jueves, 27 de junio de 2013

HUBIERA SIDO


Me senté en el banco, en lo alto de la cima y respiré. Dejé que sobre mis hombros cayera la fuerza del cielo nublado, gris plomizo, y agradecí aquella chaqueta en la que me acurrucaba contra el viento que venía del futuro. No trinaban los pájaros, pero la hojarasca de los árboles golpeaba con fuerza contra mi destino y se perdían, como un llanto incesante las hojas que caían del último otoño... Eché de menos una bufanda que no me quebrara la voz. Y quise, por un momento, entre suspiros y deseos, como el loco que da de comer a las palomas acompañado de su honda soledad, ponerme a hablar en voz alta y decir mis proclamas sin ecos ni testigos.

Hubiera sido capaz de ponerme a gritar hasta que las nubes se despejaran en el horizonte. Hubiera querido que mi voz no se quebrara y lanzar mis deseos al viento, dejarlos atados en un hilo de esperanza para que el viento les hiciera ondear y se perdieran hacia todos los rincones del mundo. Hubiese deseado que el mar se detuviera, que las olas no batieran más contra el precipicio que crecía a mis pies, y que de repente, todo ese oleaje de espumas blancas, fuera la tabla rasa de un azul colonial que se perdió en mi memoria.

Hubiera sido capaz de ponerme en pie, sobre los pesos de mi cuerpo cansado, aguantado por las piernas que como dos troncos se clavaban en la tierra y se perdian dentro de la hierba. El suelo verde, el horizonte y el cielo azules, y yo, sentado en el banco, encima de la cima, respirando aquel viento helado que me golpeaba en la cara.

Me imaginé así. Hoy, esta mañana, al salir caminando, entre ruidos y atascos. Me imaginé quieto frente a la intensidad del calor que se aviene y mi paseo lento y sosegado, resaca de una noche de menos sueño. Me soñé conmigo, sentado en lo alto de aquella montaña, entre los brazos de mi soledad dedicándome un silencio. No deseé nada más. Imaginarme allí, como en aquellos caminos perdidos de Glendalough, donde perdí la sensación de vivir. Así, ahora, mi camino se detuvo entre mis deseos. Y deseé quedarme quieto, inmóvil, callado. Absorto. Dejando que mis ojos se perdieran en la raya final de aquel cielo que no se caía. Quise que la vida se detuviera, que el viento siguiera con fuerza batiéndose contra mis ojos cansados. Y soñé, de nuevo, otra vez. Volcí a imaginar, volví a la esperanza... A una esperanza, que como el mar, se batía contra el precipio donde se apoyan mis pies...

miércoles, 26 de junio de 2013

NI SIQUIERA EL CIELO



Anoche, en mitad de la noche, en mitad de la luna que tanto se acercó al mar por San Juan, mirando frente al ordenador pensé por sorpresa en ti. Lo hice de manera inconsciente, sin saber por qué. Me acudiste al pensamiento como otras tantas veces, en las que sin saber por qué, de la misma manera que soy capaz de ponerme a cantar canciones que no sé con que razón renacen en mi voz, apareciste en mitad de la noche. Y al rato, volví a ti. Y te mandé un mensaje preguntando si siempre bien, porque sabes que a veces la cabeza o el corazón me llevan a pensar en cómo te va. Y me respondiste si de nuevo tenía una corazonada y te dije que sí. Me dijiste que parecía un mago, que tu noche se había nublado, que no tenías estrellas, que se te iba el día entre rabias y penas. Y que como un brujo me colaba en tu cabeza y te arrancaba de los sentimientos una sonrisa. Así, en mitad de la noche. En la distancia.

Esta mañana, al despertar, me enviaste un mensaje para decirme que siempre te saco una sonrisa, que soy quien te hace reír. Y me dedicaste una canción y un suspiro. Me alegró tu mensaje. Me emocionaron tus palabras. Me gusto saber que te hago reír, hasta en los momentos más difíciles. Y me sentí cómplice de tus penas silenciadas y compañero de viaje para el camino. Pero sobre todas las cosas, sobre las rojas y las azules, sobre las cercanas y las lejanas, por encima de las que existen y de las que imagino, me alegró saber que te alegro, que te aporto la sonrisa, que te doy felicidad...

Llevo de la mano la vida. Camino por senderos de felicidad y busco solo el mañana, sabiendo que llegará antes de lo que espero. Ando con fuerza contra la muerte que no quiero que me alcance y batallo por transitar la vida entera al lado de la gente que me hacéis feliz, de la gente que me hace sonreír, de la gente que es capaz en mitad de la madrugada, de quitarse su sueño para escuchar mi palabra, de quedarse sin estrellas por bailar junto a mí en el precipicio contra el que chocan los mares lejanos, de perder su agua cuando más sed tienen porque yo necesito un trago más de esperanza... Y así, intento, caminar de la vida, regalando lo que me dan. Dejando mi sueño por tus desvelos, mis estrellas como alfombra para que camines, mi agua repicando en el corazón donde se mueven tus alegrías y tus emociones...

No me parece que haya nada más bello que la amistad. No creo que nos queden más motivos para vivir que el de hacer el bien al que tenemos al lado, que no nos queden  más razones para hacerle un daño al que nos rodea... En positivo siempre. Y en la memoria, sin olvidos ni sin contigos, por los que camina la vida. Me alegró tu mensaje esta mañana porque me dio motivos para saber que aún aporto, que aún soy capaz, que aún hay sonrisas que nacen de mis voces, que aún quedan esperanzas para los mañanas, que aún vale la amistad como moneda de cambio. Nada tan fantástico como desvelarse por alguien lejano en mitad de la madrugada y que la mañana sea un agradecimiento. Nada igual. Ni siquiera el mar. Ni siquiera el cielo.

martes, 25 de junio de 2013

MINUCIOSOS DETALLES

Leí algo esta mañana que me recordó aquello que tantas veces dije: que la felicidad no hay que buscarla, hay que sentirla. No lo escribían así, pero en resumen la sensación, al menos  la que yo me traje, es esa. Lo digo a menudo, nos han inculcado tantísimo que hay que ser felices, que la felicidad puede alcanzarse, que podemos lograr la felicidad y que hay que encontrarla, que cuando la tenemos al lado, como un lazarillo fiel, la desechamos con una inconsciencia extraordinaria.

¿Cuántas cosas somos capaces de tener al lado y no percibir? ¿Cuántos pequeños detalles se nos escapan a diario sin ser conscientes de que transitan por nuestra vida, como una suerte de destino personal? Respiramos un aire que no apreciamos, latimos un corazón que no escuchamos, andamos caminos que no miramos y soportamos sobre los hombros cielos que hace tiempo ya no disfrutamos. Se nos va la vida entre suspiros y anhelos, pero somos incapaces de comprobar que cada pequeño detalle de la vida, nos aporta esa felicidad que nos han vendido como obligatoria.

No hay que perder más tiempo, porque este huye con una fiereza que descompensa el alma. El futuro viene, se trabaja, se dispone, se orienta, se alegra, se mejora, pero viene solo. El presente es lo que se nos fue ya, se nos va veloz, con una atrocidad casi inhumana. Del pasado hay que sentirse orgulloso, pero nunca esclavo. Y así, en la vida, la felicidad puede acompañarnos, de la mano, cada día, sin mayor tesón. Sin menor esperanza. Sin mayor obsesión.

No muramos por buscar la felicidad para vivir. Seamos capaces de vivir con templanza y esperanzados, con alegría, disfrutando de esos pequeños y minuciosos detalles que vienen con nosotros, a diario, tantas veces invisibles. Pintemos de color su invisibilidad y batallemos por reivindicarlos como los excelentes compañeros de viaje que tenemos para seguir caminando. Hacia ese futuro mejor que todos queremos y que no hay que buscar, vendrá de la mano de nuestros mejores deseos. Batalla cada día por hacer feliz al de al lado, al más cercano, y él será cómplice de tu felicidad. Y así, como una contrarreloj, la felicidad surcará el futuro para plantarse a los pies de este presente que compartimos.

lunes, 24 de junio de 2013

CUANDO ERA PEQUEÑO



Cuando era pequeño, nadie me dijo que tendría que pensar el resto de la vida. Me dijeron que tendría que saber sumar y restar, me enseñaron a colorear sin salirme de las líneas, que palabras se escribían con "h" y cuáles las echaban para siempre. Me enseñaron que Ankara era la capital de Turquía y que al tercer día resucitó. Me enseñaron en casa a ser buena persona, a ser buena persona dentro y fuera de casa. Pero no me dijeron nada de que tendría que pensar el resto de la vida...

Cuando era pequeño no me obligaban a buscar la felicidad, porque me la traían en bandejas de madera, a los pies de la cama. Sólo tenía que despertar buscando excusas para no ir al cole, o imaginando qué bocadillo tendría a la hora del recreo. A veces, por ímpetu extremo, ni podía esperar al patio y abría tímidamente el papel de plata por la punta del pan adivinando qué tendría poco después.

Cuando era pequeño, la lluvia me parecía un juego, la muerte un paradigma, la vida algo corriente, y mis días se perdían entre balones en la calle, libros en la escuela, nubes en el cielo... Pero me hice mayor. Y descubrí que las piernas pesan más tal y como avanza el día, que las noches nos cubren de insomnio, que las horas se caen, que la vida pasa, que los sueños se marchitan si no los riegas, que la felicidad se siente, ni se busca ni se tiene, que somos pasajeros sin pasaje, que las tardes se cubren con unos cielos preciosos cuando cae el sol, algo que cuando era pequeño me maravillaba y ahora me hace pensar... Pensar... Pensar. Aquello que nadie me dijo, cuando mi infancia era un motor que rodaba el tiempo hacia atrás, que tendría que hacer...

Ahora miro hacia atrás. Compruebo como cuando era pequeño se me iban de la mano los sueños con una imaginación volátil, absoluta, despreocupada. Cuando era pequeño mi paseo era al trote, hasta el siguiente paso de cebra, que quería siempre cruzar. Y al hacerme mayor, con mi Peter Pan a cuestas, sin campanillas ni capitanes, quiere volar con la misma fiereza de cuando era pequeño.

Y aunque a veces no puedo, no lo consigo, no me dejan, sigo en mi empeño de pensar de manera inconsciente pero racional, dedicarle poco tiempo sin dejar de estar todo el día haciéndolo, descansar mirando al cielo, donde me tumbo a pensar otras cosas que no me hagan pensar... Y así, regreso a mi niñez, aquella infancia sin patios ni Sevillas, donde nadie me dijo que tendría que pensar... Pero pienso, y hace que todo sea más lúcido, más bello, mejor...

Cada vez que pienso, sueño. Cada vez que sueño, vuelo. Cada vez que vuelo, mi sonrisa se alza hacia el cielo con unos ojos radiantes que miran entre brillos y esperanzas... Sigo mi camino, andando con mis desvelos, y pensando, así, de esta manera que me trajo la vida... Porque cuando era pequeño, cuando era pequeño, nadie, nadie me dijo que me tendría que pasar la vida pensando...

viernes, 21 de junio de 2013

LA ÚLTIMA NOCHE DE LA PRIMAVERA

Me levanté con una sensación extraña. Con un hombro dolorido, por el traslado en Mislata de la virgen peregrina, que nos dejó unas cuantas horas solo para caminar, lo cual es fantástico. Me vine con resaca de pena, creo, de soledad, de tristeza, de cielo gris a trabajar. De inquietud. Así me lo dijo Pilar en el despacho discotequero de esta radio donde van pasando nuestros días de trabajo... Inquietud me dijo. Eso es inquietud.

Ayer subí las escaleras de casa dándole vueltas a la cabeza. Venía de cenar con el pasado en el Fosters del Ayuntamiento, de tomar una copa en el Casa Blanca de la calle Ruzafa, de ponernos al día, por si quedaba algo que poner... Y me encontré con la sensación alegre, del reencuentro, de la confianza perdida, que parece nacer de nuevo, de la amistad recogida... Así con todo, con ello. Hay persona que es importante en la vida de uno. Así nos lo dijimos ayer Aurora y yo, vía whatsapp, que seguimos viéndonos desde la distancia sin poder olvidarnos de la infancia que nos trajo aquí. Y de la divertida y alborotada adolescencia.

La cena de anoche la habíamos pactado desde hacía días. La fuimos cuadrando con un mimo absoluto en las palabras y nos encontramos, sin mirarnos casi, en la puerta de la noche que se abría a la palabra. Nos dijimos dos cosas de rigor, nos contamos de dónde veníamos y enseguida dejamos el tema sobre la mesa. Las cosas hay que decirlas claras. Me sorprendió muchísimo su primera respuesta, me sorprendió casi tanto como me dolió: "Va, Jaime, reconoce que te rallaste y se acabó.". Y eso me dejaba pocas puertas a nada. Así que dejé que mi carne se enfriara sobre el plato sin dejar de vomitar uno tras otro los recuerdos y los momentos que me habían confinado a la nada. Creo que se lo llegué a decir. Creo que sí. Que pocas personas me habían importado tanto en mi catálogo de amistades, que me sentí solo, arrancado en el olvido, del que a veces, con un gesto tranquilo, confirmaba con su cabeza que sabía que mi dolor, aquello que fue rabia, pues a lo mejor tuvo motivo de ser. Y fue, para mí almenos.

Se me quedó grabada una frase que dije, nunca he pensado que citarse a uno sea lo más elegante, pero me acuerdo de un "cuánto tiempo hemos perdido" que se me escapó con un suspiro entre la rama de canela  y la naranja del ron con cola servido en el fresco de la última noche de primavera.

No sé hacia adonde irá a partir de hoy esto. Me he despertado con esa inquietud, sensación extraña absoluta, de saber que ayer nos dijimos muchas cosas, pero no saber ya si valdrán de algo, si cambiarán nada, si quiero que lo cambien... Siento una sensación extraña (inquietud, dicen) que me hace pensar constantemente en ayer, porque me sentí por momentos casi como un desconocido que en mitad de la noche se encontraba con otro al que abordar con los problemas de su vida. Y solo faltaba lluvia en la calle, para hacer que fuera ficción. Llevamos más tiempo en el silencio que de la mano.

Tengo una pena absoluta de haber mirado ayer a antes de ayer con tanta distancia, porque anoche rebrotaban días pasados, intensos como comprobamos, en los que la felicidad compartida y la amistad habían hecho que el camino fuera fantástico. Y me fui a casa, me llevó en aquel coche, con la sensación de no saber dónde estoy, ni hacia adónde dirigirme, ni si hay ahí ya algo más...

Ayer, o antes de ayer, casi como una jugarreta del destino, escribía en facebook la letra de aquella canción de Sabina en voz de Ana Belén que dice: "En Macondo recordé que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...". ¿Y si fue un error volver a antes de ayer?

Quiero pensar que no. Que pude volver a sentarme con aquel amigo enfrente. Que compartimos nuestras miradas distraídas y una muda timidez. La inquietud, se cierne, porque ayer fue fácil volver a hablar. Porque ayer se cerraron definitivamente algunas heridas, pero nuestras vidas, me parecen tan lejanas ahora mismo, que no sé si cada uno prefiere seguir con su salud recobrada... Me duele. Me inquieta (que me han dicho). Calculo que será eso... No lo sé. Pero mereció la pena compartir mesa, recordar días pasados (que fueron una pasada), revivir momentos y... ¿quién sabe? Nunca te he tenido rencor, me dijo. Ni yo a ti. Y es verdad... ¡Cuántas cosas que no nos hemos dicho todavía!


jueves, 20 de junio de 2013

EL ESCONDITE DE MI ALMA



Hay días que solo te levantas con ganas de que pase el día, pero otros tienes la sensación de que pasará algo bello, algo importante, algo especial... Hay días que te puedes sentir en lo más alto y, otros, en lo más bajo, de esta montaña rusa que es la vida... Piensa siempre en ello, en que vives. En que te mueves. En que oscilan tus sentimientos y tu vida es capaz de explotar como un volcán. Y dále más valor a tu corazón, mientras dejas descansar tu cabeza... Siéntete siempre afortunada de tener la gran suerte de vivir, de sentir... De ser.

Cada noche, al dormir, los sueños ocuparán tu alma. No dejes que la pesadilla se apodere de los cielos estrellados y sueña también al despertar, porque esta vida tan injusta, que tantas piedras te pone en el camino, que tantos escalones te hace sentir, han ido haciendo que con cada embiste fueras más fuerte, más tenaz. Que lograras alcanzar cimas más altas por las que siempre tienes que sentirte satisfecha, contenta. Única.

Yo, escondido desde la lejanía, desde esta atalaya colorida y viva desde la que, como una cascada inmensa, caen mi optimismo y mi buena voluntad para hacer que tu sonrisa sea mi espejo, te digo que poca gente conozco tan fuerte, tan especial, tan intensa, tan maravillosa, tan capaz... Somos capaces de muchas más cosas de las que creemos. Nos sentimos doblados a menudo, con las miserias de nuestros días y las pobrezas de nuestras esperanzas, desesperados por encontrar un equilibrio pobre donde no nos pase nada. Y aspiramos tristemente a eso, a que por nuestra vida la tranquilidad pase por pasividad, a que no nos suceda nada, a que nada nos acompañe en el día a día, porque tenemos un temor horrible a que cualquier cambio nos sacuda aún más esta cabeza repleta de pesadumbres...

Grita, alza tu voz contra el cielo. Clama. Vive, en definitiva. Siente cada segundo de brisa que pasa por tu cuerpo como un aliento de quienes siempre estaremos a tu lado, buscando tu felicidad junto a la nuestra, como si no hubiera mejor futuro para este mundo. No te consientas pedirle a la vida que te dé tranquilidad: batalla contra los embistes, siente la fiereza de mi optimismo reconvertido en tu necesidad, y de la mano, camina hacia adelante, mirando atrás siempre con orgullo y adelante con ilusión y con esperanza. Aquí, desde el escondite de mi alma, despierta y ruidosa, se alza mi voz en silencio para acompañarte. Para decirte que adelante. Que hacia arriba. Como cuando compartíamos columpio en la niñez, para que nuestros pies subieran al cielo. Que cada vuelta en esta montaña rusa de la vida es una experiencia inalcanzable para aquellas personas que no saben vivir la vida. Pero tú, que me enseñaste desde niño, a confiar en mí y en tí, solo tengo para ti estos brazos que empujen fuerte tu columpio hacia el cielo, que se pierde entre azules intensos, que hoy no ves, y nubes esponjosas de ensueño que te están esperando para que te decidas a decir que sí. Que hoy sigues batallando tú. Que hoy, la vida, sigue siendo tuya y que caminas por ella con una fortaleza de la que los demás nos sentimos profundamente sorprendidos... El día se despierta contigo y para ti.Hay días que solo te levantas con ganas de que pase el día, pero otros tienes la sensación de que pasará algo bello, algo importante, algo especial... Siente que así son el resto de los días de tu vida, que en parte es la mía.

miércoles, 19 de junio de 2013

TAN FRÁGILMENTE...



En mitad de la mañana llega una brisa del mundo verde contándome que alguien extraño, lejano, desconocido, ha empezado mal su día. Pero arremete con fuerza en contra de nuestros destinos y decide que se quedará pendiente de los pequeños detalles y que cubrirá con ellos el horizonte de su mirada a lo largo del día. Que lo que le queda hasta la noche, ha dicho, lo va a vivir de otra manera, más optimista, más detallada, más dedicada... Escribo en un avión de papel mi mensaje y se lo mando, mar adentro, sin que naufraguen los buenos deseos con que recargo a diario mi alma: preocúpate, le digo, siempre de los pequeños detalles, porque la vida te traerá todo lo demás... Y si somos capaces de vivir con intensidad cada uno de esas minuciosas cosas que nos pasan, empezaremos a comprender que en cada embiste de la vida, que como olas rompen contra las duras rocas, hay algún punto de deseo, de futuro, de esperanza...

La actitud con que nos enfrentamos a nuestro día marca mucho, aunque no lo creamos el desarrollo del mismo. La época nos empuja a sentirnos derrotados casi desde que despertamos y poner el pie en el suelo, descalzo, desnudo y frío se convierte en un esfuerzo sacrificado porque no tenemos ilusión muchos días por iniciar la jornada.

Yo sin embargo te invito a que saltes de la cama. A que los dos pies toquen a la vez el suelo. A que el día comience con una energía feroz que no se diluya en las horas. A que los embistes no te los dé la vida, sino que los resuelvas tú con una sonrisa que no desaparezca nunca... Si lo pensamos fríamente, nuestros problemas no lo son tanto como nos parecen. Los que no tienen solución, no son problemas, no son piedras que podamos saltar, directamente son cosas que nos pasan en la vida, insoldables, infranqueables, difíciles puede, pero parte de nuestra vida. Las que tienen solución, solo esperan a que emprendas el camino y desees arreglarlos. Esos, aunque no nos lo parezca, son mucho más sencillos, porque cuando una cosa tiene solución solo hay que batallar por arreglarla, por emprende el trabajo para mejorarla, para cambiar nuestras vidas y que sean más felices... Tan frágiles como un avión de papel que surca el mar, puede, pero tan contundente como las rocas contra las que batalla ese mismo oceáno...

martes, 18 de junio de 2013

TORMENTA DE PRIMAVERA

Cayó la lluvia. Y calló el mundo. Se limpiaron las calles donde la pobreza raquítica busca salida entre riachuelos de miseria y el cielo limpio el aire, que fue más puro que nunca. Llovió. Cuando no lo esperaba nadie, llovio. Y se hizo un grito de esperanza, en mitad de la noche, que nos invitó a pasear cogidos a nuestro destino, bajo la incesante lluvia que todo lo cubría.

Así, con ese optimismo descarado, deberían regresar las tormentas del optimismo, para alcanzarlo todo y para hacer que, desde ahora, creciesen veloces los caminos del mañana, las esperanzas del futuro, los deseos y los anhelos que nos remuevan la vida desde las entrañas hasta el corazón, con una sola ilusión: la de ser mejores cada día.

De igual manera que ha llovido incesante la noche, que ha dejado ver las estrellas con una claridad absoluta, al despejarse en la madrugada, igual que se cubrió de nuevo el cielo para regalarnos un día nublado y plomizo, que no cae en abril, sino en esta primavera relegada; así, de igual manera, deberíamos de ir caminando por la vida, distribuyendo nuestros claros y nuestros oscuros, nuestras tormentas y nuestros soles, nuestras brisas y nuestros hastíos... Hay que ir caminando disfrutando del camino, hay que pasear por la vida intentando descubrir cada detalle, cada minucioso detalle, que es un regalo al final para quienes gozamos de vivir...

Gozar de vivir, ser felices con lo que tenemos, sin conformismo ninguno, que no me gustan, pero subrayando el valor máximo de que todo lo mínimo que tenemos ya es algo para emprender el camino. Para compartirlo, para mejorarlo... A menudo pasamos por la vida como una tormenta de primavera, veloces, sin lógica, sin espera ni esperanza; y perdemos así la perspectiva de que tenemos ante nosotros un mundo repleto de colores que nos pertenece. No te entristezcas cuando se nuble todo, los colores brillan más. No sufras el desconsuelo cuando tu vida no tenga un sol que la ilumine, porque si miras alrededor encontrarás que siempre habrá quien te dará la mano y te acompañará, como anoche, bajo la tormenta. Esperando que amaine el temporal y de nuevo solo se vean las estrellas. Aquellas estrellas lejanas del cielo que se mueven lentas por el universo...

NOCHE LLUVIOSA. KUALA LUMPUR.


Ha sido una noche de tormenta. Sin venir a cuento. Ni siquiera las previsiones meteorológicas, que tantas veces fallan, fueron capaces de avisarnos. Y sin embargo, al salir de la sede, de la reunión ejecutiva del mes, arreciaba el agua con una vehemencia intranquila. Me fui hacia casa mojándome bajo la lluvia, con el cansancio a cuestas después de un lunes, que venía de un domingo cargado, de un sábado de boda, de un viernes de cumpleaños... Así fui. Caminando bajo la lluvia, sin paraguas, después que Blancas me dejara en la esquina de Gregorio Gea y me fuera, bajo los balcones, a buscar la cama. Me fui con un insomnio y un capuccino. Jugué al triviados con Alejandro en la distancia y me dormí, entre truenos lejanos y relámpagos espaciados que me regalaron un momento de brisa fantástico.

El domingo olvidé ir al bautizo de Ana y Jose, hijos de Ana y Jose. Hay cosas que no se pueden perdonar, y ésta es una de ellas. Mis amigos, que lo son por lo buenos que son conmigo, me lo han perdonado, me han excusado y me han dado hasta razones para no poder acompañarles, pero no se imaginan lo mal que me supo. Mi cabeza, que anda tan cargada de historias y de cosas, que fallo en las elementales, las básicas, las cercanas... En fin. Que lo siento mucho y que mis sobrinos ya tienen algo más que reprocharle a este tio, que se hace mayor a destajo.

El domingo por la tarde tuve procesión. Regresé a casa y me cené una pizza: no andaba con intenciones de cocinar mucho. El lunes me desperté con la báscula y una sorpresa: en un fin de semana he adelagazado dos quilos y medio. Si eso no es actividad, que venga Dios y lo vea. O quien pueda venir, que todo el mundo anda con las agendas a tope... Almorcé en Torrente, con Vicente y Paco, además de Leo. En coche nos pusimos al día yendo y volviendo. De regreso a la radio, pasamos por Casa Rosita. Y seguimos sobre ruedas hablando de nuestras cosas, hasta que de repente se cruzaron dos palabras en mi imaginario que dejé en las manos de Leo: "Kuala Lumpur".

En las últimas veinticuatro horas, he repetido inconscientemente tres veces estas palabras y dos más de manera consciente. Además las he escrito en dos ocasiones más: wikipedia y google maps. "Kuala Lumpur". Afuera debería de seguir lloviendo, para que este momento fuera ya fantástico...

La lluvia lo inundó todo, toda la noche, cubriéndome de felicidad.

Ha sido una noche lluviosa. Hacía mucho que no sentía los vientos de la tormenta al dormir, ni que me despertara cuando el agua arreciaba. Hacía muchos años que no era capaz de disfrutar como hoy de un cielo cargado de nubes que anunciaban más agua... Y hoy, al salir a la calle, descubrí que mi ciudad parecía otra. Que el cielo triste, a mi hoy no me daba nostalgia... Y sin saber por qué, recordé Londres, y me fui al año nuevo de 2010. Y entonces recordé a Luca, aquel cantante callejero que cantaba tan bien... Y sentí de nuevo la felicidad en el corazón. Cuando vuelva a casa, buscaré el disco y dejaré que suene bajo la lluvia...

Es martes, después de un lunes intenso, lleno de reuniones, comisiones y cenas en el partido. Es el martes después de la tormenta. Es el martes, antes de muchas cosas... Que irán pasando.

domingo, 16 de junio de 2013

JAVI Y VERO

Estoy apurando este domingo mirando el reloj para conseguir irme a dormir cuanto antes. Me apreta el cansancio y mañana, irremediablemente, ya es lunes. Tengo ante mí abierto el texto de la obra de teatro con que vamos este año a escena, un palo de helado de al mediodía, ahora he cenado pizzaa. Y un mechero, que uso para encender inciensos. En la tele, la Sexta le da otro sentido a la palabra "objetividad". No es nuevo, es otro. 

El viernes fui a la radio, acabé mi programa y acudí a comer a casa. Me trajo Leo después del "Valencia Abierta". Subí a casa, preparé algo de comer, unas patatas asaadas y un ajoaceite, que desde el primer momento supe que no iba a cuajar. Eché la tarde en casa y me fui a Valencia a recoger el chaqué para la boda de Bausá y Vero. Me compré una cámara de fotos, porque la echaba a menudo en falta y regresé a casa corriendo, para ducharme, cortarme el pelo y plantarme en casa de mi hermana para ir a cenar con Óscar y Edurne, Papá y el cumpleaños de mamá.


Cenamos en "El Rincón", de Blasco Ibáñez y sopló la mamá una tarta sorpresa de 67 velas, con Edurne vestídisima de ibicenca y creciendo a marchas forzadas. Pasamos la noche, cenamos de maravilla y me llevaron a Gran Vía, Rosa y Óscar con la pequeña Edurne que saludaba desde la ventanita de detrás. Sigue siendo mi pequeño tesoro.

Me entré en Cyrano y esperé. Llegaron al rato Borja y Lorena, Miguel Ángel y Moni, Adrián y Alba, Selu y su amigo Fernando. Nos pusimos en la parte de arriba y nos tomamos una copa y unas risas. Unas cuantas risas. Seguimos en la calle, bajo el calor de un junio que reniega de primaveras y Borja y Lorena me llevaron a casa. Nos dieron las tres largas de la madrugada hablando en la calle. Y al día siguiente a las nueve y media tenía cita en la sede del partido para un taller de redes sociales que hemos organizado. Desayunamos en la sede y nos pusimos al día de twitters y facebooks. Luego almorzamos en el casino y me acosté sin comer para echar una siesta antes de la boda.

Me puse la camisa blanca y la corbata roja, el chaleco crema y los pantalones rayados. El chaqué negro y el pelo engominado. Cogí la boda, repasé que llevara todo en orden y salí a la avenida del Cid buscando un taxi, que casi me encontró a mí. Llevaba la carpeta roja con lo que escribí para la boda y los nervios enganchados al estómago, de repente. Llamé a Bausá por teléfono y le dije que esto ya estaba...


Y así fue. Me encontré en la Pantera Rosa con Ángeles, Dani y Marta, Ana e Iván, Sergi y Laura. Nos recogió el autobús y prendimos camino hacia la Vallesa de Mandor. Llegamos y nos instalamos. Tuve el tiempo suficiente en el atril para respirar unas cuantas veces profundamente, sabiendo que teníamos por delante una boda para la que habíamos pensado muchos detalles que quería que estuvieran también en la ceremonia.

Hablé de Vero y de mí. De Bausa y de mí. Porque sólo así podía explicar mi implicación personal en la boda. Hace unos años Javi me dijo que echaba de menos salir en estas hojas perdidas, un detalle que inconscientemente cumplía. Luego hubo un tiempo que no se nos perdía nada juntos. Y ahora, desde hace unas semanas, hemos reemprendido la marcha del camino juntos. Sé que hemos hecho los dos un ejercicio atroz de velocidad para llegarnos a tiempo. Pero llegamos y mereció la pena.

Hubo mucha gente que se acercó a darme la enhorabuena por la boda. Sentí que era la más estudiada de las que he celebrado, en las que más había pensado porque como les dije, quería que fuera la más especial de la vida. Esta vida que tantas vueltas da, que ahora nos tiene juntos, y que no sé que vueltas dará. En cualquier caso: espero que sean juntos y hacia adelante.


Fue una noche de fiesta, con mucha gente de la falla. Me la pasé mano a mano con Angelita y Richard, con Isra un buen rato, con Adrián casi toda la noche. De confidencias, a ratos también. Con Lorena. Con Borja cantando por Sabina. Con las Cuesta, con quienes tengo trillones de fotos... Una noche a tope, divertida y entretenida... Muy entretenida. Y especial, vaya que sí.


Vero estaba radiante, alta y guapa como siempre, descansada después de la ceremonia y emocionada desde que comenzó a caminar hacia Javi. Javi, necesitaba pasar el trámite del enlace, deseando que todo fuera de éxito. Y lo fue. Me gustó ver que la corbata azul celeste le quedaba de maravilla, fue un detallazo que me mandara la foto cuando iba en el autobús. Por eso decía como nos mimamos ahora, que es fantástico, y ojalá no se pudra con el paso del tiempo, como no se les puede oxidar este amor... Que mañana va camino de Dubai.


La boda, que marcó una fecha en el calendario, al final nos ha servido para acelerar la vida, algunas cuestiones de la vida, desde luego. La boda fue una fiesta en toda regla, con ganas, con emoción, con ilusión,... Con cosas bonitas. Qué maravilla la vida cuando nos trae estas sonrisas.

Y de risas unas cuantas, como dije con Richard y con Ángeles, tan a mano. Tan confidentes Joana y María, que cogieron aire a la sombra de un olivo en mitad de la madrugada. Ángeles se fue a casa con David y Carol (y se llevó mis llaves). Llamé a su teléfono sin batería y luego me devolvió la llamada y el mensaje. Tuvo que quedarse despierta mientras el autobús nos traía al día. Cogí un taxi con Adrián, bajé con mi chaqué andando por Ruzafa y recogí las llaves. En Peris y Valero el calor ya picaba cuando conseguí el último taxi...


Hasta que llegó fui adivinando matrículas, condicionando algunas decisiones de madrugada nupcial a los números si aparecían, como hago tantas veces. Si aparece un 13, voy hacia allí. Con un 6, tengo que hacerlo. Si es impar, paso... Y de una manera casi cómica se alinearon los planetas para que fuera tomando decisiones. Me subí al taxi y regresé a casa, con hora ya de mañana dominguera.

Antes de irme a dormir, se me caían los ojos, de verdad, mandé el último mensaje. Un mensaje que quería mandar desde hacía tiempo. Calculo. Me acosté y sonó al rato el whatsapp. Bausá me preguntaba si estaba ya en casa y me daba las gracias por la boda. Le contesté, al recién marido, peleando contra mi sueño.

Pd: Esta tarde recibí otro mensaje, al respecto de mis palabras de ayer en la boda, que pudieron despertar otra sensación. Y me lo dijeron, me lo hicieron saber, porque así le nacía. Y se agradece. Mucho. Nos cruzamos un par de mensajes y nos dejamos el camino por delante para ponernos a caminar... Y ese camino será fantástico. Estoy seguro. Enhorabuena a los novios (a veces, las bodas, vienen con una fortuna bajo el brazo).

jueves, 13 de junio de 2013

NUBES, AL FIN Y AL CABO



Somos gente afortunada. No lo pensamos casi nunca, pero lo somos. He viajado algo por el mundo y me he encontrado ríos de miseria. He mirado al cielo desde todos esos rincones y el azul es parecido, las nubes sobrevuelan de igual manera, a distinta velocidad puede ser; pero nubes, al fin y al cabo. Pero abajo en la tierra, donde las manos curtidas aran la pobreza y los sueños caen contra el suelo por un principio de gravedad más grave que en ningún otro lugar del mundo, allí, en el suelo, en la realidad, se mueve la vida de muchas personas cuya fortuna realmente murió antes de que ellos mismos nacieran.

Nunca es un consuelo que ante nuestra tristeza habrá alguien más triste, que nuestras lágrimas son pocas al lado de los ojos secos que ya ni lloran; que nuestro dolor es inmenso, pero menor que el de aquellos que sufren sin conformarse nada. No hay consuelo ninguno, ni debe de haberlo. Pero es una realidad, trágica como la vida, que intentamos batallar con sonrisas y alegrías, que hay quien de verdad sufre con una intensidad amarga y ni tan siquiera tienen voz en la garganta para clamar contra la injusticia.

Nos acostumbraron a buscar la felicidad, a tener que sentirnos felices. Nos obligaron a vivir con todo aquello sin lo que podríamos vivir, y probablemente mejor. Nos obligaron a creer que seríamos todo aquello que tuviésemos, pero no nos dijeron que no hay quien tiene y sigue siendo. Al final, aquellos de cuyo dolor ajeno nos hemos alejado, que se mueven lentos camino de la muerte, para nosotros parecen ni existir, porque nada tienen que necesitemos ni nada les queremos ofrecer.

No es un consuelo, ya lo dije. Pero para estos hijos de un Dios mayor, que viven bajo el mismo azul y comparten nubes similares, la vida pasa de manera distinta. ¡Qué injusto es que no sepamos pues, desde este suelo fértil y arropados disfrutar de lo que disponemos y vivir con la sonrisa en la mirada! Yo aún recuerdo aquellos ojos oscuros clavados con un machete de pobreza contra mi conciencia dormida. Y bajo ellos la sonrisa de la niña que sorprendida se paró ante mí para que viese que nada había, bajo un manto de humedad, más bello que la alegría de su pobreza...

Seguimos condenándonos a diario con nuestras penas y nuestras miserias. Pero si me quieres escuchar, mi optimismo y yo te decimos que aún hay un lugar para la sonrisa. Ahora mismo, ahora que me escuchas, a ti que te hablo, te pido que sonrías. Inténtalo, aunque te duela. Házlo aunque creas que no puedas. Sonríe y piensa cuánto hace que no sonreías... Y verás como enseguida en tu memoria se agolpan momentos felices, bajo un cielo azul plagado de nubes que nos sobrevuelan...

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

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