domingo, 18 de mayo de 2008

DENTRO DE LA PIRÁMIDE





A primera hora de la mañana descubríamos Keops, Kefren y Mikerinos. Las tres joyas de la corona, junto con la esfinge de Gizeh... El túnel era un cañón de calor, de humedad intensa en forma de vapor que salía desde la garganta de la pirámide. Fuera un calor sofocante, un sol intenso. Encorbados, los turistas entraban por la derecha, agachados, rozándose con los que salían de dentro. A mitad del camino, con la claustrofobia a cuestas, pudimos ponernos de pie, saber que íbamos a disfrutar de algo histórico, algo escondido desde la eternidad y hasta la eternidad misma. Muros de piedra sin apenas erosión. El pasillo ascendente nos obligó de nuevo a agacharnos para caminar adentrándonos en el corazón mismo de la pirámide. Cantábamos contra la sensación de ahogo mientras el calor se hacía más insoportable. Y de repente, el silencio de la Historia guardado entre cuatro paredes, con las firmas de quienes en su día encontraron aquella sala de poca luz y una tumba. El descanso eterno del faraón, roto ahora por la sorpresa y la emoción de quienes vivimos Egipto con toda la intensidad del mundo... Fuera, un calor sofocante y un sol intenso, olvidados, allí dentro por la grandeza del momento que acabábamos de descubrir...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que momentazo! leo tu descripción y recuerdo el momento de entrar en las pirámides cuando fui a Egipto.

Además,era impresionante las dimensiones y la soledad que por momentos se vivia alrededor de ellas.No sé, es algo distinto...

Y ese olor, seguro que nunca lo olvidaré!! Al igual que al guardian trabajado de la entrada...

Un saludo bronx,nos vemos pronto.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

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