domingo, 4 de agosto de 2013

LA CUARTA TRAVESÍA: SUEÑOS DE ALOE VERA

Estar de espaldas al atardecer, en medio de este mar formentero, es casi una provocación. Se cae el sol, mientras Raúl y Leo se leen los whatsapps de cumpleaños que le llegan al segundo. En brisa, el cielo se deshace tras el Nolan y me arden las pestañas quemadas al sol. Es imposible que me ponga moreno sin que pase antes por un estado granate, inevitable. Imposible, que lo dije. 

Hemos llegado a Es caló de s'oli, este recorte de tierra en Formentera, donde el azul verdoso mediterráneo mece en un continuo vaivén las olas de la tarde. Anoche acabamos cenar entre despistes y desmemorias. Fuimos capaces de marcarnos un pollo al horno para chuparse los dedos, con patatas a lo pobre. Y llevado por lo agotado de la tarde, repetimos el sábado del año pasado, pero sin soplar las velas. Y así, entre sandías rojas, rones azucarados, hielos y sentencias, caímos en Porroig, acompañados de Michel, Hugo y Manolo: tres marinos por compañía. Y un cuarto, que trajo el patrón francés, de cuyo nombre no puedo acordarme... Me vine a proa, como quien se viene arriba. Me tumbé sobre la humedad de la noche y me dormí mecido mirando las estrellas. Marco idílico, vaya que sí. Al rato llegó Leo, me dijo que las visitas ya no visitaban. Y se tumbó. Y Raúl entre los dos. Y Raquel y Pablo a despedirse y a darnos las buenas noches. Me dormí bajo la manta que trajo Leo. Y me desperté cuando Raúl ya no estaba. Leo se levantó y se fue. Y me quedé tumbado en la proa sin pensar si irme al sofá a dormir, si moverme entre la noche por los pasillos de la cubierta. Si hacer algo que no fuera cerrar los ojos y seguir durmiendo bajo las estrellas. Soñando, vaya. 

El sol amaneció y yo con él. Me sorprendí dormido como la noche anterior en mitad de ese oleaje lento y acompasado. Las medusas se habían ido. Eran las ocho y media de la mañana cuando Leo se acercó a proa. Nos pusimos en marcha. Salté por la baranda al mar, nadé hasta la escalera y subí a la plataforma. Preparamos el desayuno. Y hablamos de cómo va este país que no deja de dar vueltas, a espensas de que, como Mafalda, alguien pida que se pare, para apearse. Recogimos el desayuno, fregamos y partimos. Nos costó lo que dura la banda sonora del Mamma Mía llegar hasta Formentera. El viento negaba al sol de justicia, y lo aplacaba algo. Aún así, bajo sus rayos y mis cremas de cincuenta, notaba como la piel empezaba a arder. Llegamos a la costa, fondeamos y todo fue fuego.

Comimos fideuà. Primero morro, algo de jamón y unas sardinas exquisitas que se marcó Doña Lena. Rematamos con una recarga de chocolates varios, gominolas y huesitos. Moët Chandon y cumpleaños feliz, desafinado, como unos temas de Raphael. Y siesta. Me vine a proa, donde por la mañana encendí de nuevo el móvil para ver si andaban ya por estas aguas Amparo y Richard. Lo dicho, nada como tener el móvil apagado para alcanzar más de 200 whassaps. Entre ellos, alguno que me revolucionó el estómago, por una que lió alguien con alguien, sin que conscientemente tuviera nada que ver. Era mejor cuando el teléfono estaba apagado. Puse paz de por medio, para enterarme de qué había pasado. Y aunque solucionado, no me gustó que pasara. Considero que soy una persona muy discreta con la vida de los demás, y cuando alguien la airea, sin maldad ninguna, pero la airea, no quiero estar por medio. Si algo tengo que ofrecer, es mi confianza. Y eso no se puede perder. Desde luego... La siesta cayó a trozos, entre fragmentos de Paulino y canciones de Queen. Aquí, sobre la mar incesante, la música suena a cielo. Como todo. Me acabo de despertar. El frío empieza a correr por la cubierta, ya que el sol se esconde casi por completo. Cenaremos en el barco y nos iremos a celebrar el cumpleaños de Leonardo en The Beach, en Es pujols. Allí acuden Richard, Amparo, Mar y Santi, según hemos quedado. La obligación de encender el móvil compite con la tentación de apagarlo. Cris me mandó un mensaje y me dijo que le sorprendía el blog porque hacía mucho que no entraba... No sé a qué se refería, pero ya lo comentaremos a la vuelta. Si algo sé, es que tocará volver... Pero por ahora, no. Me quedo como mi teléfono, desconectado y cargando baterías... Feliz noche. Raúl acaba de hacer que este atardecer tenga la mejor banda sonora... It's little big funny, dice Your song.

Nota del día. Apuntes para una (R)evolución personal.
Algunas formas de ver la vida hicieron de mí lo que soy. Y sobre todo, como soy. A muchas personas les convencí precisamente por eso para que me acompañaran en la vida. Hay que seguir por el camino elegido, siempre que sea el correcto y no dejar nunca de caminar... Nunca.

sábado, 3 de agosto de 2013

LA CUARTA TRAVESÍA: ANCHOAS Y MOËT CHANDON

Mirar hacia adelante, mirando atrás es una manera de frenarse. De por vida. Hoy, sábado, creo, sin horas ni móvil, por decisión propia, me encuentro anclado a mis días y a mis horas. Soy feliz. Luciendo el rostro entre mañanas, espero a que baje el sol para deshacer la vida. Así es. Hoy, lo dejo escrito: no encendí el móvil en todo el día por decisión propia. Me desperté de madrugada, entre fríos, y cuando se deshizo el sueño, el calor me trajo al día. Y qué día. Deshicimos las legañas entre zodiacs a San Antonio y ponientes que el cielo no deshacía. Llegamos al pantalán de tierra y me fuí al Lidl, mientras Ali y Raquel recorrían las sendas del hielo. Paseé entre deseos y anhelos hasta el supermercado y regresé pensando en lo mismo. Encontré a Ali a las puertas del club donde pensamos que tenía que regresar. Y regresamos. Nolan se alimentaba en C16. Salimos a Sant Antoni, repasamos las ferreterías y una cocacola con graixonera en un bar antes de regresar al calor. Cuando llegamos al club, el Nolan partía ya casi. Preparamos las defensas y salimos al agua. Camino de Porroig preparamos algunas fotos desde el flyer del Nolan, con aliento de tinto de verano. Es Vedrà emergió como principio y final del todo. Hasta que llegamos a esta costa del paraíso con menos medusas que el día anterior. Total. Hicimos y deshicimos, pensando en todas las pequeñas cosas y nos montamos camino de la orilla, donde una medusa sorprendió a Lena. El calor nos mató a los demás, fiereza contra tierra, mar que bullía, en nuestro día de vacaciones. No lo descubrí, pero decidí sin querer que hoy pasara mi día sin teléfono móvil: descanso de hierros. Es así. El calor lo remataba todo, contra tierra. Contra el mar. Y regresamos a bordo de nuestra zodíac y llegamos al barco, donde Pablo organizaba un paellazo. Yo, en proa, hacía camino con Paulino, agarrado a mis agallas. Pablo, que tiene sus pensamientos en su cabeza, cerraba
Una paella de órdago. Comimos dentro del Nolan, compartiendo tantas risas como nos dejó el poniente. Y así, la tarde llegó, entre Raphaeles y Fangorias, haciendo que todo se cubriera de magia. Vinieron Hugo y Manolo. Al rato Michel. La tarde se conquistó entre salitres y sombras de medusa. Yo salté desde proa y el agua me invadió sin miedo alguno. Volví al hielo y al atardecer, hasta que Porroig se hizo de noche. Quise que la vida se detuviera, en un segundo, pero es inevitable soñar y seguir viviendo sin que sea verdad un anhelo. Pasamos la tarde entre cocktails de sandía y nubes que se venían a menos. Y dejamos que el calor se deshiciera: así como nubes en el cielo, como espuma en el mar.... Cuando escribo esto, casi nos llegan las once de la noche. En ello vamos. Las patatas se fríen, mientras el pollo se asa en el horno de popa. El resto de la vida pasa bajo un “Woman don't cry” de Bob Marley. Y el día se escapa entre un “Bienvenidos” de Miguel Ríos y un “Vivir así es morir de amor” que recuerdo en ese flyer donde me confesé a Raúl: quizá en esta vida me equivoqué por seguir batallando por los demás. Pablo se lanzó de cabeza al agua oscura y nosotros seguimos echando la noche. De este tres de enero, donde solo se cuelan los deseos que aún me quedan...

Nota del día. Apuntes para una (R)evolución personal.
Decidir por uno, no es egoísmo, es proyecto. Mi proyecto pasa por decidir cosas que no querría y por dejar que el destino me traiga otro mañana. No diferente, solo eso: otro mañana. Para consturir los caminos del mañana, los que se escriben sobre renglones desmemoriados, coge la tinta que se escribe para no desaparecer y piensa solo una cosa: mañana es mañana, y lo construyes tú. Ya no es egoísta pensar en mí. Lo hago, porque tú, hace tiempo que dejaste de hacerlo.

viernes, 2 de agosto de 2013

LA CUARTA TRAVESÍA: MEDUSAS, SANDÍAS Y ENMIENDAS



En la vida, hay veces, que uno debe de tomar decisiones. A lo largo de la mía, y no me quiero poner trascendental, he tomado unas cuantas. Y en las próximas horas seguiré tomando porque esta travesía es algo más que un cruce entre aguas de mar. Así lo siento. No voy a condicionarme, ni a dejar de soñar, aunque a veces mis anhelos sean hielo. Escribo seguido con un regusto a cocktail de sandía que ahora mismo hice con Pablo en esta bahía de San Antonio donde flotan mis pensamientos... Hoy, como siempre, vuelvo a los desvelos de mi isla blanca. Me pierdo en proa, en mis momentos románticos, que diría Ali, mientras en tierra las voces de la animadora va repartiendo premios en alemán. Son las 21:19, acabó de caerse el sol rematando sobre Conillera, mientras en un dulce vaivén, los mástiles de los veleros fondean aquí y allí.

Anoche. Me costó horrores hacer la maleta. Me rapé el pelo a última hora en un destete emocional: como me dijo mi Teresón por teléfono, te pones las vacaciones por montera. Pero éstas, vive Dios, hacían falta. Ha sido un año repleto y completo. Si miro a estas aguas hoy cargadas de medusas y hace un año de recuerdos, me pierdo entre el tiempo de trabajo, el inicio de la aventura en la radio, el adiós que se acerca, inevitablemente, el hastío, el congreso del partido y un sinfín de sensaciones y de sentimientos que se cayeron en el abismo de los días... Me costó barbaridad, decía, hacer mi maleta. Y sé que traje mil cosas que no usaré y echaré en falta ciento una. En cualquier caso, el jueves de calor, cerré la vida en una cremallera larga y salí a la calle. Dos vecinos se abofeteaban al final de la calle a oscuras cuando llegaron Leo, Lena y Raúl a recogerme. Hicimos el camino hasta el naútico y nos encontramos con los pies en la alfombrilla de llegada. Fuimos haciendo y deshaciendo (aunque con menos vehemencia que otros años). Dejé que se colara un anzuelo en mis intenciones antes de cerrar el día, que se quedó flotando sobre el mar. Cenamos de todo lo que preparó la madre de Leo, a tiempo para con la madrugada acercarnos al Cyrano a recoger la bebida. Estaba Luis, Manu y sus colegas. Hablé primero con los segundos y luego con el primero, escayolado aún después del accidente. Me encantaría que estuviera aquí, ahora con nosotros, porque habría preparado esta pócima mucho mejor... Pero la vida es como es. O como queremos que sea... (este pensamiento me lo traigo de vacaciones). Ya dije que no me quiero poner trascendental pero quiero un principio y final de muchas cosas... Me vine a escondidas casi, entre mis silencios y mis desvelos. Vacaciones, muy merecidas, de verdad y punto y final para un Jaime y punto iniciático (inevitablemente, de otro).
Acabamos en Caribbean's, el pub de Nawfel, amigo de Leo. En la vip, al lado del DJ, dejando que la brisa marina otease la noche. Nos fuimos cuando acabó la fiesta y decidió Leo en el regreso que había llegado la hora de partir, como metáfora de mi propia vida. Caí rendido a los pies de Morfeo, amor nocturno. Se rompió con el motor que empezaba la travesía.A las nueve el sol me despertó, oriné y comprobé que el nuevo día se abría ante mi, en la inmensidad del Mediterráneo, con un mensaje en la botella que flotaba hacia mí: reflexiona. Esa es la idea. Reflexiones y decisiones, sin presión y en vacaciones, pero es que vuelvo a estar en el paraíso. Ahora que el cielo es gris y los ocres finales me recuerdan que se acaba el día, vuelvo a pensar en ello, con el aliento refrescado por el hielo de una sandía con ron miel y un ron cola que tomé mientras hablaba con Teresa al teléfono.
Llegamos a las once y poco más de la mañana, hasta Platges del Comte, las medusas nos empujaron a Es Codolar, pero no mejoró el mar. Aún así me regué primero con una manguera y luego me dí un chapuzón en la pausa del ataque masivo. Así me purifiqué ya del todo. Comimos banderillas, boquerones y sardinas anchoadas, al rato lomo a la sal y gazpacho. Y me vine a la siesta de proa echando en falta las mil palabras de Laurita. El sol me mató. Dormí si acaso diez minutos que me sentaron como mil y me tapé por miedo a que mi cuerpo ardiese, sin pecado concebido. Me trajé el guión de la obra de teatro que memorizaba más rápido hasta que Raúl reventó la tarde con la música. Hablé emproado con Raquelilla y emprendimos marcha a la Bahía, donde la noche cae ya con una fiereza que asusta. Las luces vigilan ya la costa mientras Nolan se mece bajo mi cuerpo.
Mientras escribo, el resto preparan la barbacoa de la noche... En ella arderá el carbón y mis pensamientos negativos. Decidí depurarme ya del todo. Y así toca. Hoy, como siempre, Ibiza vuelve a salvarme...

Nota del día. Apuntes para una (R)evolución personal.
Engrandece tu vida con quienes te sienten grande. Dáles lo bueno que hay en ti, ya que hace tiempo lo abandonaste y abandona a quienes te quieren hacer sentir pequeño. El desgaste personal, el de la emoción, viene siempre escrito en letras de primera persona. Yo decido por mí. Mi vida, irremediablemente evoluciona desde hoy: y me gusta. Sólo que creo que hay que saber escribir en renglones rectos (y alguno torcido) cómo queremos que nos huyan los días. Estoy orgulloso de mi camino hasta aquí, no reconozco grandes errores, no al menos que me pesen. Suficiente. Tenerlos sería un lastre. Hay que empezar a andar, aunque las piernas duelan, no hace falta que sea a una marcha forzada. Pero caminar sí, es obligatorio. Y yo voy a andar... Mucho. Empiezo. Os iré contando. Posdata: relee de vez en cuando, te vendría bien.

miércoles, 31 de julio de 2013

FELICIDAD BÁSICA

Me he descubierto hoy al despertar frente a ese espejo que no uso y me he sorprendido con una sonrisa que me llegaba de la noche al día. La felicidad básica. La he alcanzado hoy cuando desperté del último sueño, que sería el más pesado, y me la he encontrado casi sin querer a los pies de la cama. Me la he puesto por los pies, como unos cálidos calcetines en invierno para no tomar el suelo gélido de la vida. Y me he quedado frente al espejo que no tengo, mirando el brillo de mi mirada y esa sonrisa congelada que trae alegría para todo el día. Ni más ni menos. No esperaba, ni mucho menos que apareciera hoy. Una sorpresa, en toda regla. Pero la he recibido, acurrucándola entre las manos, y protegiéndola como el último charquito de agua que hubiera podido cazar en la fuente. Ese agua que le da color a mi vida, sin tenerlo. Que la llena de sabor. Que le da aire, como una brisa de agosto... Así, sin darme cuenta, por sorpresa como te cuento, me he levantado con la felicidad cogida al cuerpo y un corazón que latía fuerte y acompasado.

La vida no nos exige mucho más. Somos nosotros los que, incomprensiblemente, nos negamos la felicidad al intentar llenar nuestros días de obligaciones que nos pesan y que nadie nos trajo. Nosotros, con nuestras cargas, hacemos de nuestras horas un via cruces de despropósitos e intenciones, pero acabamos dejando de lado, al margen del camino por el que paseamos en la vida, aquello tan básico como es rescatarnos de todo olvido y convertirnos en nuestros protagonistas. En protagonistas de nuestras propias vidas.

Yo hoy, al despertar, como cada día, me miré en el espejo que no colgué. Sin encender la luz que hubiera acabado de despertarme y me sentí feliz y completo, sin nada más que una noche de sueño y esperanzas para todo un día. Si aprendemos a defender nuestra alegría como el agua, o como el viento, como el aire que respiramos, entenderemos que caminamos por la vida casi sin percibirla, pero con ella cogida de la mano. Párate en mitad del camino y comprueba la de bondades que vuelan alrededor, como polen en primavera, allí junto a ti, cada día, en cada momento, se mueven las alegrías y las esperanzas que a veces no cazas entre sueños...

Te ha llegado el momento de ser feliz. De compartir la alegría, de despertarte y acercarte al espejo que no existe para, frente a frente, mirarte en él y conquistarte a través de tu sonrisa. La mía, como cada día, te la presto una vez más, para que alcances tu felicidad básica. Con la que yo me levanté hoy, sonriendo de noche a día...

martes, 30 de julio de 2013

AMISTAD(ES)



Amigo. Nunca cinco letras cargaron con tanto contenido a sus espaldas. Amigo: una palabra redonda, donde se dan la mano las sensaciones y los sentimientos. Calor de voz amiga, de sueño compartido, de espíritu participado... La amistad es, aún devaluado, uno de los grandes valores de nuestra sociedad marchita que a golpe de rocíos recupera el color y la vida, la savia y la sangre. A ella recurrimos, a nuestra amistad más principal, cuando nos derrota la realidad con sus barcos de batalla diaria y con ella compartimos nuestros momentos de alegría disparada. De alegría vivida. Y así la construímos sobre los pilares más sólidos, los de la lealtad y la fidelidad. La amistad es el núcleo de unión que cada uno de nosotros elegimos para caminar por la vida, con manos amigas, con voces queridas, con anhelos de mañana y deseos de futuro. Si miramos hacia atrás, recordamos los amigos de la infancia, las amistades con quienes a través de un teléfono fijo conquistábamos nuestra adolescencia y con quienes nos derrumbamos al hacernos mayores y emprender las sacudidas de la vida, que van azotando como latigo sin descanso... Nuestros amigos son aquellas personas que nos esperan, que se desesperan con nosotros, que nos calman en la ira y nos levantan en la pereza, que nos inyectan optimismo y vida, que nos sirven de saco roto donde volcar nuestros lamentos y el paño de lágrimas donde acudir cada vez que el llanto lo llena todo... Y son vida.

Los amigos son las personas que nos puso el destino enfrente para que los pusiéramos a nuestro lado. A quienes cogemos las manos cuando necesitan de la caricia, a quienes damos pan si les falta el sustento, a quienes damos paz, si les azota la tormenta... Los amigos son quienes comparten primero nuestras alegrías y nos trasladan las suyas, quienes hacen que nuestras noches sean más largas y nuestros días más recordados, quienes hacen y deshacen en nuestro nombre sin que tengamos nunca la menor duda de que harán siempre lo mejor... Y así, hasta en tiempo de crisis, los amigos son ese tesoro intacto que crece si le das calor.

Yo creo que no me pasa un día en la vida que no me acuerde de alguno de ellos. No hay minuto del tiempo que se pase sin mirar al lado y comprobar que siempre algún amigo o alguna amiga ha descolgado su teléfono para escucharme, me ha prestado sus oídos para echar a caminar, me ha dado la palmada en la espalda de ánimo que necesitaba...

Y sin embargo, al escribir, se produce una extraña química que todo lo contamina y nada se hace tan difícil como explicar la amistad, quizá porque hay que sentirla y como todo sentimiento inmenso las palabras se quedan huecas al escribirlas una detrás de otra. Por eso, mando mi mensaje de amor en oraciones que se lleva el viento y en plegarias que se mueven con este viento de verano. Solo así puedo hacer llegar a mis amigos, hoy, que son la parte más importante de mi vida... Lo escribo sin palabras ni tintas, lo digo en silencio, sin palabras... Porque no las hay. Hoy, con mis amigos, sigo la vida, caminando sin descanso, acompañado, feliz... Como cada día.


lunes, 29 de julio de 2013

DARDOS


Me paro a veces en la vida porque me acechan demonios que no caminan conmigo. Los envían los malos pensamientos de otros, que deben de tener demasiado mal en las tripas o mucho aburrimiento en las vidas, como para dedicarse a esto. Y entiendo que a todos nos pasa muchas veces y nos pasamos así la vida, esquivando dardos que nos llegan sin saber ni de dónde ni por qué. Que serían dos razones suficientes para dejar de esquivar.

En cualquier caso, hay que sentirse fuerte frente a estos embistes. Lo tengo constatado que si uno no deja que aquellos ataques le rocen siquiera a uno, se desintegran en el olvido, o en la indiferencia, que es el arma más afilada con que acuchillar las malas intenciones con que los demás nos atacan. No hace falta defenderse. Sentirse atacado es en parte ya ser víctima de los embates de otras personas cuya vida se pasea entre lo lamentable y lo penoso. Por eso, cuando tantas veces en la vida, nos sentimos tristes, desprotegidos, atacados, dejados de la mano por personas que se esfuerzan en que nos sintamos así, hemos de tener el coraje suficiente para mirar al cielo, con los ojos bien abiertos, sin que ni siquiera el sol nos moleste, y esbozar una sonrisa natural de lado a lado. Una sonrisa que nos deje en la garganta la resaca de la felicidad, y que ejercite nuestros músculos poniendo en marcha una sensación personal y merecida de alegría básica.

No podemos desgastarnos con lo que otros pretenden: nunca he pedido vivir en una isla, es más, me debo a los demás con una energía y una generosidad, que mueven el corazón que me hace vivir con mayor fuerza si cabe. No podemos enclaustrarnos en nosotros mismos ni negarnos a los demás. Pero aquellas personas, cuyos valores, si es que los tienen, les hacen anteponer su vida a la nuestra, tienen que sentir que son nocivas, que no nos vienen bien, que deben limpiarse el alma antes de intentar compartir nada con nadie. Porque lamentablemente, lo que promuevan, estará viciado... Y olerá a veneno.

La vida es demasiado corta como para hacerla más complicada. El día a día ya nos trae los problemas suficientes como para que nos ceguemos cada vez que alguien nos dispara ira. Y no es justo que nuestra felicidad se vea truncada porque hay quien no es feliz y toda su energía la carga en lo negativo para hacerse así valer. Hay que estar alegres, compartir nuestra felicidad, básica sin grandes necesidades, con la gente de alrededor y hacer de la normalidad un camino por donde podamos pasear con cuanta más gente, mejor...

Nadie dijo que esto fuera sencillo. Pero podemos conseguirlo. Hay que batallar fieramente contra quienes utilizan su día en intentar llenar el nuestro de nubes y tormentas. Todos conocemos a gente, de la que además la pena nos invita a protegerles, que en cuanto pueden se revuelven y nos pican como un escorpión. Cargadas, además con su veneno... No dejes que te vuelva a picar. Hay demasiados paraísos en el mundo como para cerrarnos en la cegazón de una habitación sin luz ni ventanas con que respirar. Y, lamentablemente, hay gente que solo sabe vivir en esas condiciones... Y que cuando la soledad les ahoga, intentan encerrarnos también a nosotros allí. Fuera, el aire, la libertad, son fantásticos... No dejes que nadie te emprisione. No merece la pena.

MES DE MESAS

Tengo un julio revuelto, de no parar. Si echo la vista atrás calculo que julio siempre es así. Aunque también es verdad que me he dejado pocos recuerdos del día a día, aquí en mi moleskine virtual. Lo que es, es. Empujado por una actividad que hace mucho tiempo no recordaba, en las hojas se me han perdido sensaciones y sentimientos, de los que narro por la radio, pero vivencias, desde hace días, ninguna. Y no es que no haya dado de sí el mesecito, que sí que ha dado.

Afortunadamente (y me arrepentiré por bocazas de escribirlo hoy), Julio no ha sido un mes salvaje de calores y pasiones. Si acaso, hemos resuelto todo con dormir algo menos y alcanzar la cama en la madrugada cuando las sábanas dejan de arder. Aún así, estamos de verano. Y eso se nota en la calle, en el ánimo e incluso en estas piernas fatigadas que se cargan con la edad.

Si empiezo a recordar esas noches de julio y esas agendas apretadas, me voy hasta el concierto de Fangoria (18 de julio, noche) que compartimos con un sinfín de personas. Me recogió Leo con Raúl y Eva. Recogimos una amiga más en Gregorio Gea. Y nos vimos con Noe en las puertas de Viveros. Llegaron al rato Tere, Jorge e Isaac. Y medio mundo de fallerío desbordado con el que cantamos y bailamos las canciones de siempre. A quién le importa, todo un himno, con hielo de ron. Dramas y comedias (hubo siempre más deleite con lo primero que con lo segundo)... Y así, todos los temazos con su puesta en escena y Cyrano posterior. Como la noche daba de sí, y teníamos ganas de más, nos fuimos al Alba a cantarse un Queen redoblao. Ya de madrugá regresamos a casa escuchando a Beatles al ritmo del Come Together, tan sugerente, nocturno y alevoso. Antes, por la calle Colón, con las ventanillas bajadas, el viento soplaba contra nuestro rostro con un Living on my own... Y así, recordamos que siempre que nos juntamos acabamos por pasarlo de maravilla.


El viernes en la radio costó algo más. Sin Pilar, que está de pase pernocta, la mañana se hizo cuesta arriba pensando más en la siesta que en la obra que no acabo de memorizar, mientras pasan los días. Por la noche volví a Viveros, con Gloria: concierto de Fito. Tan espectacular como acústico. Y al salir, paseé hasta Almirante Cadarso (Café Almirante) donde celebramos el cumple de Beto. Un artista. La noche se me pasó rápida porque me fui a dormir muy pronto. Cansancio y previsión. Algo extraño en mí, pero renuncié a Satán a sus pompas y sus vanidades.

El sábado por la mañana me fui al Palau, actuaba Mislata en el Certamen de Bandas. Hubo tocata y fuga. Un fantástico concierto y de regreso a Mislata me pasé por el mercado, para comprar unas cerezas y un melón. Dediqué el sábado a lo doméstico y a preparar la cena. Por la noche venían Aure, Amparo y Vero a cenar. Aurora que venía me llamó y me dijo que no podía. Así que cuando pueda, aquí estaremos con los fogones encendidos (como siempre).

Hicimos de Masterchef: zarzuela de marisco, como plato principal, y entrantes a base de ensaladas, foiés y tomate del Perelló con anchoas. Aprobé, me dijeron, con nota. Y para celebrarlo, después de los vinos y los postres, nos fuimos a Viriato, de verbena.




En Viriato seguimos con la parranda. Me encontré allí a Belda y Marci, la Guti llegó al rato, Leo con Raúl... Nos echamos unos caminos a Murillo Palomar y un capazo de risas. La orquesta, buenísima. Y el calor, la noche de mayor calor que recordaba en este mes, redondeó una noche de cena en casa con posdata incluída: llegada la madrugada nos fuimos a Umbracle para dejar que amaneciera ya mientras caía en el primer sueño.



El domingo acabó con una preselección fallera, la de Mislata, donde acudí como cada año. Presentaba Laura, lo que dio de sí, lamentablemente, más de lo que esperaba. En cualquier caso, hice lo que correspondía y así lo siento. Probablemente hay gente que prefiere moverse por otros parámetros, pero a mí los de la honestidad, la lealtad y la amistad me han venido muy bien siempre para dormir a pierna suelta. Luego el tema ha coleado algo más, pero en renglones rectos, no da para mucho. Sentí que haya quien no entienda esta realidad, pero es la que vivo. Mis amigos son tremendamente importantes para mí, no me gusta verles sufrir y, menos, cuando se les hace daño con cuestiones que les son ajenas... En fin. Que la tarde discurrió de lo más agradable y puestos a descansar, me volví con Tatín y Cati a casa. Fin del fin de semana.

El lunes me devolvió a Pilar y al trabajo. Fuimos haciendo programas. Llegó el jueves, 25, día de Santiago y lo que iba a ser una fiesta se convirtió en luto nacional. Accidente ferroviario, trágico me escribió Pepa cuando la noche anterior se había producido mientras yo cenaba en una alquería de Xirivella. Y así fue. Santiago, aquél festín de infancia, se convirtió en un día triste y negro. Hicimos programa especial como correspondía en "Valencia Abierta" y salí al sol. Me recogió Alejandro para nuestra comida anual de jurados. Se me pasó volando. Comimos estupendamente en la Carretera d'En Corts, casa elegida por Rafa. Juanfran y Pepe se sentaron también a la mesa y lo pasamos de miedo entre vinos y risas. Nos tuvimos que ir pronto. Me regresé con Alejandro hasta su tienda de fotos y con el autobús llegué a Universidades. Chateé hasta quedarme sin whatsapp. Y con el 29, recorrí Valencia hasta la avenida del Cid. Subí a casa, quise dormir, pero no pude. Tenía pleno (no al quince) y allá que nos fuimos...



El viernes llegó casi en un suspiro. La semana se había acabado casi sin ser consciente, yo que lo soy de muchas cosas. Me desgasté. El ánimo se me vino abajo marcado por una agenda que no cesa (porque aquí claro solo cuento los saraos, pero no los curros, que lo son y de campeonato). Y por escuchar los cantos de sirena que traen voces amargas, repensé lo que ya tantas veces pensaba sobre gente sucia que se envenena la voz. Y la contagia. Salí de la radio y me fui a casa de Jose y de Ana a comer. Conocí al pequeño Jose (que cuatro meses después aún no conocía) y la casa nueva. Y compartimos vino y mantel con un menú de primera que cocinó Maese Acosta. Espectacular. Me divertí con la pequeña Anita jugando en el suelo, recordando la infancia, que tan lejos nos quedó. Y me regresé en autobús a casa, pensando que tantas cosas bellas como tengo en el mundo no pueden eclipsar a una nube apartada y cateta que se viene a más, porque siempre tiene menos. Dirán: ¡Anda que te has quedado a gusto! Más que me quedaré... pienso yo con mi ego a cuestas.

Y por la noche a Torrent. Cenamos Sonsoles y Miquel, María y Manu, Vero y Javi, Amparo y yo. Acudieron al rato, Carol y Raúl. Y nos echamos muchas risas y otra cena a las espaldas. Y aún así mi báscula batalla, me alegro. La noche fue ahora sí la más calurosa. En Torrent, de fiestas, a la sombra de la torre no teníamos frío. Orquesta y sarao. La filà de Na Violant, Sonsoles, con la que hablar me vino también. Y unas risas a  la salida, cuando la guardia civil le hizo soplar a Vero. Camino a casa, se caía la noche. Y yo, por cansancio, con ella...



Y así pasamos el día. Y la noche. Y llegó el sábado. Lo pasé pegado en casa al aire acondicionado a ratos, y al ordenador a otros. No dediqué mucho tiempo a nada concreto. Me iba a ir, pensé, a cambiar de aires por Sarrión. Que al final no fui. Y cambié de agenda para irme con Manu al fútbol a ver al Milan. Allí echamos la tarde. Divertida hasta que se acabó el partido. Con su coche y sin su móvil, me llevó a Mislata. Tenía la cena solidaria contra el cáncer en la Piscina y la rifa solidaria, donde pesqué dos veces... Copita con Pepa y Mariano y a dormir...

Me desperté. Eran las diez y mucho. Me extrañó que mis padres no hubieran llegado todavía. Día familiar en Moncofa. A las once llegaron. Me regalaron una aspiradora. Creo que nos llevaremos bien. Y nos fuimos al apartamento de Rosa... Nos esperaban en el balcón. Apuraba el calor que calentaba de lo lindo. Y nos pusimos manos a la obra para irnos a la playa. Me sorprendió la imagen, tan familiar, tan de antaño. No calculo cuánto tiempo haría que no compartíamos la playa, papás, hermana y servidor. Me reí de lo lindo con Edurne en el agua. Y haciéndole fotos para comprobar lo mayor que está...


Y como los días han sido de mesas y manteles, acabamos en el restaurante María con una deliciosa paella de bogavante y vino Ribeiro. Llegué a casa ya de noche, después de pasar por casa de Rosa a recoger una bolsa con ropa... Y con un cansancio absoluto me tumbé en la terraza a ver cómo caía la noche. Cayó. Con un calor absoluto a cuestas que lo impregnaba todo. El insomnio quiso traerme quebraderos de cabeza, pero no me dejé. Total, mañana, por hoy, ya era lunes... de nuevo.

viernes, 26 de julio de 2013

AL CONTRARIO

Me levanté con la penita cogida a la garganta, con la resaca de la nostalgia, apurado bajo un cielo nublado que caminó por la noche sin estrellas. Me dejé sobre la almohada, clavados todos los pensamientos que me trajo el insomnio al que confundí con esta cabeza que no para. Y pensé en las cosas que son justas. Y en la lealtad, que es un arma y una armadura. Y en la honestidad, que es una bandera con nombre de mujer... Mi vida se mueve entre latidos de corazón que muevo de manera leal, arrítimica, puede ser, pero leal al fin y al cabo. Ser honesto es una obligación más que una devoción. Y la justicia es un equilibrio que perdimos cuando abrimos la boca. Así me dormí, sintiendo la pena por defender lo defendible, cuando otros que tienen parámetros distintos, ni mejores ni peores, nos acusan de no sé qué.

Al final hoy vuelvo a ti, a este diván sugerente que flota sobre la nada, y que leo menos de lo que escribo. Ahora que no memorizo, ahora que la cabeza se mantiene en tensión, ahora que la vida nos pasa con calores de canícula, ahora me vengo de mí mismo y me condeno, como tantos otros, a pasar por el día con cierta melancolía que llora, como gotas de lluvia contra el seco cristal, resbalando hasta llegar a la nada.

Pero el viento me trajo la mañana y me dejó en la puerta de la calle el camino para andar. Se lo dije a la amiga que en su sufrimiento no se mueve, que no tiene la culpa de vivir, y que al contrario, lo que hay que hacer, es seguir viviendo para caminar hacia donde nos lleve la propia vida. Con ese consuelo me receté un jarabe contra la tos del alma, que no deja de repicar, inconsciente, escribiendo en mis renglones llantos que no llegan y verdades que no cesan. Nadie dijo que vivir fuera fácil, ni puedo pensarme perfecto, como tú tampoco, ni nadie ya. Pero en las imperfecciones abruptas, rayadas, dobladas, plegadas en arrugas que son surcos del tiempo, se juntan nuestros ayeres y nuestros mañanas, que nos siguen haciendo. Así como somos. Como soy yo.

Nunca me sentí ni más ni menos, nunca compartí las palabras que se dijeran a mi espalda. Y siempre he batallado por intentar convencer a otros que quizá lo impropio que de mí se pensó nada tiene que ver con lo que siento cuando, callado, camino bajo veredas infladas de hojas verdes o miro al cielo azul en su intenso pasar. Nunca pudimos convencer a nadie de que somos distintos de lo que creyeron, y fue mejor para mí sentarme en el camino y pensar de repente la gran cantidad de gente a la que no escuché, cuando sus palabras fueron mi aliento, cuando sus palmadas fueron nuestro aplauso, cuando su calor fue nuestra sangre...

Batalla siempre por lo que creas. Lucha cada día por lo que sientas. Vive, cada día, por seguir haciendo felices a los demás, como yo lo hago. Asi, como yo lo siento. Desde este camino donde veo pasar, las miradas que aún no se acercaron a verse conmigo...

jueves, 25 de julio de 2013

GALICIA



Hoy es un día triste, rematadamente triste. Hoy la aurora se vistió de luto y el llanto batalla contra los precipicios perdidos de Finisterre. Hoy la niebla se vino del invierno y dejó al verano con sus bosques ciegos, en mitad de la nada. Hoy miro a Galicia, desde la distancia, desde el recuerdo, desde el llanto. Desde esta emoción contenida que se agarra al estómago y se regira haciendo del dolor un himno.

Galicia, la de los verdes bosques, de las cruces de piedra, de los caminos olvidados y los marineros a la mar. Galicia, que hoy lloras, a los pies de tu patrón, que calla en el día de su fiesta grande roto por los hijos que se han ido. Galicia, la tierra de madres y soles que son ocaso. La de las batallas perdidas. La de la derrota con sal. Hoy, vuelves a nosotros, imperiosa y noble, leal y sufrida. Hoy regresas al alma nuestra y emerges como un segundo de paz, de responso, de adiós... Desde anoche, Galicia, minha terra galega, vuelves a sacudirnos de dolor y rabia. En todo estás y tú eres todo, tinta de Rosalías y hostal de peregrinos; cantábrica rota, atlántica de futuro. Galicia, madre noble, católica y marisquera, bañada en rías de Ribeiro y llanto, de pena sufrida. De dolor nuevo. A ti hoy, como siempre, mi recuerdo...

Hoy es un día triste, caballo de hierro al galope. Hoy la tristeza se agarra a la garganta que escribe con penas y llantos. Hoy, Santiago, patrón que cierras España, abres corazones y esperanzas, que caminan solas. Sin padre que las lleve de la mano, sin alma que las acune en su llanto... Hoy Galicia, desde la lejanía, te sentimos tan cerca que da miedo mirarte a los ojos, que son surcos cargados de negra sombra.

Esta España vieja y recosida, se desvela con tu pena. Tus muertos son los nuestros, tu dolor el nuestro, tu pesar, una condena que hoy nos deja mirándote al lado. Besos Galicia, besos para tu tierra. Besos para los vientos que mueven robles, alisos y abedules. Viento que rompe despeñado contra la memoria. Contra los troncos de los castaños y las hojas de las orquídeas, que viven a la sombra de un horrio. Galicia de Valleinclanes y Torrentes, de Camilos y Pondales, de moda y Finisterres... cuando pienso que te fuiste negra sombra que me asombras, me duele pensar que brotan en tus aguas de mares, los llantos de tanta gente que hoy ya no mira a tu cielo triste.

Galicia, desde el recuerdo, desde este llanto, en tu caballo de hierro al galope.

miércoles, 24 de julio de 2013

POR LA VIEJA VÍA DEL TREN



Busco a veces en mitad del ruido encontrar el silencio más absoluto. Callar en mitad de mi mundo y tumbarme sobre el viento a buscar nuevas puestas de sol. En silencio. Sin escuchar nada más que la respiración que, en calma absoluta, me mantiene flotando sobre la nada. No me cansé de nada. Camino con fuerza, unos días más que otros, y sólo espero a encontrar por el camino a las personas que hacen que mi vida sea más feliz, ¡tan feliz!, a las vivencias que pronto serán recuerdos, a las promesas que se perderán como el fuego, cielo arriba...

Hay días, que en mitad de la vida, sería capaz de pararme y tumbarme en el suelo, en medio de la ciudad de cemento, como un loco tumbado sobre la arena gris, y mirar pasar las nubes allá arriba, donde duermen mis almas que se fueron... Sería capaz de no mirar pasar las piernas a mi alrededor y de olvidar ese olfato a humo que todo lo convierte en ceniza. Podría no escuchar el tráfico que mata entre cláxones y olvidos. Sería, sí, así sería...

A veces me imagino en altamar, viendo como el sol besa el horizonte y una calma absoluta me renueva. A veces, me recuerdo en el camino de piedras y hierba que se perdía por la vieja vía del tren, caminando con nuestros pies infantiles y nuestras ganas de comernos el mundo... A veces, casi siempre, me invade una nostalgia absoluta que me hace recordarte y pensar en ti. Y así, las noches pasan con sus días y envuelven mi mañana de sueños que me hacen volar... Nunca caminé a solas. Nunca dejé mis pasos perdidos atrás, ni busqué atajos que me trajeran hasta aquí. Simplemente vine. Y una vez aquí, miré alrededor, algo perdido, y empecé a ver caras conocidas, ojos que me cuidaban, manos que me empujaban, la sonrisa más bella del mundo y sentí la caricia del viento... Así, con mi imaginación y mis anhelos, viviendo mi vida como un sueño, que es lo que hago todos los días para ser algo más feliz...

No sería capaz de vivir con esta alegría sino pensara en vosotros tantas veces cada día. No me sentiría tan lleno de felicidad si no supiera que al borde de mi tristeza me esperáis tantos amigos con las manos abiertas, esperando que llegue para regalarme un abrazo. No sería capaz de volar cada noche, como un Peter Pan empeñado, si no supiera que cada una de las ventanas de vuestras habitaciones van a estar abiertas. Nací para vivir, que ya es mucho. Y en la vida me encontré tantas voces hermosas, tantas sonrisas que me acompañaron, tanta salud y tanto amor, que es difícil no sentir una extraña nostalgia, una felicidad completa, una fortuna tan grande...

Cada mañana, cuando despierto envuelto en mis pensamientos, pienso que soy una persona afortunada. Desde la soledad de mis manos, escribo renglones que nunca leerás, pero siento en cada momento los latidos de este corazón desbordado que batalla por seguir siempre joven. Nunca le pedí estrellas a la noche, me las trajo ella. Nunca le pedí a la luna que me vigilara cuando duermo. Y, sin embargo, me protege cada vez que echo a soñar... Nunca pedí más de lo que la vida me da y por ello siento la fortuna inmensa de sentirme vivo. De tener tanto que compartir, que agradecer. Que sentir... Hubo muchas veces que nada dije. Hubo muchas veces que el silencio me cobijó. Pero de vez en cuando, callado, escribo mensajes que guardar en una botella y lanzo al mar. Como hoy, que la vida me hizo pensar la fortuna que tengo de tener a gente como vosotros a mi vera. A mi lado. Para seguir caminando...

Busco a veces en mitad del ruido encontrar el silencio más absoluto. Callar en mitad de mi mundo y tumbarme sobre el viento a buscar nuevas puestas de sol. En silencio. Sin escuchar nada más que la respiración que, en calma absoluta, me mantiene flotando sobre la nada... Y en esa nada, llena de todo, pienso la suerte que tengo con todo lo que me regaló la vida... Y me invade la nostalgia. Y la felicidad me hace seguir volando... Hay días, que en mitad de la vida, sería capaz de pararme y tumbarme en el suelo, en medio de la ciudad de cemento, como un loco tumbado sobre la arena gris, y mirar pasar las nubes allá arriba, donde duermen mis almas que se fueron...

martes, 23 de julio de 2013

NUESTRA MOCHILA



La vida se encarga de regar nuestros días con pequeños detalles que la hacen mejor. Cada día, al despertar, nos quedamos mirando a la nada con nuestro cansancio a cuestas. Nos levantamos ya hastiados, tras el sueño, porque ni soñar podemos. Y esa sensación de fatiga angustiosa, se contagia a nuestros pasos y a nuestro caminar, que se hace arrastrado y tedioso.

Sin embargo, tenemos una posibilidad única que es la de hacer nuestro paseo en harmonía. Podemos alegrarnos de la vida y contagiarnos de una sensación en positivo que no nos arrastre más. Cuesta. Lo sé. A diario, los pesos que nos cuelgan en la mochila acaban por fatigarnos y, lo que es peor, en un momento dado, por debordar el ánimo del caminante que no puede ya con tanta carga. Hay que ir vaciando de vez en cuando esa mochila.

Hay que hacerlo con una sonrisa compartida. Con una emoción vivida. Con un sueño esperado o con un rencor olvidado. Sé que cuesta, que cuesta muchísimo. Pero podemos dejar abandonados en el camino aquellos temores que nos arrinconan, aquellos rencores que nos hacen más pequeños, aquellas tristezas que se grapan al corazón y crean heridas que nunca cicatrizan. Todo eso podemos hacerlo, si estamos convencidos, y es tan sencillo y tan difícil a la vez, como batallar por nosotros mismos y por nuestra vida, que se puede regar de pequeñas historias que nos lleven a la felicidad. Por eso, vengo a decirte, como otras tantas veces, que nadie navega en las aguas de nuestras almas como nosotros mismos.

Que somos capitanes de nuestros días y nuestros mares, de nuestros cielos y de nuestros mañanas y de que estoy convencido de que serás capaz de despertar esa sonrisa y tripular con fuerza a tu futuro. No podemos estar condenados de por vida a no vivir. No podemos esperar a que mañana sea como hoy. No podemos frenarnos en nuestro empeño de alzar el vuelo. No podemos dejar de querer, porque en la obligación de nuestro propio destino tenemos que batallar con el empeño de que somos los primeros y auténticos protagonistas de nuestra vida. No vuelvas a sentirte mal, no vuelvas a levantarte cansada, no dejes que el hastío se apodere de ti cuando abres los ojos ni se te llenen las legañas de tristeza, que no te dejan mirar al cielo.

Al revés. Batalla desde hoy por mañana, camina con paso firme, decidido, valiente. Con ganas. Con una sonrisa en la cara y la felicidad agarrada a la mano. Y comparte con todos tu paseo, haciendo que su caminar sea tan dichoso como el tuyo. Muchas de las penas que hoy cargas en tu mochila, se caerán por el camino, en cuanto empieces a caminar. Aunque al principio los pasos vengan cargados de sobrepeso.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14. "Bendita locura" En la limpieza de fotos, anoche, volvió a aparecer el bueno de Paulin...