domingo, 15 de marzo de 2020

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 2


DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 2.
"Las lágrimas calladas"
En estos momentos estaría mandando mensajes con los dos o tres de la comisión que habrían recibido al jurado: "¿Creéis que les ha gustado?" "Le han dado tres vueltas y había un señor que hacía fotos... ¡Les ha gustado el cangrejo!". Habría recordado el día que Adrián​ me lo había enseñado en nuestro taller y habría sonreído deseando que Judit y Alejandro tuvieran un premio que recoger mañana por la tarde...
Estaría con la voz dormida y la garganta inflamada, porque cuando llevas ya tantos días de micro, mi voz que nunca es mía ya casi no podría ser de nadie. Y tendría esa sensación de día de la marmota donde todo empieza de nuevo a ser lo mismo... Esperaría acabar de retransmitir la mascletà para correr solo a la falla, con lo larga que se hace la Calle Cádiz cuando la andas solo... Me sentaría a comer lo que hubiese, mientras el hormiguero de parcas, polares, blusones e ilusiones se mezclarían entre ellos como granos de arena al removerlos con un palo. Richard​ se acercaría a decirme "Ye, Chau, qué tal ha ido la mascletà?" y la vida seguiría, como un río de gente, que con sus ilusiones pasa a Carlos Cervera por la calle Cura Femenía...
Mi báscula me escupe un kilo doscientos más que ayer. Hoy, lo decido antes de comer nada, rebajaré la cantidad de comida, las ansias de saciarme y buscaré otras actividades que no sean abrir la nevera. Estoy desarrollando el bíceps diestro a base de abrir la puerta que me va a dejar tonificado para el verano. Además, lo bueno de comer en Estado de Alarma, es que tampoco tienes que darle una lógica nutricional a tu dieta... Qué me perdone Diego​, estoy mezclando salvajemente horas y contenidos. Qué me perdone Laura​, me como el azúcar a cucharadas... En definitiva: hoy nos proponemos que la báscula pierda mañana... (No me comprometo a nada... me imagino en breve con unas palomitas y una película).
Cuando el Presidente anunció anoche en rueda de prensa las medidas excepcionales todos las conocíamos ya. Las seguí a ratos, leyendo titulares e imaginando que echaba unas risas con mis amigos. Me pensé cenando en una mesa, picando algo más (porque uno tiene derecho a engordar hasta en ensoñaciones) y tomando una copa de vino. Bueno, o dos. Habría cruzado la ciudad en coche, comprando en un supermercado desabastecido, casi de película de terror, echando risas e intentando mantener un metro y medio con quien más te cuesta mantenerlo. Y luego, nos habríamos echado unas risas, mientras alguien nos obligaba a limpiarnos las manos lo primero, yo me metía a cocinar en los fogones y el resto seguían pegados al whatsapp...
¡Por Dios! ¿Alguien imagina esta batalla sin whatsapp? ¿Alguien es capaz de recordar dónde ha enviado ya el último meme y dónde no para no repetirse?...
Mi hermana Rosa​ vino a casa por la mañana. Nos llevamos cinco años y metro y medio de seguridad. Hablamos, nos reímos, nos pusimos al día (ella en una silla y yo desde una escalera)... Me dijo que abre el facebook, lee y llora. Yo, a veces hermana, lloro, abro el facebook y escribo... Me consuela saber que alguien entiende mis lágrimas calladas al otro lado.
Me había afeitado y luego me pegué al ordenador. Puse música y luego hice macarrones para todo el vecindario, yo que siempre mido la pasta ayer andaba muy despistado. Lo sabemos mi báscula, yo y ahora vosotros... Y seguí sin hacer nada. Hasta que me dormí. Me desperté. Descubrí que uno se equivoca más de las veces que quiere... E imaginé. Imaginé que me iba a cenar por ahí, con mis amigos, que nos saltábamos el estado de miedo y que pasábamos la noche juntos, para no decirnos nada, pero saber que nos acompáñabamos los unos a los otros...
Hablé con Jose​, lo intenté con Javier​, me reí con Borja​, no me hice con Ana​ y escuché a Mamá. Alba​ me llamó y al colgar pensé en un Margarita. Y como todos los días nos echamos unas risas, JJ​ y yo, mientras él patrullaba la noche y yo me imaginaba en un coche negro volviendo a casa, con alguna bolsa de compra, mi amistad y la luna en soledad.
Me acosté. No pensé nada. Llevo, en contra de lo que pretendía, 24 horas sin hacer nada: mi cuerpo no se acostumbra (a este amor entre penumbras, que es más fuerte que un volcán) y mi cabeza lo festeja. Apago el móvil por las noches (cosa que nunca hice) y lo recargo varias veces al día porque no para nunca... Yo tampoco paraba nunca, hasta este Estado de Alarma en paz.
Y si lo escuchas: solo hay silencio. Y en él me mezo, y pienso. Pienso muchas cosas... Mantengo una paz absoluta. Intento abandonar los demonios, que siempre acechan. Pretendo ganar en vida... Creo, de verdad, que algo hizo que esto fuera así. Yo siempre he creído que las cosas siempre pasan por algo. No creo en las casualidades. Así que... O todo esto explotó porque había que cargarse los mercados económicos o algo hizo que frenáramos la sociedad negra que estábamos construyendo y nos dio la oportunidad de hacer algo nuevo... Algo mejor, entre todos...
Imaginé cómo Ángeles (Angelita) antes de cenar, por el pasillo que iba del ascensor a la casa, habría dicho: "Esto va a sacar lo peor de cada uno". Y yo le habría dicho: "¡Y lo mejor!". Pero me desperté de mis ensoñaciones, esas frases nunca se habrían dicho en ese orden...
Y sí. De repente, entre los sonidos del silencio, se rompieron las calles a aplaudir. La gente se arrimaba a las ventanas, las abría para que entrara el aire fresco y en la humedad de la noche, sacaban las manos y se ponían a aplaudir... Las fincas eran casas con brazos. Y empezaron a llegar vídeos desde otras calles, desde otras ciudades, desde la misma noche... ¡La catarsis existía! ¡Fuimos libres por unos instantes!
Y sí. Esta vez yo tendría razón... Esto podía sacar lo mejor de nosotros para construir una sociedad más hermosa... Al pequeño Ángel, a mi otro Jaime, a todas esas fotos de niños dormidos que fueron llegando se la debemos.
Me fui a dormir. Y dormí tranquilo, sereno, como un niño..

sábado, 14 de marzo de 2020

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 1




DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 1.
"Estado de Alarma"
Hoy mi Falla Noscarmientas levantaría su tombe. En el mejor de los casos, hará su camino en camiones a un nuevo destino a la espera de que la pandemia se disuelva y vuelva la alegría a la calle, allá por julio, con permiso de junio y del Ministerio de Sanidad. No hará falta (no caldrá, decimos los valencianos) que diga cómo me siento hoy. Tampoco sabría.
Estoy en mi casa. Esto podría parecer normal, para los que saben de mí, un milagro. Porque yo la casa la uso poco o casi nada y en estos días iba a estar cerrada por vacaciones. Estará cerrada, pero conmigo dentro. Aconsejaron confinarnos, llamaron al estado de alarma y así luchar todos contra una pandemia que nos ha sacudido y nos debería de, socialmente, recolocar...
Escribo para comprender, lo expliqué hace poco. Pero en este tiempo, escribo también para pasar el tiempo, para que lo lea alguien y para no dejar que la psicosis ajena me invada...
Comienzo mi "Diario de una catarsis", sin saber si tendrá segunda hoja, para contaros y, sobre todo, para convencernos que debemos aprovechar esta crisis, la más contundente que hayamos vivido, para construir una sociedad mejor. Quizá, tan solo, es un aviso para que comprendamos de una vez que no lo estábamos haciendo bien y que estamos a tiempo... Yo lo creo.
Siempre recordaremos estos días. Siempre sabremos dónde nos pilló el anuncio del Presidente del gobierno por el que se decretaron 15 días de ausencia. Yo, comiendo con unos amigos, en un restaurante de la ciudad. Desde la terraza, el sol era más mediterráneo que nunca. El viento era brisa. Y la voluntad de hierro.
Me habían ido llegando mensajes y fotos durante la mañana y nos recibimos todos sospechando que en una hora se anunciaría lo que sea anunció. Buscamos en google todo lo que un Estado de Alarma conllevaba. Pero enseguida volvimos a hablar todos a la vez como gallinas picoteando. Comimos. Yo con mi cabeza más fuera que allí. Y nos regresamos en coche por la ciudad subrayando la ausencia de tráfico y las calles desiertas. Algo cambió.
Llegué al supermercado pensando que la psicosis colectiva de los memes sería falsa. No lo era. Nada de carne, sin patatas, estantes vacíos... ¡Hasta la verdura que nunca compraría desaparecía! Aquello era un hormiguero de gente a la deriva. Había comprobado como de dos estancos salían las colas de clientes guardando algo más de un metro entre ellos... Entendí que algo sucedía. Como esta mañana cuando mi hermana me envió el vídeo de medio centenar esperando que abriesen el supermercado al que va ella... Las caras no son las de la posguerra, no son personas mayores recordando sus duros días de racionamiento y escasez. Son personas que vivimos, incluso algunas en el exceso, teniendo siempre qué comprar.
Compré. Y sonrió la cajera por qué le pregunté cómo estaba. "Muy cansadas" contestó. Y sonrió porque la señora de delante solo le había gritado: "Qué se me descongela el pescado, ve más rápida". Y yo, al menos, le pregunté cómo estaba... Aquellas pequeñas héroes que siguen hoy luchando contra los temores infundados... Es más peligroso en una pandemia cómo se contagie la psicosis que el propio virus... Así que, si sirve de algo y a alguien: tengamos paz... Y esperanza.
Tuve siesta vespertina, millones de whatsapps y cené una pizza que cociné en casa (¡Mil días que no lo hacía!). Luego vi la tele. En este caso, de corazón, ni recuerdo cuánto hacía que no la encendía... Y pasada la medianoche, bajé la ventana y me fui a dormir.
Apagué por completo el teléfono. Podía hacer años que de noche mi teléfono se quedara apagado... Y pasé de tirón la noche hasta despertar esta mañana... Leí a Carlos escribir de Guillermo, decir lo que sé. Y pensé qué bueno, en mitad de la batalla, parar el mundo para felicitar al soldado... Pensé mil cosas. Y una, especial, ya la dije: todo esto que nos está pasando, tan negro, tan oscuro, tan débil y tan presente, debería de servirnos para seguir adelante... Para cambiar muchas cosas. Para sacudirlo todo.
Dejé la maquinilla cargando esta noche. Ahora escribo, luego un café, me afeitaré y una ducha. Y empezaré a leer. A ver la tele. A limpiar la leonera... Y sí. A escribir. Tengo ganas de escribir algo...
Hoy tendríamos que levantar a tombe nuestra falla. Y no será hoy. Pero será... Y hasta que llegue el momento, miremos al cielo desde las ventanas y estemos juntos, aunque sea por whatsapp, por aquí... como tantas veces.
Ahora más que nunca tenemos una oportunidad... ojalá no la desaprovechemos.
Feliz sábado 14. Día 1.

jueves, 4 de julio de 2019

ME REGALÉ



Foto de Tarjeta creado por rawpixel.com - www.freepik.es


Erguí mi espalda y eché atrás los hombros, con la intención adelante, con las ganas calmadas de emprender de otra manera el mismo camino. El de la vida. Si me sacudió pasada la crisis de la edad, lo hizo con una fiera fuerza encaminada a sentarme más que a empujarme. Y lo agradezco. Me recompuse en tiempo récord de batallas y vaivenes. Y me regalé volver a la vida. Últimamente destilo tristeza en lo que escribo, sin embargo mi alma pura está tranquila y mi cabeza menos tensa, más dirigida, más relajada, más feliz... Me hago tiempos para mí y para los míos. Me siento bien. Me preocupa que no se lea así, porque no lo escribo bien o porque habrá quien entienda que la vida me deba de llevar por otros caminos. No. No es así. Me siento calmado. En paz. Libre. Pausado. Relajado. Y solo tengo este plan de futuro, seguir mirando en paz... Tranquilo. Ganándome la partida para compartirla conmigo.

martes, 2 de julio de 2019

PAZ



Dicen que mis líneas se cruzan tristes últimamente y, sin embargo, yo, me siento calmado, en paz, tranquilo. Mucho más de lo imaginado. Mucho más de lo conseguido otras veces. Si hay tristeza en mis ecos, no lo hay en mis palabras. En lo que digo quiero alegría, tranquilidad, sosiego, calma, relax, sinceridad,... Me he adelantado emocionalmente las vacaciones y me siento cómodo en esta balsa mansa de agua pacífica y fresca. Me condiciona el calor, solo. Pero no el camino. Mis piernas pesan, pero no mis pensamientos. Mi corazón se ha relajado. Mi espalda sufre menos. Mi cabeza no explota... ¡Me siento bien! Pero sin embargo los versos me quedaron tristes, más agrios que dulces, sin ser la verdad de lo que vivo... O quizá, mi optimismo se carga de melancolía y pesa más la nostalgia que la alegría rebosante... Yo, que siempre fui de excesos, me mantengo en el ecuador del año con paz. No busco más. Ni quiero menos. Aprendí entiendo de cada lección, porque la vida me las sigue dando. Frente a la traición, olvido. Frente al ataque, indiferencia. Frente al estrés, la paz y el descanso...

He apartado el ruido de mí y hay días que me cuesta reconocerme. Hay quien cree que al final todo volverá a explosionar, porque la eclosión se va gestando. Yo daría mucho, porque no fuera así. Me gusto ahora. Me acompaño cómodo. Me siento tranquilo. Y es mucho más de lo que tenía hace un tiempo, y de lo que soñé en esas mismas noches... No. No se rompió nada. Sólo se recolocó. Y en ese movimiento extraño, cada uno fue al lugar que le corresponde aunque aún quedan piezas por mover...

No quiero nada más que mi calma. Estoy en paz. Y eso me gusta...

jueves, 27 de junio de 2019

EMPRENDÍ EL CAMINO



Me siento bien, relajado. Cada día más tranquilo y obligándome a lanzar mis hombros atrás. Cuando lo hago, la espalda cruje y escucha el viento. Ahora unos martillazos de fondo, el teclado y poco más. El recuerdo de algo cercano que quiero convertir en olvido y enseguida asalta que quedará algún asunto pendiente. Ya no. Me preguntan a menudo últimamente cómo me va y digo siempre: "bien". Incluso hay días que muy bien. Porque me voy acostumbrando a la monotonía y desde que me he cogido distancia, me estoy cogiendo el gusto... Me dejo arrastrar voluntariamente por la rutina, pero esta vez porque yo quiero. A veces hasta el punto de sentirme culpable. ¿Quiero volar? Sí, como siempre. Pero de repente dejaron de apetecerme las prisas, dejaron de empujarme las ansias y ya no me siento desolado como hace un largo tiempo. Nada volvió a la calma, pero yo me regresé a mí. Bueno, decir que lo hice es exagerado. Digamos que emprendí el camino - sin volar, con los pies pegados al suelo - para recuperarme. Para recuperarme yo, sin dramas, sin tristezas, sin penas... No hubo una sacudida emocional, no hubo nada que rasgara mi vida, no hubo nada que me hiciera tambalear... Simplemente, muchos días, haciendo lo mismo, y sin darle un valor de afecto personal me hicieron despertar un día. Me hicieron parar y decir. Decidir. Escribí mil cosas en mi moleskine mental particular y en mil hojas... Y no. No las he puesto en práctica. Pero esto ocurre a menudo. Mis pros y mis contras, como cada lista de propósitos de año nuevo, se deshizo sobre el agua y corrieron río abajo. No. Todo esto que escribo es mucho más sencillo... Lo que hice fue parar y decir (decidir) "me quiero dedicar algo más de tiempo". Y mientras ganduleo, en realidad, le doy vueltas a la cabeza y me voy rehaciendo. No porque ayer pasara nada, no porque mañana todo será distinto. Simplemente, porque llegará un momento; en que lo que tiene que pasar, pasará. Y entonces sabré que todo este tiempo que me he meditado me llevó hasta allí y me ayudó a emprender el vuelo...

Y entonces, en ese justo momento, abriré mis alas. Y volaré.

martes, 25 de junio de 2019

TIEMPOS

La intensidad es el grado de energía con que hacemos algo. Y también cuando la actividad nos atropella durante un tiempo. Mi vida es intensa. Por lo primero y por lo segundo.

Y lo primero, últimamente, me ha arrollado para dejar que lo segundo pierda fuelle. Me imagino sentado en un banco, leyendo un libro (compré este fin de semana uno de Jordan B. Peterson) y, enseguida, me imagino levantándome del banco porque se me hace largo la espera... Eso no es intensidad. No. ¿Cómo se llama esto? No lo sé. De verdad que no lo sé...

Tengo una sensación vertiginosa de que se escapa el tiempo y al mismo intentaría diluirlo, esparcirlo, escamparlo sin límite, sin darle mayor uso... Las dos cosas a la vez, con una sensación de cansancio y fuerza que luchan, yin contra yan, y que intento controlar con mimo.

Me da la sensación de querer hacer mil cosas a la vez, porque cuando hago una de ellas siento que estoy perdiendo el tiempo. No sé si es un caos o una sacudida transitoria, pero tengo decidido bajarme del carro, parar el tiempo y reorganizarlo todo. Aunque esta predisposición se complica cuando pienso que el tiempo que voy a dedicar a ello es tiempo que perderé... 

martes, 2 de abril de 2019

OPTIMISTA

Tengo cogido al estómago un dolor como una bola de pelo. Lo reconozco, no sé estar enfermo. Nadie, supongo. Pero así como otros se medican, se van de médicos, se siguen, se cuidan... Yo lo reconozco, no sé estar enfermo. Me paraliza el ritmo habitual y no me gusta. A nadie, obvio, le gusta estar enfermo. Pero es que acostumbrado a mi vitalidad desbordante, desbordarme me violenta. Me frena. Me para. No necesito descansar porque vengo muy descansado del fin de semana, igual, pienso, si tanta paz ha acabado por sacudirme yo que ando acostumbrado a los estreses varios que nos trajo la vida.

Me trabajo en una libreta a menudo. Me centro y descentro con curiosidades y pensando qué será de mi futuro, como si alguien tuviera respuesta a eso, a esto.

Quizá el dolor el estómago es la respuesta a mi presente. De mi futuro, ya hablaremos cuando llegue... (optimista que es uno).

martes, 5 de febrero de 2019

SIN HACHES

Aunque sea a escondidas me he prometido dejar caer hojas, como un otoño de mi vida, que es esto que vivimos hoy. No hay tristeza. Si acaso inercia, y una voluntad terrible de construirme sobre aquello que se va deshaciendo.

A veces pienso si esa crisis de los cuarenta, tan manida, me la he echado encima entre los 41 y los 42. Pero no es tristeza, repito. Es asentarse, mirar, estudiar, decidir... De lo que se ha ido yendo más que de lo que nos haya llegado.

Porque llevo unos tiempos de mantener más que de buscar, de retener más que de renovar. Y dicho así, o mejor dicho, escrito que es como yo pienso, me recibo con la intención de seguir fortaleciendo, sin buscar cosas nuevas, lo que podría ser un horror... Y un error.

El viernes me devolví en un avión: una libreta y un boli. Y me hice un paseo por mis adentros que no necesitaron de mayor psicólogo. Muchas cosas de las que escribí las estoy hoy rayando en la cabeza: y me ayudan. Otras, las mantengo a parte más por voluntad de no tener voluntad que por pereza. Y ésta me prometí a devolverla con un patadón para arriba.

Hoy escribo aquí. No lo había hecho en este 2019 que tiene algo de catarsis - de aquellas cosas que uno presiente en su vida. Y hay que prepararse para toda la revolución que yo ya dejé en evolución. Y es suficiente.

La inercia me estancó.
Estancarme me silenció.
Silenciarme me acomodó.
Y acomodarme me ha roto por dentro.

Ya lo digo: sin penas, sin tristezas, sin estridencias... Como no hacía las cosas antes.

Me prometí andar más sobre las palabras que no digo. Y así camino. Ayer un avión, mañana un tren... Y en las pausas, meditación y camino. Seguir haciendo. Porque me encuentro con ganas de construir (me). Que me hago falta. Y lo sé.

Me encontré conmigo y me puse deberes. Así que voy a hacerlos. Que ya toca...

miércoles, 10 de octubre de 2018

SOBRE UN PALO



Hace tiempo que venía pensándolo, pero no sé si os pasa alguna vez, mi manera de darme cuenta de las cosas en la vida es cuando las digo, cuando las verbalizo, cuando las escribo... Y hoy me ha vuelto a pasar. Tenía en el estómago como una maraña de pelo, la tengo desde hace tiempo. Y estoy bien. No hay nada malo, ni nada raro. Ni tristezas ni desdichas... Pero es verdad que llevaba tiempos y no sabía qué era. Finalmente, hoy, que ha sido un despertar nervioso, la palabra se ha escrito sola y me ha dado una idea clara: ni los silencios, ni los temores ni las buenas o malas suertes duran para siempre. Le digo a una persona por teléfono y ayer a otra frente a unos hielos todo aquello de que, al final, uno es como es. Y que parece que en este mundo hay que ser más individual, más trepa, más egoísta, más falso... Pero a mí no me enseñaron a ir por la espalda y nunca me han gustado ni la mentira ni el sentir que no engaño a nadie, que voy de frente. Por eso las dudas: porque ves que, a menudo, los que eligieron las malas artes van haciendo camino y te quedas con la sensación de que tú no andas... Lo he sentido mil veces. Y mil una he dicho: "Se acabó". Voy a dejar de ser como soy y así las cosas me irán de otra manera... Pues eso. Que hoy me he dado la respuesta: "Querido Bronchud, ni el silencio, ni el temor ni la suerte... son para siempre". Así que, me he decidido a seguir... A seguir como soy. A subirme sobre un palo y mirar sonriendo el mundo. Y comprobar qué bello es mi camino... Aunque a veces sea oscuro. ¡Pero qué bonito! Y ya llegarán otros días... donde decir y no callar, donde respirar y no temer, donde seguir viviendo con esta fortuna de apoyarme en las pequeñas cosas... Hoy me dí cuenta de todo eso. Y de que soy feliz con mis pequeñas cosas. Y de que todos esos a los que a veces envidio sus malas artes, no tienen ni idea de lo que es subirse a un palo y mirar sonriendo el mundo... Y, muy probablemente, cuando lo hacen, ni siquiera tienen a quien se lo puedan contar, les comprendan y se sientan felices con ellos por ello... Así que hoy: callado, temiendo y con mi suerte, a seguir viviendo...

lunes, 17 de septiembre de 2018

SI HICE O NO HICE



Contaré que pasó el verano y unos días de reposo obligado. Unos días largos de fiebres altas.
Llegué de Madrid anoche. De Auswitchz, Queen, las tapas y el cocido. Con Rosa y Edurne, Susi y Miguel con Vicente. Un buen fin de semana sin arrastrar los pies cansados de llevar el cuerpo. La cabeza también se cansó de lo mismo hace unas semanas. Pero vuelve todo a su sitio, como se calman las aguas tras las tormentas.

Decidí a partir de hoy el sí antes que el no o la duda. Lo prefiero. Quiero ir buscando soluciones cuando lleguen los problemas y dejar de encontrarme estos de frente, como si fuera la única opción. La tapia. Quiero ir descargando las culpas que no tengo y armarme de paciencia y de voluntades. Quiero ir haciendo camino, en esta segunda parte de mi vida que hace un tiempo escribí que venía...

Haré lo que debo de hacer. No pisar: porque uno nunca creció trepando, pero si dejar la disculpa continua y el lamento, la venda antes de la herida y la herida antes que el silencio. Habrá que ir buscando nuevas metas y otros retos, porque me lo pide la vida. Me descargo de mi y de mis pesadeces, me lo pide el cuerpo. Y a veces, hay que escucharlo, como me dijo el doctor, yo que escucho muy bien estas cosas...

Iré diciendo. Iré viendo. Releeré esto algún día y me sorprenderé de ver si hice o no hice. Pero hay que ir remando hacia adelante, con mayor fuerza o menos. Según se pueda. Y según soplen los vientos...

lunes, 23 de julio de 2018

MÁS DE MENOS


Querida mía,

Desde que te fuiste he visto cielos únicos, caer tardes con una exquisitez única, en silencio, con un manto de nubes alrededor de mis pensamientos que fueron volando solos, en callada armonía para mecerse sobre las olas de los mares del Mundo y conquistarlo todo al perderse tras el horizonte. Aprendí a ser mayor, a hacer ruidos cuando me levanto de los sitios, a tener dolencias que nunca tuve y a pensar desde la edad hacia detrás y menos hacia adelante. A echar de menos lo que aún tengo y a temer perder lo que nunca quiero que deje de ser mío. Desde que te marchaste me inunda de vez en cuando la nostalgia, y la lloro con las manos en un teclado para decirte que sí, que de vez en cuando te pienso, te echo de menos, y te vuelvo a pensar... He seguido caminando sin prisa, pero a veces con demasiadas pausas. Y si me siento a mirarme desde una silla, al pasar, ha habido veces que no me he reconocido. Pero me traje hasta aquí. Corriendo rápido como un niño tras un globo, igual, tras tu memoria. Eché de menos descolgar el teléfono y volver a llorar. Sentarme en tu mesa y volver a sonreír... Volver a decirte lo que fuera y que tú me contestaras algo tan sencillo que mis problemas se derrumbaran como un castillo de cartas, una vez más...

He llegado hasta aquí, bien acompañado claro, como siempre, porque tú sabes que desde niño siempre fui voz de otros oídos, mano de otros paseos, amigo antes y después que nada... He llegado hasta aquí con un poso de duda, sin miedo, pero intranquilo ante todo lo que tenga que llegar... si es que aún queda algo por llegar, que será lo mejor como reza la pulsera que me até y se esconde entre las demás, como queriendo incumplirse.

A veces, también te digo, hay mañanas en que todo es oscuro y pienso si no me habré equivocado y si aún estoy a tiempo de acertar... Luego me pierdo, como siempre. ¿Te acuerdas? ¿Cuántas veces puedo colgarme de una nube lejana? ¿Cuántos azules sé mirar en el cielo? ¿Cuántas estrellas me quedan por contar...? Me pierdo entre mis versos de colegial, sin rima ni talento, y así me desconecto de las nubes de tormenta, los cielos oscuros y las estrellas que se fueron apagando...

Te escribo para decirte que estoy bien. En calma. Tranquilo. Y a la vez me remuerden las ganas de no saber qué me apetece ni qué más quiero buscar. Porque tengo la sensación de que hace ya mucho que dejé de querer, como dejaron de ilusionarme las cosas ni me contagió de apetito lo que tuviera que hacer... Las navidades ya no son como las que tuve. Y así, con todo, tengo la sensación, yo que respiro siempre en el exceso, que todo vino rebozado en una rutina que no soporto...

¿Y ahora qué? Ahora te escribo. Me pongo algo de música triste y te escribo. Y te pienso, y me sonrío al pensar cuando estabas y me decías tantas cosas, aunque fuera callada, me dabas tantas respuestas que hoy no sé dónde encontrar... Estoy feliz, sin excesos, tranquilo. Ya te lo dije. En paz conmigo más que con mi cabeza, que no deja de preguntarse y de querer saber. Pero me encuentro bien. Solo necesitaba escribirte... decirte que la vida sigue dándome sus empujones y yo sigo caminando mientras miro en los cristales que mi espalda se curva y el pelo se pinta de blanco. Te escribo para decirte que me hice mayor. Más mayor. Y que te echo de menos. Más de menos...

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14. "Bendita locura" En la limpieza de fotos, anoche, volvió a aparecer el bueno de Paulin...