lunes, 1 de enero de 2018

ROMPERÉ LAS ZONAS DE CONFORT

Uno de enero de dos mil dieciocho. Han pasado 18 años desde el efecto dos mil y más de treinta desde que yo fuera contando cuántos iba a cumplir al llegar el 2000. Se fueron, todos volando. Y llegué a los cuarenta y medio para celebrar una nochevieja ayer y un año nuevo hoy. Pasamos Laura, Alberto, Raquel y Pablo, Martina y Jaime, Rober, Rubén, Eva, Sergio y Laura una cena cocinada desde la mañana, un copeteo al que se unieron Tato y Gema, la noche y el frío roto a base de estufas y leñas. Luego fuimos al trinquete, a acabar la mañana. Y regresamos con luces de primeras horas de una mañana en la que dormir poco, limpiar la casa, comer en Reflejos y regresar a Valencia. Cuando volvía, pensaba en escribir aquí. En regresar. Luego en obligarme a escribir. Y luego en pensar que no, que volveré cuando pueda o cuando recuerde. Pero que hoy regresar, regresaba.

Sé que me he hecho mayor por cosas como ésta. No me obligo. No hay propósitos de enmienda: ni de contienda. Solo, primero al frente, ponerme. Que no sea solo en la batalla, sino también en esta guerra personal del mí me conmigo. Que no es ego. Es solo yo.

Me preocupan cosas más básicas: la salud de los míos, el frío, encontrarme huecos donde cobijarme... Pero poco más. Hago ruidos al levantarme y ya cambio tertulias con amigos contra noches de festival. Me dije de volar. Volaré. Este año me gusta: ataca Marte, que es guerrero. Y yo, también lo soy. O debería de serlo. Hay algo que está claro: llegaremos hasta donde nos esforcemos en llegar. A veces, en la vida, hay que abandonar las zonas cómodas de confort. Tengo la sensación que 2018 romperá ese confort... Bueno 2018 no, voy a romperlas yo.

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