domingo, 19 de octubre de 2008

MADRID. OTOÑO.

Recién llego de Madrid. El viernes noche. Recién vengo de una semana de vida en Madrid, la ciudad a la que tantas veces regresé y que de una manera, excepcionalmente curiosa, esta vez sentí como mía.
Nunca había paseado con tanto disfrute por Callao o La Latina. Nunca había sentido tan mío el empedrado de la Plaza Mayor o el particular azul oscuro con que atardece en el Madrid de otoño. Nunca me habían ilusionado los ríos de gente y nunca me había parecido la capital tan integradora, moderna y solidaria. Pero he descubierto otro Madrid, el que es y no sabía, y me ha encantado. Mucho.



Pero, ¿qué pasa si de repente, Callao arriba, uno descubre que le gustaría vivir en la Calle de la Estrella? ¿O de la Luna? Madrid me ha atendido con generosidad exquisita, me ha hecho cómplice de su rancio señorío y me ha abierto una ilusionante puerta a la vanguardia, la convivencia y el bienestar personal. Me he sentido libre y descansado, atento, predispuesto... Ilusionado! Madrid ha sido esta vez más Madrid que nunca y, seguramente, a partir de ahora, será mi Madrid.


Alguien sabe para mí lo que es la "baraka". Paseo por San Bernardo, y en la esquina de la Estrella, me acuerdo de ti... Y a los diez metros un cartel: Baraka. Existe. La tengo. Me encontré la baraka en Madrid. En otoño...

Punto cuatro y final: Cuando vengas al Madrid de los Madriles, te voy a hacer emperatriz de Lavapiés... ¿Quién ha obligado al hostal Francisco I a poner este "chucho-chulapón" en la recepción del hotel? Sea como sea, el Dálmata Hilarión es un reflejo más y distinto de todo lo que cohabita (cohabitamos) en la gran ciudad. Y una excusa para tener siempre una risa en la puerta de la calle... Me he reído mucho, muchísimo, en esta escapada a Madrid.
Epílogo: gracias a Marian, a Pere y a Iván por compartir el viaje conmigo. De maneras muy distintas, me ha servido también para valorar muchos recovecos de mí mismo. Por eso, por todas las cosas que han rondado mi cabeza esta semana, Madrid se ha resuelto tan positivamente. Y volveré, pronto. Probablemente en otoño, a seguir rondando y resolviendo... Mirándole a los ojos a Lorca, en la plaza de Santa Ana, sea la hora que sea, mientras su paloma vuela libre... ¡Cómo se vuela en Madrid, oiga!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Al leer esta entrada desde miles y miles de kilómetros y a tanta altura me entra un madrileñismo repentino que yo qué sé que qué sé yo ... ¡qué cosas!! Las emociones por aquí son tan fuertes que todavía no me ha dado tiempo a echar de menos mis cañitas con sus buenas tapas, bares de viejos, cines, musicales, exposiciones... pero la próxima vez avisa a ver si me vas a provocar una crisis de morriña!! jaja. Me alegra que cada vez te sientas un poco más de los terruños madrileños, eso significa que volverás más veces... procuraré estar alguna!! jajaja.
Besos de tu Paca.
PD. ¿Fuistéis a La Dolores??

JAUME LÓPEZ I BRONCHUD dijo...

TU MORRIÑA ES MI MORRIÑA... GRACIAS POR SEGUIR DEJÁNDOTE CAER POR ESTE MADRID LITERARIO QUE ES EL BLOG. AY MI PACA!!!! CLARO QUE FUIMOS A LA DOLORES, Y COMO ME ACORDÉ DE NUESTRAS MAÑANAS DE AMOR, CON VINO BLANCO Y JAMÓN SERRANO... TE ECHO DE MENOS. CUÍDATE. UN BESAZO.

PD: TENGAMOS LA PAZ EN FIESTA!

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14. "Bendita locura" En la limpieza de fotos, anoche, volvió a aparecer el bueno de Paulin...