martes, 1 de noviembre de 2011

VÍSPERA DE DIFUNTOS


Hoy es primero de noviembre, día de Todos los Santos. Hay quien dice que hoy es el día de difuntos, pero es mañana. Probablemente, gracias a mi infancia en el pueblo sé todas estas cosas. Es lo que tienen los noviembres rurales, que te educan en materias como los cielos y los santorales que la gente de ciudad no conoce. La Lina tenía siempre sobre la estufa un almanaque, un santoral diario, que Baltasar se encargaba de ejecutar. Yo crecí viendo caer aquellas hojas diarias, aquellos santos y diferenciando perfectamente el día de todos los santos del de difuntos...


Hoy la gente aprovecha para ver a sus familiares enterrados, para recordarles. Yo, lamentablemente, ya me he prodigado lo suficiente por tanatorios y cementerios como para acudir hoy. No significa que no les recuerde, al revés, pero se me hace innecesario del todo acudir hoy a buscar la sombra de lo que vivimos. Hay mucha gente que se fue, y la gran mayoría de ellos están en mi recuerdo. Entre mis recuerdos...

Siempre me ha gustado visitar los cementerios. Es una curiosidad que creo que hasta la fecha nunca había contado, pero suelo visitar los campos santos en todos los viajes que hago. No lo he hecho en Londres y en Egipto lo ví desde un autobús, allí dicen que es hasta peligroso, porque moran vivos entre las tumbas... Sí que he paseado el Pêre Lachaise en París, a la sombra de Montmatre, y el Cristóbal Colón de La Habana.

Allí descubrí la tumba de Amelia Goire, fallecida en 1901. A su tumba se entra y se sale de frente, sin darle nunca la espalda, y se ha convertido en un lugar de peregrinaje para la mucha gente que le pide favores. Cuenta la leyenda que Amelia falleció casi a punto de dar a luz, en la recta final de su embarazo, pero sin haber dado a luz y que así la enterraron con su hijo en el vientre. Cuando exhumaron su cadáver, al enterrar a un familiar suyo, encontraron que Amelia tenía a su hijo entre los brazos y, desde entonces, la ascendieron casi a los altares. A Amelia Goire la visitan miles de personas para pedirle cosas y su tumba, rodeada de aldabas y placas de agradecimiento, tiene mil mensajes y mil favores pedidos... Hoy, al recordar la imagen de los cementerios, he recordado el de París y me ha venido enseguida a la cabeza el de La Habana, incluso me he recordado en la visita y a Toni haciendo una foto en blanco y negro que, con la nariz quemada por el sol, colgué en la habitación de casa de mis padres...

Creo que fue en 1999... Cae lejano. Casi, de manera obligatoria, debería de empezar ya a revisar mis recuerdos... 

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