sábado, 2 de mayo de 2015

LOS IDUS DE MAYO

Hola, caro Diario.Dos de mayo, día de fusilamientos gatos, de Goyas oscuros y calores de verano. Aquí, a punto de salir a una cena que se organiza en el barrio de la Creu, torrà de embotits y patatas. Calor por dos. Echando la mirada atrás y como anoche me dijo Juanjo cenando en San Telmo, echando en falta mi blog. Mis hojas perdidas. Casi le respondí atacando. Casi le eché la culpa de mi falta de tiempo, de minuteros y segundos. Hasta que me dí cuenta que la agenda de estas preelecciones marca más que menos mi vida. Me presento a alcalde de Mislata. No lo valoraré. Tan solo lo dejo escrito para cuando rebobine mi vida encuentre un ápice de cómo me sentía estos días previos a las decisiones importantes que fui tomando.

Entre las que consolido, y me gusta, mi obligación de dejar espacios a mi gente, que se los ganas a tope. El miércoles, por ejemplo, después del Tot és Festa que ya presenta Mabel Obrer cada noche, nos unimos en un Fosters de los de antaño donde andaban mi niña guapa, La Guti, mi almita gemela, La Caballero, el hombre que me hace reír y sonreír, Kike Alós, el caballero de la Caballero Alberto Llorens, mi Diego adelgazando y recobrando la sonrisa, Juanjo que es un descubrimiento ya imprescindible y Edu Cervera, que se me hace mayor a la carrera. Una familia de primera en torno a la mamma italiana de melena desbordada que es mi Mabel Obrer. La cena, entre risas, me dejó solo ante el café y al resto fumando en la calle.


El jueves fue día de despedidas. Pompa y circunstancia ahora en mi spotify para cerrar una legislatura plenaria en la que se emocionó Salvador, al frente, y se pasó al cierre de cuatro años que han desaparecido más fugaces de lo que podríamos creer de nuestras vidas. El incienso en casa pelea con otras olores menos legales que suben por el deslunado. Y sigo pensando en este calor impropio que ayer nos llevó a la orilla del Saler.

Después del pleno, cenamos un picapica en el Menjant, entre risas y paseos a la Creu que rematamos antes de irnos en taxi a Cyrano: Fernando, Lola, Tiby y yo nos encontramos con Juanjo en la puerta. Nos quedamos dentro igual que luego nos vimos fuera. Llegaron Kike y Edu. Al rato, Alberto y Laura. Y cuando cerramos, nos quedamos a disfrutar de la primavera en mitad del Reino. En un banco, como Penélope, nos dieron las horas de Sabina, sin que la luna nos encontrara desnudos. No hubo más que risas: a porrillo que se dicen. Y a porrillo huele también el deslunao.

Laura se empeñó en sus poesías de Borges, el resto en nuestras cosas, y nos echamos una felicidad a la espalda que me dolía menos que nunca. Que relajado se está cuando se relaja uno.


Casi no dormí porque ya sabéis cómo soy yo para las almohadas y los desvelos. Fui al tanatorio a despedir al padre de Alfonso. Luego me compré la prensa. Y me recogieron Aurora y Martin, con el pequeño - y guapísimo Ángel de nuestras vidas, copón qué pestañas gasta el ruín - y nos fuimos al Saler, centro comercial, a esperar que llegara mi Gemón, de aniversario, y Tato que por parecernos tanto, casi hermanos, no envejecemos nunca.

Se empeñó Aurora que quería ver la Albúfera y solo el atasco nos echó atrás. Caminamos camisas de franela junto a las dunas de la playa y resolvimos con una paella de foie y setas en l'Alqueria del Pou. Me dio una pereza rotunda acabar con la comida a las siete de la tarde, porque había quedado a cenar con Juanjo y Alejandro. Una siesta de hora, una ducha de minutos y vuelta a la vida. A la noche.


La cerramos por ser viernes en Cyrano, con agotamiento único, reponiendo aires acondicionados que frenaran esta ponenta. El tiempo, que se avecina agitado. Como el resto de mi todo...

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