martes, 25 de octubre de 2011

LOS COLORES DEL OTOÑO SON MÁS GRISES


Los tiempos de otoño son distintos, siempre lo son. En otoño ha nacido Vera, la segunda hija de mi buen amigo Tamarit, que llegó ayer noche a la vida. Me mandó un sms cuando cenaba yo en Amorós con Luis y Gueguel, Jose y Marta, que nos dieron su tarjetón de boda, poco antes de que acudiera Ángeles, a las trufas y los cafés. En estas luces distintas que tiene Levante para el otoño, surge mi día de hoy. Un martes arrastrado sin muchas ganas de mucho, resaca de la película "Entrevista con el vampiro" que vi anoche hasta las tantas... Las tantas es una expresión coloquio-temporal que está en desuso y que habría que recuperar, pero tenemos tanto tan medido que ya nadie reclama su uso... Me levanté tarde, al sonido del teléfono, cuando me despedía del cansancio. La persiana cerrada al tope me hizo recordar que mirara el reloj y me desperté recordando que ayer los papás se habían ido de crucero, hablé con ellos al borde de su partida... Ahora mismo los ojos me pesan, tengo los párpados hinchados, tras una siesta tardía, y hago minutos para esperar que me recoja Angelita y sigamos escribiendo las líneas que nos quedan. Esta noche tengo reunión de la Directiva de la falla, pero los colores del otoño me dejarían en casa, atado a esta silla ahora, a aquel sillón luego, a la cama, descansando de un descanso... El otoño y sus colores, que son más grises.

Anoche me reí muchísimo. Contamos anécdotas, yo alguna perdida de la India y la maleta de Berlín, que también recordará mi Mamen Osuna. Jose y Marta, escandalosamente divertidos, de cómo se conocieron... De sus primeras citas. Luis y Gueguel, de algunas de las suyas... Y me reí muchísimo viendo, como entre sonrisas, se nos pasaba la noche. Ayer tarde pensé en escribir, en comenzar a escribir una historia, pero al final me pudo el cansancio y el no hacer mucho. Me pide el cuerpo descanso, relax, me pide silencio y me empujo a no desgastarme mucho más porque no he dormido mucho últimamente. Nos hacemos mayores, irremediablemente y por fortuna. Y como dicen los anuncios de la tele, eso se nota...

Tengo pendiente llamar a Manolo. De vez en cuando pienso en pegarle un toque, y al rato ya no lo recuerdo. Reconfiguro la agenda intentando no perder nada de lo que me queda por hacer. Y el cuerpo me pide hacer menos. Y hoy, antes de la siesta, pensaba, por qué no, ahora que puedo, le doy placer al cuerpo y hago como que no hago más. Pero claro, las vacaciones, acabo pensando, son para el verano, como las bicicletas... Y ahora estamos de otoño, con sus hojas caídas y sus colores, que son más grises...


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