, porque llegará un momento; en que lo que tiene que pasar, pasará. Y entonces sabré que todo este tiempo que me he meditado me llevó hasta allí y me ayudó a emprender el vuelo...
Y entonces, en ese justo momento, abriré mis alas. Y volaré.
martes, 25 de junio de 2019
TIEMPOS
La intensidad es el grado de energía con que hacemos algo. Y también cuando la actividad nos atropella durante un tiempo. Mi vida es intensa. Por lo primero y por lo segundo.
Y lo primero, últimamente, me ha arrollado para dejar que lo segundo pierda fuelle. Me imagino sentado en un banco, leyendo un libro (compré este fin de semana uno de Jordan B. Peterson) y, enseguida, me imagino levantándome del banco porque se me hace largo la espera... Eso no es intensidad. No. ¿Cómo se llama esto? No lo sé. De verdad que no lo sé...
Tengo una sensación vertiginosa de que se escapa el tiempo y al mismo intentaría diluirlo, esparcirlo, escamparlo sin límite, sin darle mayor uso... Las dos cosas a la vez, con una sensación de cansancio y fuerza que luchan, yin contra yan, y que intento controlar con mimo.
Me da la sensación de querer hacer mil cosas a la vez, porque cuando hago una de ellas siento que estoy perdiendo el tiempo. No sé si es un caos o una sacudida transitoria, pero tengo decidido bajarme del carro, parar el tiempo y reorganizarlo todo. Aunque esta predisposición se complica cuando pienso que el tiempo que voy a dedicar a ello es tiempo que perderé...
martes, 2 de abril de 2019
OPTIMISTA
Tengo cogido al estómago un dolor como una bola de pelo. Lo reconozco, no sé estar enfermo. Nadie, supongo. Pero así como otros se medican, se van de médicos, se siguen, se cuidan... Yo lo reconozco, no sé estar enfermo. Me paraliza el ritmo habitual y no me gusta. A nadie, obvio, le gusta estar enfermo. Pero es que acostumbrado a mi vitalidad desbordante, desbordarme me violenta. Me frena. Me para. No necesito descansar porque vengo muy descansado del fin de semana, igual, pienso, si tanta paz ha acabado por sacudirme yo que ando acostumbrado a los estreses varios que nos trajo la vida.
Me trabajo en una libreta a menudo. Me centro y descentro con curiosidades y pensando qué será de mi futuro, como si alguien tuviera respuesta a eso, a esto.
Quizá el dolor el estómago es la respuesta a mi presente. De mi futuro, ya hablaremos cuando llegue... (optimista que es uno).
Me trabajo en una libreta a menudo. Me centro y descentro con curiosidades y pensando qué será de mi futuro, como si alguien tuviera respuesta a eso, a esto.
Quizá el dolor el estómago es la respuesta a mi presente. De mi futuro, ya hablaremos cuando llegue... (optimista que es uno).
martes, 5 de febrero de 2019
SIN HACHES
Aunque sea a escondidas me he prometido dejar caer hojas, como un otoño de mi vida, que es esto que vivimos hoy. No hay tristeza. Si acaso inercia, y una voluntad terrible de construirme sobre aquello que se va deshaciendo.
A veces pienso si esa crisis de los cuarenta, tan manida, me la he echado encima entre los 41 y los 42. Pero no es tristeza, repito. Es asentarse, mirar, estudiar, decidir... De lo que se ha ido yendo más que de lo que nos haya llegado.
Porque llevo unos tiempos de mantener más que de buscar, de retener más que de renovar. Y dicho así, o mejor dicho, escrito que es como yo pienso, me recibo con la intención de seguir fortaleciendo, sin buscar cosas nuevas, lo que podría ser un horror... Y un error.
El viernes me devolví en un avión: una libreta y un boli. Y me hice un paseo por mis adentros que no necesitaron de mayor psicólogo. Muchas cosas de las que escribí las estoy hoy rayando en la cabeza: y me ayudan. Otras, las mantengo a parte más por voluntad de no tener voluntad que por pereza. Y ésta me prometí a devolverla con un patadón para arriba.
Hoy escribo aquí. No lo había hecho en este 2019 que tiene algo de catarsis - de aquellas cosas que uno presiente en su vida. Y hay que prepararse para toda la revolución que yo ya dejé en evolución. Y es suficiente.
La inercia me estancó.
Estancarme me silenció.
Silenciarme me acomodó.
Y acomodarme me ha roto por dentro.
Ya lo digo: sin penas, sin tristezas, sin estridencias... Como no hacía las cosas antes.
Me prometí andar más sobre las palabras que no digo. Y así camino. Ayer un avión, mañana un tren... Y en las pausas, meditación y camino. Seguir haciendo. Porque me encuentro con ganas de construir (me). Que me hago falta. Y lo sé.
Me encontré conmigo y me puse deberes. Así que voy a hacerlos. Que ya toca...
A veces pienso si esa crisis de los cuarenta, tan manida, me la he echado encima entre los 41 y los 42. Pero no es tristeza, repito. Es asentarse, mirar, estudiar, decidir... De lo que se ha ido yendo más que de lo que nos haya llegado.
Porque llevo unos tiempos de mantener más que de buscar, de retener más que de renovar. Y dicho así, o mejor dicho, escrito que es como yo pienso, me recibo con la intención de seguir fortaleciendo, sin buscar cosas nuevas, lo que podría ser un horror... Y un error.
El viernes me devolví en un avión: una libreta y un boli. Y me hice un paseo por mis adentros que no necesitaron de mayor psicólogo. Muchas cosas de las que escribí las estoy hoy rayando en la cabeza: y me ayudan. Otras, las mantengo a parte más por voluntad de no tener voluntad que por pereza. Y ésta me prometí a devolverla con un patadón para arriba.
Hoy escribo aquí. No lo había hecho en este 2019 que tiene algo de catarsis - de aquellas cosas que uno presiente en su vida. Y hay que prepararse para toda la revolución que yo ya dejé en evolución. Y es suficiente.
La inercia me estancó.
Estancarme me silenció.
Silenciarme me acomodó.
Y acomodarme me ha roto por dentro.
Ya lo digo: sin penas, sin tristezas, sin estridencias... Como no hacía las cosas antes.
Me prometí andar más sobre las palabras que no digo. Y así camino. Ayer un avión, mañana un tren... Y en las pausas, meditación y camino. Seguir haciendo. Porque me encuentro con ganas de construir (me). Que me hago falta. Y lo sé.
Me encontré conmigo y me puse deberes. Así que voy a hacerlos. Que ya toca...
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