lunes, 21 de septiembre de 2015

LA GOMA DE BORRAR


Ella le dijo: "Tengo un regalo para ti". Lo dijo con tanta sorpresa que podría haber pensado que aquel regalo lo llevaba desde hacia semanas sin haber encontrado oportunidad ni momento de dárselo. Él le respondió: "lo quiero, dámelo". Y ella se lo entregó dentro de la mano, tapando la suya contra la de él, de manera que el diminuto regalo quedó entre las dos manos sin que pudiera verlo.

Ella sonrió cuando él le pidió que eligiera una ciudad de Italia. "Milán" decidió ella entre todas. Era de noche. "¡Has elegido la misma que yo! Espero que nunca tengamos que usarla" le dijo él.

Guardó en el bolsillo su regalo, sin sacarlo de la mano apretada, porque sólo así con el tacto reconoció cada esquina gastada de la goma de borrar. Y lo que a muchos podía parecerle un regalo pequeño, poca cosa, a él se le despertó como el más grande de los tesoros.

Hasta el día siguiente no la sacó del bolsillo del pantalón, pero recordó que estaba allí. Recordó que tenía con él la posibilidad de sacar la goma y borrar algún día, y la dejó sobre un mueble por si algún día tenía que volver a ella. A menudo, nos confundimos a la hora de escribir nuestra vida. Y a menudo, lo que más nos cuesta, es borrar porque los borrones nos confunden la vida. Pero hay que saber borrar como es necesario saber escribir. Cada uno decide qué escribe pero también debe de decidir que borra...

Por eso, él. cuando adivinó el regaló que ella le había guardado con tanto cariño se sintió la persona más rica del mundo. Le dio una goma de borrar. Y él le dijo, que no tendrían que usarla nunca...  

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