miércoles, 13 de agosto de 2014

QUE VOLARÉ


Que bonita la vida 
Que regalo tan grande 
Que luego te lo quita 
Te hace no ser de nadie 
A veces sin sentido 
Otras tantas gigante 
Que bonita la vida...

Volví hacia casa y por primera vez entré en la calle mirando al final de la misma. Y sabiendo que allí estaba mi salida. Por primera vez, sin dolor, tuve la sensación de estar de paso en aquel nido. Quizá porque las últimas horas estuve volando. Pero así lo sentí. Una puerta abierta al final de un pasillo nada oscuro por el que van pasando los días... La belleza de la vida. Hacía un calor pasmoso, el sol aplastaba como sólo sabe hacerlo a las dos de la tarde. Y mis pasos, vestidos de azul turquesa, caminaron sobre el asfalto sucio con la sensación que nunca tuve de pasar. De seguir. De volar. Sin saber ni cuándo ni hacia adónde, pero con la sensación clara de que aquélla, ésta, nos será mi prisión para siempre...

Me sentí feliz cuando supe que volaré. Me sentí único, en mi soledad, en mi camino, en este paseo de media tarde. Me sorprendí. Y con una sonrisa entre las orejas, que casi las rozaba, pensé: ¡Bien, Jaime bien! Luego abrí la puerta y pensé que debía escribir esto, ahora que la vida me mece con paz y sosiego, para regresar algún día a ese principio de la calle y volver a pensar lo mismo... Que volaré. Y ser feliz, como lo soy hoy.

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