sábado, 21 de marzo de 2020

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 8.




DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 8.
"Sin aire"
"Lo acabo de ver. Me he emocionado y todo. Tantos días en casa, estas muestras de cariño, me hacen ver que hay muchas buenas personas...". Me lo escribe Carol. Son las 10:01.
Carol es un cuerpo de junco con genio de yunque. Carol es tan buena como firme, tan fuerte como coherente y tiene tanto genio como tenacidad. Nos llevamos bien porque somos de ir de frente, hasta para embestirnos. Y nos queremos porque el tiempo ha hecho su trabajo a base de confidencias y confianzas.
Carol se refiere al vídeo que ayer organizamos a escondidas para sorprender a Ángeles, Judit y el pequeño Alejandro. En el momento en que di "play" la primera vez, una vez acabado, solo en mi soledad, solamente vi corazones. ¡Muchos corazones! Muy grandes, unidos, para dar una sorpresa a unas Falleras Mayores, las nuestras, que han podido con todo. Con esto y con más. Estoy convencido de que, lo escribí hace poco, solo ellas eran capaces de sobrevivir a esto y con la energía y la generosidad además de dejarme a mí sobre la tabla, para que yo no me hundiera. O hundiese.
He tenido cada momento la confianza de saber que ellas no estaban solo junto a mí, estaban detrás mío, apoyándome, para no dejarme caer. Y esa generosidad, incalculable, tampoco se puede agradecer... No hay manera humana. Así que lo repetiré hasta quedar afónico.
Ayer el capitán se sintió orgullosísimo de su tripulación. A toque de silbato, comenzaron a florecer las fotos con corazones. Durante todo el día. Y cada una llevaba tanto amor que hasta costaba descargarlas... Lo dice Carol, lo creo yo: " Hay muchas buenas personas...". Ayer volví a sentirlo.
Y sí. Las hay. Como las hay de malas o de necias. Estoy convencido que esta crisis mundial, esta pandemia de sustos, servirá para apartarlas definitivamente. Yo lo haré. Y si todos lo hiciéramos, ya no tendrían oxígeno... Se quedarían sin aire.
Durante años me he prometido mil veces que dedicaría mi esfuerzo a la gente buena. Y lo he hecho, en gran medida. Pero inconscientemente he dejado también que los "malos" (los tontos, los necios, los zoquetes, los cotillas, los bobos, los imbéciles, los patanes y los distraídos) tomarán parte de mis pensamientos y me obligarán a sopesar, a medir, a tenerles en cuenta... ´¡Váyanse al carajo! Ustedes no tienes ya cabida... No. No les daré más oxígeno. Me lo prometo yo. Y se lo prometo a todos los que creen en mí y que se merecen el tiempo que ustedes restan...
En mi vida hay una inmensa cantidad de gente buena. ¡Brutal! Y lo sé. Y les amo. Y me encanta tenerles... Hago ruido, como me dice Ana siempre (que es esa mujer que pierde la bondad en lágrimas), Y ese ruido acerca a mi vida a gente increíble que suman y multiplican. Pero también, los ecos oscuros de ese ruido dejan más cerca de lo que quisiera a los que no saben sumar... Ellos tienen una oportunidad ahora. La vida les regaló este confinamiento para que se revisen. Para que crezcan. Para que florezcan... Yo no perdería una oportunidad así. No deberían hacerlo..
Es más. No lo estoy perdiendo. Llevo siete días de encierro involuntario entre trabajo, escritos, cocina, whatsapps y examen de conciencia para revisar cuando he pecado de palabra, obra y omisión. Ayer compartí con mi gente buena una coca de llanda que hice para saciar la ausencia. Y hoy, desayuno con un café y con amigos. JJ sigue patrullando las calles, enfadado porque toda la gente no cumple. Lamentablemente, Juanjo este escrito habla de esos necios, egoístas y memos que no saben de generosidad. Y te entiendo. Porque te acaban robando la felicidad de poder ver que esa mayoría que sí cumple, que sí que ayuda, que sí que es responsable, estamos haciendo lo que toca... "Acuérdate de nosotros. Y recomienda (obliga) a no salir" me pide...
Y pienso en hacerlo. En escribir sobre la solidaridad obligatoria de no contagiarnos. Escribir sobre la voluntad de ayudar a los demás y cumplir para que toda esta pesadilla se pase pronto... Pero pienso en la catarsis. En el cambio de sociedad que estoy convencido (sí amigo Fernando, yo también lo creo) que nos traerá esta crisis. En la necesidad de hacer de esta crisis otra oportunidad... Y eso necesita tiempo. Más tiempo. Más confinamiento, más silencio, más búsqueda interior y menos videoconferencia... Por eso, me voy quitando móvil a ratos y buceo dentro de mí... Y lo recomiendo. Con su dolor y con su gloria.
¿Y sabes que más creo Juanjo? Que la gente que lee esto y a la que yo podía obligar a que te hicieran caso, ya te lo hacen. Porque son la gente buena... Y que hay también quien se pasará por aquí, algunos pocos, lo leerán y como todo lo que yo escribo no lo acatarían por llevar mi nombre... ¡Ay el día que facebook notifique que "noséquién" acaba de leerte en tu muro y se ha ido rápido...! (Esta frase le habrá encantado a Ana Ariza. Probablemente habrá gritado sola en casa: ¡Bravo Chaume, Bravo!).
Me escribo con Laura (cómo te echo de menos).
Me regala Lorena unos segundos de Ángel, que son gloria bendita...
Y sigue la mañana... No sé si os lo dije. Ayer hice una coca de llanda que me salió para compartir. Tengo ya apalabrada hacer una más grande para mi grupo definitivo... Qué ganas de verles. ¡Qué ganas!
Suena en casa ahora Massiel: "Eres". Esta canción me trae grandes recuerdos, de un pasado revisado y mejorado. Voy a decretar ya mismo Estado de Limpieza, que ya toca. Tengo dos maletas por deshacer, cuatro trajes de valenciano por colgar y seis sueños por envolver... Mis recuerdos no huelen a pólvora este año. La ausencia, a veces, tan generosa en dolores...
He hecho una lista en spotify: "Diario de una catarsis". Y aunque tecnológicamente soy un ceporro incalculable, la he convertido en lista colaborativa para que podáis incluir vuestras canciones... Las treinta primeras son las que sonarán esta mañana en mi casa. Por si queréis acompañarme... O sumar las vuestras... Al fin y al cabo, la vida se trata de sumar... ¡Bendita las manos que ayudan! (https://open.spotify.com/playlist/75WkgAfUrtpnysTYRNRAqn…)
Le doy al play. Comienza Mina, "Moliendo cafe" cuando el mío ya está olvidado... y la cocina y el estropajo me esperan.
El cielo está nublado. Me desperté feliz...
"Hay tanta gente buena por el mundo". Me lo escribe Carol de nuevo. Son las 10:05 en mi soledad.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 7.


DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 7.
"Veinte"

Vengo más tarde a escribir porque yo cualquier veinte de marzo habría venido más tarde a la vida... Yo no suelo dormir mucho, ni siquiera cuando trasnocho. Si mi cuerpo no se despierta es porque realmente está cansado. El veinte de marzo, como un reloj suizo, siempre lo está. Aunque hay una inercia en él que pide charanga y me empuja con cierta fuerza aún... El 21. El 21 es el día que realmente creo morir...

Me habría despertado con los ojos inyectados en ayer y recordaría el fuego, las calles vacías, la noche ahumada y las últimas palabras... Miraría el polar con ganas de lavadora y la acreditación del balcón me parecería antigua. Iría al baño, despacio, para no despertar a Audrey. Y volvería por el pasillo sintiendo el frío del mosaico en los pies cortados de tanto camino.

Hoy es veinte de marzo. Me despertó la alarma y no recordaba qué tenía que hacer. ¡Ir a comprar! Recordé... Escribí unos whatsapps, releí facebook y me metí a la ducha. Como tocaba a este veinte de marzo, la caldera no funcionaba. Me envolví en el albornoz, salí a la terraza y la reinicié. Y se arregló.

Elegí un suéter que no me quiera volver a poner en semanas. Con las mismas intenciones un pantalón. Y elegí un pañuelo para taparme la boca... Estuve a punto de coger aquél de la noche en Tsomoriri, la peor noche de mi vida, pero pensé que nada debía borrar aquél miedo ni ningún pañuelo merecía sumar una catástrofe como la de hoy... Y salí a la calle. Hay más personas que coches, más mascarillas que sonrisas... El Consum tiene una cola que dobla dos esquinas. Me mezclo en las calles buscando la verdulería y una carnicería. Guardo colas de un metro. El cielo esta espeso y el aire condensado. Amparo me devuelve la fe en el ser humano desde la puerta del ambulatorio. Y compro patatas. Los que estáis aquí no lo sabéis, algunos sí, estos seis días encerrado solo tenía ilusión por comprar patatas... Y las compro.

Cuando regreso a casa lo hago a marcha normal. Mi marcha normal siempre es andar rápido. Subo a casa. Me desnudo en la puerta y meto toda la ropa en una bolsa. Voy directo a la ducha. Salgo y limpio con cuidado mis gafas. Mis manos. Dejé el móvil cuando salí a la calle. Y vuelvo a vestirme con una camiseta que me regalo Moni y poco más... Bueno sí, le mando la foto de la camiseta a ella para que sepa que mi encierro, hoy, es con ellos. Por ser tan bonitos... Enciendo la tele y me recuerdo: "Jaime no has escrito". Y pienso si seguir haciéndolo...

Escribir los días de fallas era evocar días de todos, pero seguir con el "Diario de la Catarsis" sería tan solo contar mi cautiverio. Bueno, podría también contaros cómo me evado de él.. Y no sé qué hacer...

Hoy, veinte, escribo. Hoy sigue siendo un día de falleros. De resaca absoluta. Pero día nuestro... De echarnos de menos y esperarnos de más... Yo hoy, seguramente, habría comido en casa, la casa prestada, o en el mejor de los casos les habría convencido de ir a la playa... Echo de menos ver el mar.

Hace un año, casi un año, cuando me desesperé porque la vida no siempre es justa con uno, y mira que conmigo es generosa en las cosas buenas, me escapé unos días a Moncofa. Solo con mi soledad... Una tarde, me senté en las piedras y abrí una botella de vino blanco que había enfriado con toda la intención del mundo y la serví en un Duralex. Mi hermana me dijo que le hubiera cogido una de sus copas para bajármela, pero yo fui muy claro: "Hermana, el Duralex no se rompe". Aquella tarde aún la recuerdo, la tengo presente a menudo, solo sobre las piedras blancas sentado hasta que no las sientes, un pescador en la orilla, algunas gaviotas de un lado a otro y el fresco que trae el atardecer cuando el sol desaparece... Ese día miré al mar y me prometí ser feliz. Como esta nochevieja en Ibiza, cuando bajé las escaleras y miré de nuevo las olas. Y una vez más, mil promesas...

Miro al cielo y me consuelo... Allí donde él acaba, empieza mi mar. Mirándolo, casi escucho las olas, que me traen mis promesas al recuerdo...

Voy a dejaros ya. Ayer apagué mi móvil más horas y fue un acierto. Hoy me decido a limpiar. El ordenador de fotos, la casa de trastos, la memoria de malos recuerdos... Para eso vale este encierro. Para reiniciarse, aunque sea a collejas... Si escribo de nuevo, os contaré algunas de esas cosas que pienso limpiar...

Por lo pronto, suena Antonio Flores en casa. Me envuelvo las piernas frías con mi manta roja y pienso por dónde comenzar...

Al fin y al cabo, el día veinte, siempre es eso: pensar por dónde comenzar una vez más...

Feliz año nuevo a todos.

jueves, 19 de marzo de 2020

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 6.





DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 6.
"Caravana"
La gente empieza a correr hacia detrás cuando la llama lo inunda todo... El fuego acartona la cara y los ojos notan arder las lágrimas que no llegan a salir. La noche lo envuelve todo y lo protege con un manto oscuro, triste. Y abajo, el caos de los últimos días se evapora entre recuerdos y esperanzas. Las fallas son la única anarquía organizada del mundo. El fuego, nuestro baile inevitable...
He tenido que mirar el número del capítulo de ayer para escribir hoy. Señal de que los días se amontonan y las horas se acumulan. He apagado el móvil porque se me apoderaron anoche tantas horas de pantalla y he decidido que este tiempo libre, me lo tenía que dedicar... A mis pensamientos y a mí. Suena imponente María Callas. La cabeza siempre me ha parecido curiosa y elige canciones, cuando no las elige el alma: "O mio bambino caro". Si no tenéis nada más que hacer ahora, probad. Apagad el móvil y cerrad los ojos, dejadla que suene en casa... Alta y frágil. Y decidme si no tenemos mil cosas bellas cada día que pasan tan desapercibidas que casi ni las mereceríamos...
La noche de la plantà siempre ha sido mi favorita. La segunda, seguro, el momento en que mi mano acompaña a la de la Fallera Mayor para encender la traca. Y con ese ritmo de vértigo sin destino, la mecha recorre el trabajo, el cansancio, las peleas y las alegrías, las emociones, las lágrimas, los sueños, los deseos, las decepciones, las promesas y los juramentos. Las cosas que nunca pasaron y las palabras que nunca dije. Mis arrepentimientos. Todo. Para convertir todo en nada... ¡Bendito fuego!
De niño soñaba en casa con hacer y quemar mis fallas. Las dibujaba y construía en cartón, con mi vecino Igualada, y los empujones de mi padre que me tapaba de los gritos con que mi hermana y mi madre nos intentaban convencer de que no, de que en la terraza no se podía disparar una mascletà. Pero la prendíamos... Y explota. Y yo era el niño feliz que soñaba con hacer sus fallas...
Llegué a Noscarmientas con una libreta y un boli. Escribía para una revista desaparecida un artículo, David contra Goliat, donde oponía la artesana falla de mis amigas (Laura y Ana Cuesta) a la potencia descomunal de Armiñana y su Nou Campanar. Y al abrir la puerta descubrí un ejército de ninots, con bolas de corcho por cabeza, trajes de tela y palos por esqueleto. Clavaban un Pinocho (tu Pinocho, Susi) en el taller y sorteaban botes de pintura, brochas y maderas, clavos y tableros... Todos, todo, con una sonrisa en la cara...
Cuando vas colocando la traca alrededor de la falla te vas despidiendo lentamente de todo lo que pasó. Es como la eucaristía de un torero ante su altar, que se santigua milimétricamente, encomendando su faena a la Virgen que le ha de proteger. El cansancio se disuelve y cae por los suelos y deja el cuerpo relajado, más ágil que los últimos días... y el rostro se pone serio. Y el alma se pone triste.
Cada cremà, cada año, ha sido distinta. Las mías disparan una sonrisa en la boca y abren mi mirada que lo quiere grabar todo. Enamorado del fuego, las llamas danzan a velocidad más calmada, devorándolo todo. Y yo, ante el fuego, solo quiero silencio y algún abrazo amigo. No me gusta la soledad en la cremà, porque como todo, en esta Fiesta que no siempre defendimos como tocaba, de nada vale hacer solo...
Cuando Lucía prendió su fallita yo no tenía consuelo. Había comenzado a llorar al mediodía en el balcón, tras la mascletà. Vaello, no sé si lo recordará, vino a darme consuelo. Pero yo me fui, llorando por Cádiz, la calle eterna... Y llegué a la falla. Sonó "Caravana", mi pieza favorita de siempre, y todo fue emoción y llanto...
[Paro. Releo. Y me atrevo. Ya suena "Caravana" en mi casa...]
¿Qué os decía? ¡Ah, sí! Cuando Lucía prendió su fallita, yo no tenía consuelo. Aquella noche, aquella noche entendí por qué merecía la pena todo esto...
Las tardes de San José son especiales hasta cuando llueve. Desde hace unos años es la única comida con mesa presidencial, como un ritual de despedida. Y la tarde, se dispara en risas y disfraces. Paseamos por el barrio. Nos reímos con Cádiz - Denia, que siempre esperan y donde siempre me sonríe Ángel de nuevo; con San Valero, que hemos ido a buscarles a casa en más de una ocasión por haberse ido al descanso mi cordobesa y mi Santiago... A la comunión con Clero. Sé perfectamente cómo es el tacto de los abrazos con el polar de Javier y cómo suena "amigo" cuando me lo dice Noelia... Aquél San José, Javi, aquél San José...
Fueron a decirle a mi madre que yo lloraba en la calle. Se asustó al pensar que algo pasaba y preguntó: "¿Qué ha pasado?". "Está abrazado a Javi y están llorando" le dijeron... Y mi madre no se levantó de la silla y dijo: "Dejadles, dejadles que lloren...". Y lloramos...
De repente la plaza es una bola inmensa de fuego. Algunos nos resistimos a alejarnos. Y entre velamos los ojos pensando que así la llama quemará menos. Todo arde. Lo malo y lo bueno... convirtiendo en dogma aquella creencia de que, del fuego, todo sale purificado. Y luego baja la intensidad, todo se hace negro, y parece que el frío lo envuelve todo dejando que la tristeza caiga a plomo desde el cielo... Han sido muchos días empujándola afuera, con carcasas y con truenos, pero cuando el fuego se lleva todo, todo lo que fue nuestro, ella cae de nuevo, vertiginosa contra el suelo...
"¡Chicos, estas vallas hay que llevarlas al casal" grito, como si ya no tuviera recuerdos. Y un río de polares rojos repasa Cura Femenía para cerrarlo todo. Nos sentamos, en silencio, sin ganas ni fuerzas, sin consuelo, en las sillas alrededor de las cajas y las neveras. Brindamos y Susi nos da cenizas. Yo le doy dos besos. Hablan y hablamos... Y hay quien se acerca y te da la enhorabuena. Y quien te da un abrazo... "Ya avisaréis cuando es la Junta" dicen otros... Ellos no saben que, entonces, muerto, yo aún vuelo...
Y se vacía el casal: "Llevaros estos bocadillos, que es una pena". "Qué bonito ha sido todo". "Qué bien ha ardido"... Y yo, solito solo, vuelo...
Hacemos tiempo unos cuantos esperando que Clero queme su falla. Veo arder Tomasos y oigo en el cielo mil truenos. Sin tormenta, el humo tapa las estrellas. Los bomberos han llegado. Veo a Javi y a su fallera cruzar hasta la esquina que hay frente a la Iglesia de San Valero, prenden la mecha y todo es fuego... Me voy al casal. Nunca me despido de ellos cuando todo arde. Les pertenecen las llamas solo a ellos...
Y en el casal solo hay silencio. Entramos, nos sentamos, intentamos alargar la noche y nos recogemos...
Vuelvo a casa en silencio... Algo se movió por dentro... Y sí. Pienso al año que viene cómo será el remate, si se podrá visitar por dentro, cómo serán los ninots y... y si podremos hacer algo nuevo.
Ahora son olor a humo y perennes recuerdos el trabajo, el cansancio, las peleas y las alegrías, las emociones, las lágrimas, los sueños, los deseos, las decepciones, las promesas y los juramentos. Las cosas que nunca pasaron y las palabras que nunca dije. Mis arrepentimientos. Todo. Todo que ya es nada... ¡Bendito fuego!

miércoles, 18 de marzo de 2020

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 5.


DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 5.
"La primera vez"

Cuando te lanzas al mar, un golpe sacude los oídos, te desnortas por mil nanosegundos y el sonido cae hueco alrededor dejando que solo los ojos contemplen la profundidad de lo que te rodea, casi pensando que nada es real. Así, así me siento yo cada vez que cruzo el arco de la Barchilla...

Me ha despertado el teléfono: el repartidor de Seur tenía que darme un paquete de Vodafone que yo no he pedido. No traslado la conversación con él porque es más digna de Martes y Trece que de este diario, pero reconozco que he reconducido el mal humor a la sonrisa. No nos queda otra. No debe quedarnos otra. JJ madruga al otro lado del whatsapp: "Café? PC?" escribe. "Hoy sí que es jodido... ofrenda". Y no dice nada que yo no supiera ayer, pero leído duele más...

Mi sobrina dijo mi nombre, siendo bebé, por primera vez, la primera vez que mi hermana la vistió para la Ofrenda. "Saime" dijo y sonrió. Y el mundo se paró como cuando te lanzas al mar... Hoy tendría que salir volado del casal para llegar al balcón, cogería el micrófono con la mano dormida e intentaría con los últimos hilos de voz retransmitir el disparo de "Vulcano" que se adivinaba apocalíptico. Iría vestido de valenciano. Llevaría el jupetí rojo que me regaló Ángeles y me cosió Miguel. (Ayer lo ví en sus redes y me pareció tan bonito que ni me parecía mío... pero lo es). Y saldría raudo, esquivando gentes bajo el sol, en Marqués de Sotelo y en la plaza de toros. Daría tiempo a saludar a alguien en Castellón - Segorbe y el semáforo de Gran Vía me parecería eterno, como cruzar Cádiz. Ya lo dije: "¡Qué larga se hace esa calle cuando la andas solo!". Sin parar revisaría quién anda a las puertas de Cádiz - Denia, para gritarnos de lejos, con la sonrisa a la sombra de la rodina. Y me mezclaría en el maremagnum de sillas y mesas de Cura Femenía confiando que la "Operación salida" fuera más rápida que nunca... La imagen de la calle, tan estrecha y llena de sombra, es un guirigay absoluto. Se mezclan como granos de café turistas y falleros, ramos y mesas, sillas y peinetas... Siempre hay seis o diez que vienen a que les ponga el pañuelo mientras que alguien me ayuda a mí con la faja... En las sillas rematan mantillas a las chicas guapas con cara de alegría y sueño. En la calle, los músicos afinan y las mantas entonan. Y arriba, en los balcones, los turistas graban y el cielo es azul... Mediterráneo puro.

La primera vez que salí en la ofrenda fue con Arantxa. En una cena con Marta, Mayra, Raquel y Teresa, la Bartual me dijo si querría desfilar con ella. "En la Falla Na Jordana desfilamos por parejas..." dijo. Yo moría por hacerlo, pero tantas veces le había dicho que no a la Sabater, que la prudencia me pudo. Aunque es cierto que ella me conoce mucho: "Sal con ella" dijo Teresa. "¿De verdad?" como un niño que le pide permiso a los padres... "¡Pues claro! Yo lo haría". No sé dónde cenamos, pero recuerdo esa conversación como si hubiera sido ayer mismo... y han pasado quince años.

Organizar el tumulto de la ofrenda es quedarse sin voz. Sin fuerzas. Hasta los ramos de flores parecen inquietos. Pero al final se consigue. Se desfila hasta la puerta de la que han de salir las falleras mayores. Hacemos un pasillo inmenso y suena el Valencia más fuerte que la traca. Le daría su ramo a Judit, quien tendría a Alejandro esperando. Y esperaría a que saliese Angelita, con tela de pasodoble. Le daría el ramo y le prestaría mi brazo para cruzar el túnel de aplausos con que sacuden las manos cuando se les escapa la felicidad a raudales... Y caminaríamos, al final de todos, sin ver casi dónde se pierde el estandarte...

La primera vez que me hice un traje fue en Almacenes España, me acompañó Teresa Medrano, que era la confirmación de la buena voluntad de su hija. Enseguida elegimos. Aquél traje, el de la primera vez, también era rojo. Y una tapicería crema, que aún llevo, para el jupetí. Medias y goyesca a juego. Y una faja de seda y malas pasadas... Acudí, principiante y tímido, a la puerta de Jordana buscando a Arantxa antes de que nadie me viera a mi. (Nadie lo cree, pero soy tremendamente más tímido de lo que nadie sospecha). Y allí estaba ella, con esa sonrisa que tiene siempre en los ojos, mantilla puesta, y ramo en mano. Con ella al lado, saludé al mundo entero... Desfilaba con Jordana, la falla que me descubrió tantas madrugadas mi padre. Y lo hacíamos de noche, antes de que Nuria Llopis Borrego, cerrase niña la ofrenda del 17...

Ayer Nuria estaba al otro lado del teléfono. Conectada con Dosalo y conmigo, volvíamos a la radio en un segundo programa de batalla, desde el encierro. Como una especie de radio en clandestinidad... ¡Cuántas vueltas da la vida!

Hoy es más difícil escribir. Hoy el encierro empieza a ser otro. Ayer no hice nada de lo que quería en el orden que me había propuesto. Así que, una vez desatado el caos, solo rodé día abajo. Hablé mucho por whatsapp y en videoconferencias esparcidas a lo largo del día. Desayuné con Mazcuñán y casi ceno con Noelia y con Javier, pero no me gustan las alcachofas. Verles a ellos me dio la vida. Me dormí con Laura y con Diego... Y hubo más. Más llamadas. En una, dos lloraban y yo cenaba. Yo lloraba por dentro y ellos cenaron luego...

La primera vez que desfilé con Noscarmientas fue uno de los últimos años que se vistió Angelita. Desfilamos juntos. Luego desfilé con ella el año pasado y lo haré éste también. Y, en medio, Ana me acompañó el año que Laura fue nuestra Fallera Mayor y estuvo en Corte. El resto, Laura me dejó desfilar con ella... Incluso uno muy especial, que jamás olvidaré porque no íbamos solos... A pocos metros de nuestras falleras mayores. Con ellas, cada año, hago una foto de familia donde cada vez se suma una más... Esa foto tendría que hacerla esta tarde...

Las luces te ciegan al entrar en la Plaza. En el mejor de los casos, escucho el final de las palabras que Josep Garcia Bosch nos dedica al entrar bajo el arco. Y me mantengo en la idea de saber que quiero llorar al pasar ante su manto... Todo el camino, disimulo la emoción con risas, con recuerdos, con momentos... Intento apartarme del llanto, haciendo lo que sé, reír. Y la Paz, que siempre es hermosa, es un camino al cielo... Giro en la Reina entre los aplausos del mundo entero. Y atrás la Fallera Mayor, recibe los "¡Guapa!" más bárbaros que recuerdo... Este año, este año era la primera vez que no desfilaría sola...

Ángeles me lo dijo poco antes del verano: "al año que viene, desfilaremos la Ofrenda juntos". Y yo no dije nada. Porque no acababa de entenderlo... "Si hago la Ofrenda, quiero que sea de tu brazo"...

Cuando entro en la plaza, tengo tanta emoción que nunca lloro. Y allí estás "Mareta", tan bonita... tan hermosa... ¡Tan del cielo! Quisiera que me dejaran allí, que no nos hicieran salir... Pero el camino sigue. Y hay que andarlo... Y te vas. Y te giras. Y le pides. Y le dices. Y le amas. Y le quieres. Y le pides, le pides, le pides... ¡Y le das las gracias! Tantas veces que en silencio te quedas afónico...

Gracias hoy, Mareta, desde este cautiverio.

Ángeles me regaló un cuadro el día del vino de honor, con un trozo de la tela que nos unió más aún si era posible... Tras el marco, con su caligrafía optimista siempre en ascenso me escribió: "Cuando te sientas triste mira este cuadro y recuerda cuando llevabas esta tela puesta. Cuando te sientas abatido mira este cuadro y recuerda que eres Jaime Bronchud. Cuando te sientas solo mira este cuadro y recuerda que te quiero. Cuando te sientas feliz mira este cuadro y recuerda que así me haces sentir a mí siempre. Gracias".

Hoy es la primera vez que leo esta dedicatoria desde el día que me lo regalaste...

Hoy es la primera vez que sueño con desfilar la Paz a tu lado...

Hoy es la primera vez que me ha costado mucho escribir...

martes, 17 de marzo de 2020

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 4


DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 4.
"La mirada de Audrey"

Los sonidos de la calle sonarían lejanos. Intermitentes pero mudos... Abriría los ojos, vería las paredes naranjas y la mirada de Audrey desde el cuadro. Un tocadiscos. Unas estanterías que bien parecen una colmena. Un enjambre de ropa revuelta y un suelo de mosaico que me recordaría que no estoy en mi casa (aunque tenga llaves y me hagan sentir como en ella). Me habría duchado con los ojos inyectados en sueño y la mirada, otra vez más, de Audrey desde otro cuadro vería caer la tímida agua caliente sobre un cuerpo que no me pertenece desde hace ya días... Hoy me dolerían la voz y las agujetas. Recordaría seguramente la última risa de la verbena o la mirada cruzada, pensaría en el tiempo que me queda para llegar al balcón y todo lo que quedase por delante... sabiendo que el tiempo se esfuma y que sobreviviría una vez más...

Bajaría a la calle, sorteando los petardos que retruenan en la ausencia de sueño y llegaría hasta la calle del casal, con las piernas acorchadas y el ánimo tanguero. "¿Quién coño me manda a mí ser presidente de falla?" me acusaría en privado. Y el miedo, me acompañaría todo el recorrido esperando que la limpieza hubiera sido la que tenía que borrar la noche anterior... Confundiría la limpieza y el olor a noche pasada mientras adivinaba qué cara acompaña a cada polar rojo que intenta sentarse a almorzar. Y comería con ellos las sobras de un almuerzo mientras reiríamos las últimas ocurrencias de la noche anterior... Yo, me volvería a quedar con esa sensación de que me pierdo siempre tres cuartas partes de lo que pasa cada noche. "¿Dónde estaba yo?" acabo preguntándole a mi yo ausente... More abriría El Camerino Ruzafa y se pondrían a sacar mesas. Luego Paco y el Mandriles... Y la calle despertaría tarde a un nuevo día mientras miro el móvil desesperado esperando que sea la hora para ir a recoger los premios... Pensaría una vez más que somos la comisión a la que más pronto les toca desfilar. Y maldeciría mi suerte. Me impacientaría con el retraso de la gente, que se viste, mientras los primeros músicos llegan con cara de no haberse ido nunca... Y empezarían a acudir las familias y los amigos. Haríamos mil fotos en la puerta de enfrente, que es de madera noble, engancharíamos el escaso ánimo y a gritos imposibles organizaría una fila y otra, y otra más... Le prestaría mi brazo a la Fallera Mayor, diciéndoles a los pequeños que se pusieran delante. Y cruzaría Apolo, que es más noble que la madera de la puerta de enfrente, con el estandarte: "¿Nos vamos, capitán?". "Nos vamos" le diría. Amparito Roca por Carlos Cervera y saludando a los de Clero, otro pasodoble antes de la Gran Vía y "Mi gran noche" por Ruzafa... Bailaríamos unos con otros, sin orden ni concierto. Y al llegar a la plaza nos cuadraríamos para desfilar. "La 348" diría saludando a un lado y otro... Repasando las risas de la noche anterior. "Y ahí entra... Cádiz - Cura Femenía - Puerto Rico"... Y entonces me daría cuenta de que todo mereció la pena. De que no hay cansancio. De que somos falleros...

Ayer lloré al escribiros. No sé si la catarsis será colectiva, pero a ciencia cierta que este encierro me hará cambiar muchas cosas. Muchas. Eché la mañana leyendo los comentarios de la gente, respondiendo a los whatsapps, limpiando algo la cocina y preparando otro plato de fideos. Olvidé empezar "Patria". Quise empezar la segunda temporada de "Succession" y me dormí... Me dio la vida comenzar un programa nuevo en la radio (La radio, ¡Siempre la radio!) al que llamamos "Plantarle cara" y pasé medio día preparando audios y entreteniéndome con contenidos que llevar a las siete de la tarde... El programa fue especial, con Nuria y Dosalo... Y la lluvia de mensajes, de agradecimientos, de apoyos... que hacen que uno se sienta feliz en su confinamiento... Hice algunas otras cosas de mi otro trabajo y me marqué rutinas, que poco a poco llevo adelante. Tomo café a las 10, escribo y teletrabajo. Como a las 15h y hago una siesta. Ceno a las nueve... Bueno ayer no. Ayer, Ángeles, Diego y Laura me regalaron risas por videoconferencia. Y brindamos... Siempre sabemos quién importa más y quién menos, pero a veces a los primeros los abandonamos por dedicarle tiempo a los segundos... Ya dije que esta catarsis me va a cambiar muchas cosas...

Cené y seguí a mis compañeros de Levante Televisión la preparación de la cremà municipal. Y organizaron conferencia Borja (te ha crecido mucho el pelo) y Lorena (me gustó verte sonreír todo el rato), Daniel (yo no te ignoraba cuando jugabas) y Marta (te miraba y recordaba 2011 tanto...), Ángeles (es como si estuvieras "confitada" en mi casa) y Arantxa (era genial sentir tus carcajadas disparadas) , Alba (me hiciste reír como siempre, desde Polonia) y Adrián (con las manos arriba, demostrando que un gesto vale tanto como mil palabras..., desde Israel)... Quedamos para brindar y, sin pretenderlo, vimos quemar juntos... ¡Dios, quemar el dieciséis...! Pensaréis que estoy loco (nadie dijo que no lo estuviera), pero llegado el momento del fuego, me puse una copa de vino y pasada la medianoche entre tristezas arrastradas y lluvia de fondo, tapé el cruel silencio de la plaza del Ayuntamiento poniendo el himno en casa... ¡Y jamás olvidaré esa cremà! Mis amigos en una pantalla. El fuego en otra, aunque abrasaba más que nunca. Una copa de vino y el himno bajo la lluvia sonando en mi casa vacía... Algún día, lo recordaré. Y volveré a llorar nostalgia.

Seguí con Nachete la cremà de Literato Azorín. (Gracias por tus mensajes de ayer mañana... Cuando esto pase, te contaré una cosa. Y te daré un abrazo).

Nos fuimos tarde a dormir. Les dejé en el chat y vi la foto de Angelita en el facebook: "Apuntalándonos". Es cierto. Como siempre. Pero más que nunca... Y escribiéndome con JJ, como cada momento, me dormí.

La distancia hay veces que une mucho. Estos días me lo están demostrando... Estoy tranquilo, sereno, feliz... Y sí, esperanzado.

Me desperté y leí los primeros whatsapps del día... Hablé con mi amigo Guillermo. No tiene redes sociales, pero me dijo que lee esto a diario... Y que esperaba que le pasaran el de hoy... Yo no sabía si hoy tendría algo que contar. Y aquí estoy. Amigo, gracias. De corazón. Me emocionaste una vez más... Estoy profundamente orgulloso de tenerte en mi vida. Ya lo sabías.

Planells se tomó el café antes que yo. Esta tarde lo tomaremos a la vez, espero. Un beso, sé que no todo es tan fácil como haces ver siempre. Pero que lo hagas sencillo nos ayuda a todos los demás...

Me tomé el café y escribí. ¡Horror! otro día que los renglones se fueron de la mano sin que los torciera Dios. En breve Julio se negará a leer más... (Un abrazo amigo).

Sigue sonando "El Fallero". La Fallera Mayor de Valencia nos daría el palet, los palets en la mejor de las suertes, mientras la comisión desfilaría ante nosotros sonriendo y aplaudiendo... Bajo la lluvia, como un bolero. Haríamos una foto de familia. Y luego, una costumbre que muchos no conocerán, que llevo repitiendo nueve años... En la esquina de Ruzafa con la Plaza del Ayuntamiento, cogería nuestros premios y saltaría. Tan alto como me dejasen mis piernas cansadas. Cada año más viejas. Y, cuando creyese tocar el cielo, alguien dispararía la foto y entonces entendería por qué quiero ser fallero...

Y volveríamos en pasacalles para cruzar el Mercado de Ruzafa por dentro. Y cuando viese a los míos, bailar, cantar, reír... entonces, entonces sabría por qué quiero ser presidente de falla...

Bendita Lluvia. Maldito encierro.

A la tarde, cuando el cansancio crees que te va agotar, a matar de nuevo, regresaría a la casa prestada. Entraría en la ducha de nuevo. Me arrastraría...

Allí está, la mirada de Audrey.

Y sus ojos parecen más alegres de lo que estaban por la mañana...

lunes, 16 de marzo de 2020

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 3




DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 3.
"Mi noche favorita"

Me aparté de todo, me metí entre la escasa oscuridad de la calle, río de risas y petardos, y miré hacia arriba con los brazos cruzados, intentando que el remate tapase las luces que los focos disparaban desde el frente... ¡Allí estaba! Tan alta como pudimos, tan llena como trabajamos, tan ella... La liturgia se repite cada año. Una cansada madrugada de silencios y enfados niños que se reconvierten en ilusión, en alegría colectiva, en satisfacción, enseguida... La noche de la plantà, mi noche favorita.,,

El cielo no lo ha soportado y lleva toda la noche llorando. Yo ultimo el café y me siento a escribir, con la vergüenza estirada de todos los que me van diciendo que escriba. Ayer Acosta, llamarle hermano una vez más sería reiterativo, se lanzó en facebook pidiendo que lo haga... Siempre me lo dice en privado. Siempre me da vergüenza cuando lo dice... Y ayer, que fueran escribiéndolo, me empujaba a hacerlo y al tiempo me descubría solo decidiendo sobre qué escribir... ¡No se puede tener una crisis de escritor sin serlo! Horror... no pude tener peor comienzo...

Tampoco leí. Aunque me dejé "Patria" en la cama a punto de comenzar. Me acosté tarde, después de ver "The Post" en Amazon, con la siempre increíble Meryl Streep. Me gustó. No sé cuanto tiempo sin ver una película en casa... Tumbado en el sofá, con esa extraña sensación de que el sofá de uno nunca es tan cómodo como el sofá de las casas de los demás... Es como los bocadillos de cuando se es niño en el colegio. Siempre, siempre, siempre hay un bocadillo mejor que el que llevas... aunque sea de pan con amor, como los que nos hacía mi madre.

Comencé frente al ordenador escribiendo. Oyendo música: "Moliendo café" de Mina y "Cuore Matto" de Little Tony: ésta es la banda sonora de mi soledad. Y eché la mañana y la tarde con un teléfono que se agotaba a golpe de whatsapps. Hablé por teléfono con Planells, que es esa amiga almodovariana increíble que siempre está atenta para que mi vida sea más fácil. Una buena mujer a la que quiero mucho, aunque nunca se lo diga... De vez en cuando nos tomamos un café en una terraza soleada de Ruzafa. Ayer nos lo tomamos virtualmente. Ella en su casa, con un trocito de bizcocho me dijo. Yo en la mía, con una cafetera que no quería encenderse... Haciendo el café a la vez, para tomarlo juntos. Pero todos estamos más perezosos estos días como mi cafetera... La próxima vez, será una copa de vino, para brindar. Por la amistad. Por la buena gente...

No sé cuántas veces me habría quemado ya las manos con la silicona pegando carteles. Pediría que alguien barriese y otros pusieran césped... Y siempre habría alguna persona haciéndolo. Porque hay un hormiguero incesante en Noscarmientas las noches de plantà. El resto andarían en la música y la barra. Nosotros, a lo nuestro, cansancio y humedad, ganas y respeto. Mi noche favorita. La que no fue...

Edurne me escribió y me dijo de echar un parchís online. Jugamos Rosa, ella y yo. Y gané. Le mandé un mensaje para decirle que gané. Y también a mis padres, en casa: "Hemos jugado al parchís y les he ganado". Me recordó a aquellas tormentas de mi infancia en Sarrión donde la piedra nos escondía con una baraja en el comedor de la casa de mi abuela... De mis abuelos. Son días de echar de menos a todos...

Estoy tranquilo. Calmado. Me acostumbro a este descanso obligatorio y no le doy vueltas a la cabeza para no adelantarme a nada. Me escribo mucho porque echo en falta sus caras, sus voces, nuestras risas... Y espero. Bueno, no. No espero... Dejo que las horas pasen...

Comí el sobrante de macarrones y cené fideos. Bajé doscientos gramos en la báscula, me adelanto en el marcador. Y descubrí una bolsa de gominolas que Adrián me regaló por Navidad... Las abrí. Y comí para endulzarme...

Me las comí en medio de una videoconferencia con Ángeles, con quien tendría que haber hecho una vuelta a la falla esta madrugada para explicarle todos los detalles antes de que llegase el jurado... En su lugar, fregué la cocina y guardé la bolsa de compra que aún campaba en el comedor... Conseguimos reír. Reímos mucho. Y hablamos... como siempre. Y colgamos.

Bajé a sacar a la calle la basura hablando con Tiby al teléfono... Casi me cruzo con un hombre que paseaba a su perro y que hizo un quiebro para mantener dos metros de seguridad. Pude cruzar sin mirar el asfalto, cubrí mi mano con una bolsa para abrir el contenedor y regresé a casa empujando la puerta... No fue ni un minuto en la calle. Oscura, triste, sola. Como esta noche...

Hubo una tormenta de aplausos a las ocho de la tarde. Me saludé con la vecina de enfrente, algo que no habíamos hecho en casi dos décadas. Y nos hablamos a través del muro Paola, que no perdía su sonrisa, y yo. Los pocos cláxones de la avenida sonaban acompañando nuestras palmas... El cielo estaba cubierto. Y sentí una emoción inmensa. Intensa... Los aplausos fueron más fuertes y más largos que la noche anterior... Salió una mujer a mitad de la calle, y levantó las manos. "Un aplauso para ti que estás trabajando para todos" gritaron desde un balcón... No sé quién era. No sé que era. En mitad de la noche todo era oscuro... "¡Gracias!" adiviné entre los aplausos... Yo le aplaudí más fuerte. Y sentí el orgullo de barrio, de pueblo, de país... que nunca debimos de perder... Y cuando volví a entrar en el comedor un nudo se desató en el estómago y me prohibí llorar.

Lloro ahora, mientras escribo.

Me recordé a todas horas de Javier, cómo le habrá dolido dormir hoy. Hablé con todos ellos, mis capitanes intrépidos, y nos prometimos celebrar pronto... Y felicité a Rosa con un beso en la distancia... Me escribió Raquel, mi amiga la que siempre sonríe con la mirada... Y el bueno de Diego me dijo que anda en paz...Y eso me la da a mí. Laura me escribió para anunciarme que hoy nos escribiríamos... Me llegaron los mensajes más bonitos del mundo, por inesperados, de Ana y Montse. Y me emocioné con las luces que Moncho nos volvió a regalar una vez más... ¡Qué grande eres, amigo!... Qué manera de brillar siempre. El video de Daniel me rompió por dentro. Y me dejó la dulce sensación de saber que aquélla noche presentando a Angelita fue la premonición de todo esto... Y que el final, que el final será el más bello. Que lloraremos juntos, sí. Pero que nunca habrá nada que sea igual...

Y así pasan las horas... leyendo las palabras que todos me lanzáis. Desde aquí, desde el teléfono... palabras que ayudan a caminar cuando no nos dejan andar...

Caí rendido, como si estuviera exhausto y dormí de tirón.

Me desperté. Abrí el teléfono y comencé este nuevo día... este tercero. Hice un café. Ya tenía a JJ al otro lado. "Escribe" me volvió a decir... "Me mata la vergüenza" le dije... Y hablamos de muchas cosas. Como todos los días... "¿Sabes? Creo que cuando todo esto acabe, la gente buena será más buena y la gente mala será más mala..." le digo. "Yo también lo creo" me contesta... Y se va a hacerse un café. "Mientras preparo el desayuno, preparo mi sesión de crossfit y me pongo a Izal espero tu capitulo de hoy. En serio. Tengo ganas de leerlo.:." me dice al final.

Pues aquí está. Aquí esta mi capítulo de hoy...

Hoy, que tendría las manos quemadas por la pistola de pegar carteles, manchadas con algo de pintura y cansadas de felicidad...

Feliz día a todos y mucha suerte. El cielo sigue llorando... y yo me escondo en la oscuridad, donde nadie me ve, cruzo mis brazos y la miro... La miro de pie, con las ventanas desenfocadas al fondo. Dejo el cansancio y la veo con orgullo... Cierro los ojos y la veo..

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14. "Bendita locura" En la limpieza de fotos, anoche, volvió a aparecer el bueno de Paulin...