martes, 18 de junio de 2013
NOCHE LLUVIOSA. KUALA LUMPUR.
Ha sido una noche de tormenta. Sin venir a cuento. Ni siquiera las previsiones meteorológicas, que tantas veces fallan, fueron capaces de avisarnos. Y sin embargo, al salir de la sede, de la reunión ejecutiva del mes, arreciaba el agua con una vehemencia intranquila. Me fui hacia casa mojándome bajo la lluvia, con el cansancio a cuestas después de un lunes, que venía de un domingo cargado, de un sábado de boda, de un viernes de cumpleaños... Así fui. Caminando bajo la lluvia, sin paraguas, después que Blancas me dejara en la esquina de Gregorio Gea y me fuera, bajo los balcones, a buscar la cama. Me fui con un insomnio y un capuccino. Jugué al triviados con Alejandro en la distancia y me dormí, entre truenos lejanos y relámpagos espaciados que me regalaron un momento de brisa fantástico.
El domingo olvidé ir al bautizo de Ana y Jose, hijos de Ana y Jose. Hay cosas que no se pueden perdonar, y ésta es una de ellas. Mis amigos, que lo son por lo buenos que son conmigo, me lo han perdonado, me han excusado y me han dado hasta razones para no poder acompañarles, pero no se imaginan lo mal que me supo. Mi cabeza, que anda tan cargada de historias y de cosas, que fallo en las elementales, las básicas, las cercanas... En fin. Que lo siento mucho y que mis sobrinos ya tienen algo más que reprocharle a este tio, que se hace mayor a destajo.
El domingo por la tarde tuve procesión. Regresé a casa y me cené una pizza: no andaba con intenciones de cocinar mucho. El lunes me desperté con la báscula y una sorpresa: en un fin de semana he adelagazado dos quilos y medio. Si eso no es actividad, que venga Dios y lo vea. O quien pueda venir, que todo el mundo anda con las agendas a tope... Almorcé en Torrente, con Vicente y Paco, además de Leo. En coche nos pusimos al día yendo y volviendo. De regreso a la radio, pasamos por Casa Rosita. Y seguimos sobre ruedas hablando de nuestras cosas, hasta que de repente se cruzaron dos palabras en mi imaginario que dejé en las manos de Leo: "Kuala Lumpur".
En las últimas veinticuatro horas, he repetido inconscientemente tres veces estas palabras y dos más de manera consciente. Además las he escrito en dos ocasiones más: wikipedia y google maps. "Kuala Lumpur". Afuera debería de seguir lloviendo, para que este momento fuera ya fantástico...
La lluvia lo inundó todo, toda la noche, cubriéndome de felicidad.
Ha sido una noche lluviosa. Hacía mucho que no sentía los vientos de la tormenta al dormir, ni que me despertara cuando el agua arreciaba. Hacía muchos años que no era capaz de disfrutar como hoy de un cielo cargado de nubes que anunciaban más agua... Y hoy, al salir a la calle, descubrí que mi ciudad parecía otra. Que el cielo triste, a mi hoy no me daba nostalgia... Y sin saber por qué, recordé Londres, y me fui al año nuevo de 2010. Y entonces recordé a Luca, aquel cantante callejero que cantaba tan bien... Y sentí de nuevo la felicidad en el corazón. Cuando vuelva a casa, buscaré el disco y dejaré que suene bajo la lluvia...
Es martes, después de un lunes intenso, lleno de reuniones, comisiones y cenas en el partido. Es el martes después de la tormenta. Es el martes, antes de muchas cosas... Que irán pasando.
domingo, 16 de junio de 2013
JAVI Y VERO
Estoy apurando este domingo mirando el reloj para conseguir irme a dormir cuanto antes. Me apreta el cansancio y mañana, irremediablemente, ya es lunes. Tengo ante mí abierto el texto de la obra de teatro con que vamos este año a escena, un palo de helado de al mediodía, ahora he cenado pizzaa. Y un mechero, que uso para encender inciensos. En la tele, la Sexta le da otro sentido a la palabra "objetividad". No es nuevo, es otro.
El viernes fui a la radio, acabé mi programa y acudí a comer a casa. Me trajo Leo después del "Valencia Abierta". Subí a casa, preparé algo de comer, unas patatas asaadas y un ajoaceite, que desde el primer momento supe que no iba a cuajar. Eché la tarde en casa y me fui a Valencia a recoger el chaqué para la boda de Bausá y Vero. Me compré una cámara de fotos, porque la echaba a menudo en falta y regresé a casa corriendo, para ducharme, cortarme el pelo y plantarme en casa de mi hermana para ir a cenar con Óscar y Edurne, Papá y el cumpleaños de mamá.
Cenamos en "El Rincón", de Blasco Ibáñez y sopló la mamá una tarta sorpresa de 67 velas, con Edurne vestídisima de ibicenca y creciendo a marchas forzadas. Pasamos la noche, cenamos de maravilla y me llevaron a Gran Vía, Rosa y Óscar con la pequeña Edurne que saludaba desde la ventanita de detrás. Sigue siendo mi pequeño tesoro.
Me entré en Cyrano y esperé. Llegaron al rato Borja y Lorena, Miguel Ángel y Moni, Adrián y Alba, Selu y su amigo Fernando. Nos pusimos en la parte de arriba y nos tomamos una copa y unas risas. Unas cuantas risas. Seguimos en la calle, bajo el calor de un junio que reniega de primaveras y Borja y Lorena me llevaron a casa. Nos dieron las tres largas de la madrugada hablando en la calle. Y al día siguiente a las nueve y media tenía cita en la sede del partido para un taller de redes sociales que hemos organizado. Desayunamos en la sede y nos pusimos al día de twitters y facebooks. Luego almorzamos en el casino y me acosté sin comer para echar una siesta antes de la boda.
Me puse la camisa blanca y la corbata roja, el chaleco crema y los pantalones rayados. El chaqué negro y el pelo engominado. Cogí la boda, repasé que llevara todo en orden y salí a la avenida del Cid buscando un taxi, que casi me encontró a mí. Llevaba la carpeta roja con lo que escribí para la boda y los nervios enganchados al estómago, de repente. Llamé a Bausá por teléfono y le dije que esto ya estaba...
Y así fue. Me encontré en la Pantera Rosa con Ángeles, Dani y Marta, Ana e Iván, Sergi y Laura. Nos recogió el autobús y prendimos camino hacia la Vallesa de Mandor. Llegamos y nos instalamos. Tuve el tiempo suficiente en el atril para respirar unas cuantas veces profundamente, sabiendo que teníamos por delante una boda para la que habíamos pensado muchos detalles que quería que estuvieran también en la ceremonia.
Hablé de Vero y de mí. De Bausa y de mí. Porque sólo así podía explicar mi implicación personal en la boda. Hace unos años Javi me dijo que echaba de menos salir en estas hojas perdidas, un detalle que inconscientemente cumplía. Luego hubo un tiempo que no se nos perdía nada juntos. Y ahora, desde hace unas semanas, hemos reemprendido la marcha del camino juntos. Sé que hemos hecho los dos un ejercicio atroz de velocidad para llegarnos a tiempo. Pero llegamos y mereció la pena.
Hubo mucha gente que se acercó a darme la enhorabuena por la boda. Sentí que era la más estudiada de las que he celebrado, en las que más había pensado porque como les dije, quería que fuera la más especial de la vida. Esta vida que tantas vueltas da, que ahora nos tiene juntos, y que no sé que vueltas dará. En cualquier caso: espero que sean juntos y hacia adelante.
Fue una noche de fiesta, con mucha gente de la falla. Me la pasé mano a mano con Angelita y Richard, con Isra un buen rato, con Adrián casi toda la noche. De confidencias, a ratos también. Con Lorena. Con Borja cantando por Sabina. Con las Cuesta, con quienes tengo trillones de fotos... Una noche a tope, divertida y entretenida... Muy entretenida. Y especial, vaya que sí.
Vero estaba radiante, alta y guapa como siempre, descansada después de la ceremonia y emocionada desde que comenzó a caminar hacia Javi. Javi, necesitaba pasar el trámite del enlace, deseando que todo fuera de éxito. Y lo fue. Me gustó ver que la corbata azul celeste le quedaba de maravilla, fue un detallazo que me mandara la foto cuando iba en el autobús. Por eso decía como nos mimamos ahora, que es fantástico, y ojalá no se pudra con el paso del tiempo, como no se les puede oxidar este amor... Que mañana va camino de Dubai.
La boda, que marcó una fecha en el calendario, al final nos ha servido para acelerar la vida, algunas cuestiones de la vida, desde luego. La boda fue una fiesta en toda regla, con ganas, con emoción, con ilusión,... Con cosas bonitas. Qué maravilla la vida cuando nos trae estas sonrisas.
Y de risas unas cuantas, como dije con Richard y con Ángeles, tan a mano. Tan confidentes Joana y María, que cogieron aire a la sombra de un olivo en mitad de la madrugada. Ángeles se fue a casa con David y Carol (y se llevó mis llaves). Llamé a su teléfono sin batería y luego me devolvió la llamada y el mensaje. Tuvo que quedarse despierta mientras el autobús nos traía al día. Cogí un taxi con Adrián, bajé con mi chaqué andando por Ruzafa y recogí las llaves. En Peris y Valero el calor ya picaba cuando conseguí el último taxi...
Hasta que llegó fui adivinando matrículas, condicionando algunas decisiones de madrugada nupcial a los números si aparecían, como hago tantas veces. Si aparece un 13, voy hacia allí. Con un 6, tengo que hacerlo. Si es impar, paso... Y de una manera casi cómica se alinearon los planetas para que fuera tomando decisiones. Me subí al taxi y regresé a casa, con hora ya de mañana dominguera.
Antes de irme a dormir, se me caían los ojos, de verdad, mandé el último mensaje. Un mensaje que quería mandar desde hacía tiempo. Calculo. Me acosté y sonó al rato el whatsapp. Bausá me preguntaba si estaba ya en casa y me daba las gracias por la boda. Le contesté, al recién marido, peleando contra mi sueño.
Pd: Esta tarde recibí otro mensaje, al respecto de mis palabras de ayer en la boda, que pudieron despertar otra sensación. Y me lo dijeron, me lo hicieron saber, porque así le nacía. Y se agradece. Mucho. Nos cruzamos un par de mensajes y nos dejamos el camino por delante para ponernos a caminar... Y ese camino será fantástico. Estoy seguro. Enhorabuena a los novios (a veces, las bodas, vienen con una fortuna bajo el brazo).
jueves, 13 de junio de 2013
NUBES, AL FIN Y AL CABO
Somos gente afortunada. No lo pensamos casi nunca, pero lo somos. He viajado algo por el mundo y me he encontrado ríos de miseria. He mirado al cielo desde todos esos rincones y el azul es parecido, las nubes sobrevuelan de igual manera, a distinta velocidad puede ser; pero nubes, al fin y al cabo. Pero abajo en la tierra, donde las manos curtidas aran la pobreza y los sueños caen contra el suelo por un principio de gravedad más grave que en ningún otro lugar del mundo, allí, en el suelo, en la realidad, se mueve la vida de muchas personas cuya fortuna realmente murió antes de que ellos mismos nacieran.
Nunca es un consuelo que ante nuestra tristeza habrá alguien más triste, que nuestras lágrimas son pocas al lado de los ojos secos que ya ni lloran; que nuestro dolor es inmenso, pero menor que el de aquellos que sufren sin conformarse nada. No hay consuelo ninguno, ni debe de haberlo. Pero es una realidad, trágica como la vida, que intentamos batallar con sonrisas y alegrías, que hay quien de verdad sufre con una intensidad amarga y ni tan siquiera tienen voz en la garganta para clamar contra la injusticia.
Nos acostumbraron a buscar la felicidad, a tener que sentirnos felices. Nos obligaron a vivir con todo aquello sin lo que podríamos vivir, y probablemente mejor. Nos obligaron a creer que seríamos todo aquello que tuviésemos, pero no nos dijeron que no hay quien tiene y sigue siendo. Al final, aquellos de cuyo dolor ajeno nos hemos alejado, que se mueven lentos camino de la muerte, para nosotros parecen ni existir, porque nada tienen que necesitemos ni nada les queremos ofrecer.
No es un consuelo, ya lo dije. Pero para estos hijos de un Dios mayor, que viven bajo el mismo azul y comparten nubes similares, la vida pasa de manera distinta. ¡Qué injusto es que no sepamos pues, desde este suelo fértil y arropados disfrutar de lo que disponemos y vivir con la sonrisa en la mirada! Yo aún recuerdo aquellos ojos oscuros clavados con un machete de pobreza contra mi conciencia dormida. Y bajo ellos la sonrisa de la niña que sorprendida se paró ante mí para que viese que nada había, bajo un manto de humedad, más bello que la alegría de su pobreza...
Seguimos condenándonos a diario con nuestras penas y nuestras miserias. Pero si me quieres escuchar, mi optimismo y yo te decimos que aún hay un lugar para la sonrisa. Ahora mismo, ahora que me escuchas, a ti que te hablo, te pido que sonrías. Inténtalo, aunque te duela. Házlo aunque creas que no puedas. Sonríe y piensa cuánto hace que no sonreías... Y verás como enseguida en tu memoria se agolpan momentos felices, bajo un cielo azul plagado de nubes que nos sobrevuelan...
miércoles, 12 de junio de 2013
EN EL DÍA INTERNACIONAL CONTRA EL TRABAJO INFANTIL... QUE ES HOY (Y DEBERÍA DE SER SIEMPRE)
Que tenga que haber en el calendario un día internacional contra el trabajo infantil es deplorable, triste, lamentable, nauseabundo, inhumano, injustificado... Que tengamos que marcar en rojo sobre nuestro almanaque de vida un día para reclamar la mirada de manera condenatoria y denunciante, parece más inhumano aún. Pero es que, mientras tú y yo corremos para que no nos alcance la prima de riesgo o nos llevamos las manos a la cabeza cada cinco minutos por otro crimen de corrupción, por el mundo, perdidos entre las desesperanzas, se esconden niñas y niños cuyo futuro es tan oscuro o más como su presente, su pasado les huele a colilla y a opresión; y su mirada sin brillo, perdidas y hambrienta, se mueve entre escombros de desesperanza porque para ellos la felicidad ya no es ni siquiera un deseo que anhelar, algo que les pueda llegar...
Cuando era pequeño, más pequeño de alma, corazón y cabeza de lo que se pueda sentir este Peter Pan desengrasado, si dejaba algo de comida en el plato o decía aquello tan infantil de que “eso no me gustaba”, mi madre enseguida me decía que pensara en los niños que no tenían nada para comer. Y yo, que siempre he sido de pena rápida, porque el corazón me late ¡qué cojones!, me acordaba de los niños del África inundados en moscas y cuyos ojos se les salían de la cara sin mirar más que a la muerte de frente. Aún así, creo que mamá fue exquisitamente madre, que intentó apartarme del dolor y de la pena, que no me hizo ver, por ejemplo, que más de quince millones de niños trabajan forzosamente en otros hogares, por ejemplo, que para muchos no hay calle a la que bajar a jugar o que llorarían si tuvieran delante aquel bocadillo de paté del que tantas veces renegué. En el mundo, en este mundo que da tantas vueltas y que de manera egoísta a menudo no releemos, casi la mitad de esos niños que trabajan lo hacen, además, a cambio de nada. Sin sueldo, ni jornal, ni esperanza...
Hoy en el calendario tenemos una cita. Mirar al lado y avergonzarnos de lo que hay y no queremos ver. Reclamar un presente mejor para millones de niños que trabajan como adultos y a los que obligamos a vivir como animales. Hoy, podemos poner el primer cimiento para erradicar esta plaga injusta y asquerosa, que nos hace perder la sonrisa y el aliento; que nos obliga a sentirnos felices con lo poco que decimos tener, porque les estamos robando la vida a aquellos pequeños que, en verdad, no les queda nada. Que se acuestan a dormir, pero que no sueñan. Que son, sin quererlo, protagonistas de una estadística injusta pero real, asfixiante y deplorable. Hoy, como siempre, deberíamos de mirar a esos niños que sufren y ayudarles a buscar un futuro que, al menos, sea tan malo como el presente del que tanto nos quejamos. Estamos obligados.
Hoy, que me acuesto con Edurne a hacer la siesta y siento su sonrisa junto a mi, en la cama, y pienso en lo afortunados al final que fuimos... Que no es consuelo, lo sé, pero cuánto dolor se reparten los niños del mundo (qué injusto, joder).
lunes, 10 de junio de 2013
EL MEJOR PROPÓSITO
¿Cuántas veces te has dejado ante las campanadas la hoja escrita con todo lo que vas a barrer de tu vida y lo que quieres que te llegue al nacer el año nuevo? ¿Cuántas veces has pensado que el lunes es el día oportuno para comenzar esa dieta que arrastras desde la misma navidad pasada en que te prometiste cambiar tu vida? ¿Cuántas veces, igual que cargan los niños con sus mochilas, te has planteado tu vuelta al cole, en septiembre, cargado de tantas promesas que no encuentran quien las cumpla?
Los propósitos son necesarios en nuestra vida. El ponernos metas para las que correr no es solo algo necesario sino que altamente recomendable, pues con el hecho de exigirnos nos invitamos cómplicemente a conseguir superarnos hasta en la más nimia de nuestras intenciones. Los propósitos que tantas veces nos escribimos, aunque sea sobre el imaginario papel de nuestra mente que anhela conseguir, son enmiendas o propuestas que nacen con la voluntad de cambiarnos y hacernos mejores. O al menos, en nuestra escala, vienen con fuerza para reforzar aquellos puntos débiles entre los que se dibujan las líneas rectas de nuestras vidas...
Vaya también por delante que muchas veces los propósitos no pasan de eso, de propósitos, de intenciones que no llevamos a cabo. Las más complicadas, yo creo, son las que deben de hacernos cambiar nuestra manera de ser, que se puede mejorar pero rara vez cambiar. Al final somos como somos y difícil solución tenemos: y no hay que ponerse pesimistas. Es fantástico ser cómo se es y por esta razón le venimos a gustar a la gente a la que le gustamos. Pero es cierto que, todos, alguna vez, hemos pensado aquello de esto no me volverá a pasar. Ante el egoísmo de los demás, nos prometemos ser igual de egoístas y de mirar antes por nosotros que por los demás, que tan poco miran por nosotros. Ante el desconsuelo del olvido, nos prometemos sacudir igual en el tiempo pasado nuestra memoria y subirnos a nuevos trenes. Ante el dolor que nos provoca alguien, nos proponemos mirar ya sólo hacia adelante, sin mirar atrás por convertirnos en estatua de sal...
Yo a menudo me propongo cosas. Me traigo mi papel del alma y escribo, con intención sobre él, una retahíla de voluntades que a veces cumplo y a veces no. Y de vez en cuando, repaso el ayer con la intención de saber cuántas cosas emprendí de nuevo y cuántas me gusta leer y saber que hubo un día, por lo menos, que pensé en cambiarlas... Por eso te aconsejo que traigas con cualquier excusa los propósitos a tu vida, porque solo con escribirlos a renglones seguidos en tu alma, estarás pensando en ti, en la manera de mejorarte y de ser y hacer más feliz en la vida a los que te rodean...
Para mí, éste ya es el mejor propósito...
domingo, 9 de junio de 2013
CHAPAMOS PARAETA

23:15. El domingo empieza a marcar con sus saetas el final del día y mi estómago sigue ahogado como una bolsa de cemento. Mañana a lunes y a dieta. EL fin de semana ha sido para no parar nada. El viernes tuve radio, acabando la semana, con Cicciolina en el estudio como anécdota de toda la semana. Me vine a casa andando bajo un calor fuerte, ya veraniego, aunque algunas nubes anunciaban que había tormenta a lo lejos. Yo me fui con mi tormenta personal, cansado ya de las respuestas de algunas personas que siguen anteponiendo todo lo suyo a cualquier cosa mía. Ese egoísmo patético del que empiezo ya a cansarme... A cansarme otra vez. Anduve camino de casa pensando en comerme las albóndigas que dejó hechas mamá, pero no hubo oportunidad. Habían volado. Y me comí un arroz con lentejas, más bueno que bueno.
Por la tarde comencé la ronda de actos, primero con Castilla-La Mancha que celebraban su día grande en Mislata y luego en la inauguración de la Feria. Me tomé una cocacola en el límite del horario y salté de La Canaleta a la calle Cádiz. En "La Virada" me esperaba Manolo con un vino blanco y una puesta al día, que falta nos hacía. Y le conté que andaba tan cansado de no parar y me contó que andaba con unas cuantas ideas.
Nos escapamos a Cyrano, porque era el cumpleaños de Angelita y lo celebraba en el antro de moda. Allí estuvimos un buen rato con las últimas exquisiteces culinarias de la amiga, que cambia de costumbre a marchas forzadas. Nos fuimos a la Falla, porque teníamos Junta, este viernes, que presidí para aprobar presupuestos y nombrar a las falleras mayores del año próximo: Clara, la hija de Claudio, y Laura. Mi Laurita Cuesta.
Tengo que decir que venía sobrecargado. Que me descubrí a mí mismo ante una mesa, absolutamente colapsado de radios y rabias, de inauguraciones, notas de prensa, reuniones in extremis, acusaciones políticas, cumpleaños de amigas, vinos de confidencias y demás. Estaba saturado y pensando en el día siguiente, que es como me manejo actualmente.
Aún así, tuve oportunidad de respirar y hablar, de pedirle a Clara que tenga el año fantástico que sé que tendrá y a Laura, de intentar explicarle, porque no es cosa sencilla la ilusión que me hace acompañarla en esta aventura. Laura, la dulce amiga, la tierna niña, la simpática gemela, mi Cuesta al cincuenta por ciento, de sonrisas amables y cariños verdaderos se convierte en la Fallera Mayor del próximo año, viniendo del super listón además que le ha dejado Yajaira para lo que se le viene encima. Un gran año. Espero y confío.
Salimos de la falla y nos disparamos contra el Cyrano, Miguel Ángel y Moni, hablando por el camino. Regresamos al pub, con Rosa y Óscar tomando una copa y toda la caterva de amigos, incluyendo a Noe, en el Cyrano. Cansancio a parte me fui a dormir rondando las tres de la tarde y me desperté a las siete y bastante para ducharme y salir a Peñíscola a las ocho de la mañana. Llegué a las nueve y media, a la convención del partido con presencia de Rajoy. Pasamos la mañana, con una playa que se intuía apetecible y regresamos José Luis, Pepa, Juanjo y yo, con la faena acabada. Llegamos a casa a las tres de la tarde: preparé un arroz con cosas, con parecido a un arroz al horno sin garbanzos y comí.
Quise dormir, pero no pude. Acudí a la romería del Rocío que los andaluces hacen peregrinar por las calles de mi pueblo y, al acabar, me tomé otra cocacola con Gloria en el Aroma. Le dejé allí porque iba con el tiempo pelado de cambiarme de ropa y ser recogido por Boro, Elena y Acosta con quienes me fui al cumpleaños de Belda y Marci en Chiva.
Nos fuimos riendo por el camino y en la llegada, laguete arriba, laguete abajo. Entramos en la casa, preciosa casa, de Marci en Chiva y nos encontramos con un patio de ensueño decorado perfectamente para el sarao del año. Yo me encontré a mucha gente. A gente que te deja el camino y que, por sorpresa, reaparecen al tiempo. Me gusta que cuando esas personas vuelven a la vida y me dicen que me recuerdan con cariño, que tuvieron buena impresión de mí o que se llevaron grato recuerdo, aunque fuera de poco rato...
Belda y Marci fueron los anfitriones increíbles de la gran fiesta. Allí me reencontré con Brenda, que me puso al día de sus días cuando caía la noche. Allí me encontré con Fede y Raquel, que son más majos que las pesetas, con Pacolo, que está mejor que nunca, con Diego, al que ví sonreír como siempre y de nuevo, que es lo que más me gusta, con Javito, con Javi Fernández, Ceballos&Sanabria,... Con muchísima gente con la que fuimos celebrando el cumpleaños...
Volvimos a las cuatro a Valencia. Yo me desperté a las siete de nuevo con un dolor fatal, pensando que estaba saturado, que lo debía de estar. Me tomé algo y volví a la cama. Me desperté, me duché, me vestí y acudí a la Canaleta porque teníamos por la mañana, bajo el sol de primavera, la misa rociera que acabó con esa Salve que tanto me gusta... Y tomamos algo Toni y yo en la feria del comercio que llegaba hoy a su final. Toni me trajo en coche a casa, porque él se iba a casa de sus hermanas y yo me quedé en casa, sin comer nada, haciendo ordenador un rato, siesta otro, perdiendo las pocas horas de domingo que me quedaron pensando ya en que mañana es lunes y volvemos a la carga...
Limpiando he tenido una sensación increíble: que se me van los fines de semana sin descansar nada. Y me gustaría ponerle freno, pero los próximos ya los tengo en agenda, y tengo la sensación de que se moverán en la misma línea. Por ahora, como dice mi Laurita Caballero: "Chapamos paraeta". Que ya toca.
viernes, 7 de junio de 2013
HOY ME DESPERTÉ
Me entretengo en mis días tejiendo una mañana de felicidad y esperanzas. Hace tiempo que decidí echar a volar mis ilusiones, desde lo alto de una montaña, pegado a las nieves que nunca viste y al cielo más cercano que pude tocar con mis manos. Como una plegaria envuelta en letras unidas de lenguas lejanas, mis buenos deseos hace tiempo que sobrevuelan el cielo. Y a veces las veo, otras no tanto, porque hasta el optimismo tiene sus idas y sus venidas, su montaña rusas del ánima pura y que se mantiene incorrupta. Pero lo reconozco, intento a diario suspirar entre alegrías y provocar esperanzas a los que se mueven por mi entorno, con cierta pena de poeta lisboeta agarrada al lagrimal y al estómago, vísceras que surcan mis pasos...
Creo que hay que apostar por el futuro, que hay que estar convencidos de que podremos conseguir alcanzar hasta aquellas metas que nunca pretendimos ponernos, que podremos salir de la tristeza cabizbaja a la emoción de una sonrisa, a sentirnos libres, como rayos de sol que se cuelan entre la hojarasca de los árboles en primavera, como olas de mar que se deshacen ante los pies desnudos en la orilla de la mar, como suspiros que se desvanecen y se cuelan entre los recuerdos que nos quedan por venir...
Hoy me levanté con ganas de dar vida. De sumar, como tantos días. De abrir las puertas de mis mañanas a la buenaventura y el sueño compartido. Hoy me desperté con ganas de batallar por la sonrisa, por la tuya y por la mía, por sentir cómo el corazón se revoluciona, agitado y loco, suelto, libre, como un verso sin rima en mitad de una maraña. Quiero invitarte a que te contagies de mi sí, porque el quiero y el puedo están a punto de ganar la batalla. Quiero decirte que en mi equilibrio se pueden colgar tus esperas y tus desesperos, y que de la mano te invito a caminar por esta senda tejida en colores vistosos, desconocidos, vivos, humanos...
Hoy me desperté con el ánimo descansado, con la palabra olvidada, con el rencor perdido, con el sueño motivado, con la esperanza alerta, con la vida en la mirada. Hoy me desperté con ganas de regalarte todas las cosas buenas que pasan por mi vida...
jueves, 6 de junio de 2013
ARREPENTIMIENTO
Tengo una sensación amarga agarrada al estómago. Es la sensación del pasado que sacude visceral, de vez en cuando, cuando cosas que creías tan arrastradas por los lodos de la vida, regresan con nuevos golpes haciéndose importantes, protagonistas, únicas... A veces la vida, en su cruel juego de desequilibrios, nos devuelve a etapas pasadas y nos hace replantearnos en un segundo si todo aquello que nos pasó o que hicimos pasar fue lo mejor, si no hubo otras vías, si no hubo otros escapes... Aquél dolor agarrado al estómago, duro e inconcreto, inconciso, se llama arrepentimiento cuando se confirma que hoy nuestras palabras serían otras, nuestros silencios otros, nuestros dolores menos amargos... Hoy me ha venido al día una llamada que traía mensajes de hoy pero personas de ayer, personas que ya no están, personas que hoy sufren y, me sorprendí a mí mismo, sufriendo ese dolor ajeno y sintiendo en parte la voluntad de estar, de volver a ser, de tender mi mano... una mano que ya no puedo tender porque aquel ayer duro e irreconocible se disolvió como un humo espeso y gris, denso y volátil.
Hoy he vuelto a la palabra arrepentimiento, a la revisión de la vida, al valorar aquellas aguas que refraneras ya no mueven molino. Y no siento arrepentimiento de lo que pasó o de lo que dejara de pasar, ni me siento dolido ya por un ayer irreconciliable... Simplemente, con la tranquilidad de hoy, con un pasado que es historia, miro las palabras que me llegan y me sentiría mejor arrimando el hombro que dejando que un dolor amargo se agarre al cuello de mi camisa... Siempre le deseo la mejor de las suertes hasta a las personas que no conozco, es una filosofía de vida incomprendida y latente, pero siempre me manejo así... por eso cuando tomo decisiones nunca me arrepiento. O casi nunca. En la vida hay que arrepentirse de lo que no se hace o de lo que no se dice, pero no de aquello que fue, creímos y creo, que eran las cosas como debían de ser...
Hoy, que la tristeza intentó colarse en la vida, sigo pensando que hay que batallar por el que está al lado, por compartir su dolor como nos regalamos la alegría, hay que luchar por conseguir sumar siempre y dejar que el pasado sea el manso bailar de las aguas de nuestra historia con el son de nuestros buenos recuerdos. No soy una persona de arrepentirme, y hoy, te traigo en mis palabras de esperanza el mismo consejo, que nunca te arrepientas. Que nunca eches en falta lo que pudiste hacer o decir. La vida, casi siempre acabará dando las vueltas que haga falta para que vuelvas a pensar en ello. Y cuando mires atrás, haz que el recuerdo te provoque siempre una sonrisa. Siempre.
miércoles, 5 de junio de 2013
CORDONES DESATADOS
Cuando éramos pequeños andábamos siempre con los cordones desatados, sin riesgo nunca de caernos. Y si nos veníamos abajo un beso de mamá lo solucionaba todo. Cuando éramos pequeños, cargábamos nuestras mochilas a la espalda haciendo el mayor de los esfuerzos pero, con los ojos pegados por el sueño y el ensueño, éramos capaces de lanzarnos a correr cuando veíamos a nuestro amigo cien pasos por delante. Cuando éramos pequeños, envidiábamos como mucho el bocadillo de nuestro compañero que siempre era mejor, creíamos, que el que nos habían preparado para el recreo: pero no teníamos mayor envidia. Cuando éramos pequeños, comíamos sin problemas porque en casa siempre nos procuraban todo a tiempo y porque la felicidad ignorante de aquellos niños nos hacía pelearnos si alguien no nos dejaba jugar con su balón o si en el cole, éste o aquél, no nos habían hablado...
Cuando pienso en hoy, veo que nos caemos muchas veces aunque nuestros cordones cierren herméticamente el zapato. Cuando pienso en hoy, veo que nos hacemos poco hueco en nuestras apretadas vidas para que mamá nos dé un beso que lo cure todo. Hoy, nos cargamos la espalda y el alma con cosas que nos tachan contra el suelo, que no sólo nos impiden echar a correr sino que nos dejan mirando siempre al suelo, con un desconsuelo que ahoga. Hoy nuestras envidias son más oscuras y escondemos la felicidad en una cortina de infelicidades mientras nos maldecimos por no vivir entre las olas de la alegría.
Sin nostalgias, vivimos demasiadas veces anclados al pasado sin pensar que nuestro futuro está en mañana. Y nos sentimos obligados a revisar casi siempre el ayer, pensando que aquello que nos voló, y que no ha de volver, siempre será mejor que aquello que nos podamos procurar. Y estamos engañados. Nos hacemos mayores, maduramos dicen, a golpe de tristezas, de agobios, de penas, de desconsuelos. Pero podríamos ser capaces de hacerlo pensando en compartir, en alegrar, en suspirar, en ayudar a ser felices y en intentar pasar por la vida dejando atrás un surco de felicidad que sin nostalgia ninguna fuera el rastro del camino que emprendimos, y por el que aún caminamos con mayor fuerza aún.
Pero es difícil, lo sé. Complicado. Nos empeñamos en confrontarnos o enfrentarnos. Callamos antes que nos reivindicamos, miramos al suelo sin ver que siguen las nubes flotando sobre nuestras vidas indicando que podemos soñar, que podemos movernos con mayor libertad todavía, que podemos ser felices como nos merecemos...
Sin nostalgia ninguna, a veces recuerdo cuando era niño. Un niño soñador, de necesidades simplonas o sin necesidad alguna, cuya batalla de vida más importante podría ser mejorar nuestro bocadillo del recreo... Aquella ignorante tranquilidad está claro que no regresará, pero todavía batallo, cargado con mi mochila, por seguir el rumbo que arriba en el cielo surcan las nubes...
martes, 4 de junio de 2013
CRÓNICA CORPUSIANA
Sentado en un banco, como la Penélope de Serrat, pero sin esperar nada, nos dejamos las primeras horas matinales del sábado Galiana y servidor en la explanada del MUVIM. Andábamos como siempre a la nuestra y en nuestras cosas. Él que se sabía protagonista de una noticia en la prensa. Yo que le recomendaba respirar y asimilar que cuando uno se dedica a lo público, es fácil estar en boca de unos y de otros. Luego, que si cómo te llevas con aquéllos y yo, pues ni fú ni fá, porque no los conozco. Y un sol de verano que invitaba a quedarse con los ojos cerrados. Me dijo Galiana que prefería cuando en estas hojas perdidas se me caían las horas a tope, que dice que no entiende cómo llego a tanto y que cuando me pongo denso, ya no le agrada leer. Que quiere más crónica social de mis días y menos intensidad del alma, vaya.
El viernes por la noche, acabando una semana extenuado, la radio me ha cambiado los horarios de mis días (y de mis noches, aunque vuelvo a pasearme en la barca del insomnio), me fui a cenar a la falla. Antes nos hicimos unas tapas en un bar con menú árabe en la calle Sueca Manolón, Adrián, Iván, Ana y servidor con la Moni. Nos fuimos a cenar a la falla donde la madera lo invade ya todo y allí nos echamos unas risas y planeamos el año que tenemos por delante. Nos fuimos en avanzadilla a Cyrano, Adrián, Richard, Moni y yo. Miguel Ángel llegó al rato. Y nos hicimos unas copas, con Gueguel y Luis, que estaban con su hermana y cuñado. Echamos cierre al viernes, salimos del Cyrano y me fui a por el taxi de cada noche. Llegué a casa y me acosté. El sábado tenía que presentar la feria europea y luego me fui al centro a comprar los regalos de Bausá, cuya despedida celebraríamos por la noche. Me encontré a Juanjo en Springfield, que es como encontrarte a alguien en el pueblo de los Simpson. Me recorrí la calle Colón, como hacía ya tanto tiempo que no hacía, y whatsappeaba mientras tanto con Adrián y Richard. Con la corbata y los gemelos ya comprados, me regresé a Mislata en metro, chateando con Bausá y preparando la noche. Comí y me acosté algo para intentar prepararme para la noche. Me recogieron en casa Richard, Isra y Javi. Compramos en Consum y nos fuimos a Cyrano, para prepararlo todo. Y fue llegando la gente y fuimos haciendo marcha, calentando por la banda con un Valencia que perdía la entrada en Champions y un vino blanco refrescado en hielo. Estuvimos hasta tarde en el Cyrano y de aquí nos fuimos a Umbracle, donde la fiesta nos trajo el día. Fue una fiesta en toda regla: lo pasamos genial, una vez más y para variar. Mereció la pena. Vaya que sí. Me fui para casa con Adrián, le acompañé al taxi, hice una foto del nuevo sol y me fui a casa con la intención de caer muerto en la cama. Me desperté y pasé el día holgazaneando en casa hasta que llegó la hora de la procesión del Corpus. Y salimos una vez más. Cené en casa de los Sabater, donde se cena tan en familia y con los mejores buffets de café e infusiones que puedas encontrar. Fue genial, una vez más, pasar la velada al aire libre, en ese patio valenciano con mi Teresón del alma poniéndome al día de mil detalles. Me fui caminando a casa bajo el verano que ya se notaba en la corbata y escuchando el repique de mis tacones contra el cemento. De noche ya, apurando un fin de semana fantástico.
lunes, 3 de junio de 2013
LA SERENIDAD
Hace tiempo que perdimos, tanto que ni lo recordamos, un estado del alma que se murió entre los ruidos. Hace demasiado que lo olvidamos, pero fuimos capaces una vez, de andar nuestras vidas sobre los mares quietos de la serenidad. Y ahora, ahora que el estrés nos remata entre tráficos y gritos, órdenes y desconciertos, pesadillas, problemas, ruidos, desilusiones; ahora que ahorcamos nuestras esperanzas con la soga de la intranquilidad, somos incapaces de pararnos ante la nada y contemplar que todo lo que nos va pasando, puede pasar a un ritmo distinto y que no nos es necesario buscar otros ritmos frenéticos y atropellados con que mover nuestros días...
Hoy, al sentarme al escribirte estas líneas, pensé como me hallaba. Y lo primero que creí fui que cansado, de los días pasados con sus largas noches. Pero me dí cuenta enseguida de que no, que el cansancio, este fisico que hoy me subraya que es lunes, desaparece con el descanso o con el tiempo y que no estaremos por siempre cansados. Me pregunté si andaba nervioso y enseguida supe que no, aunque empezaba a marearme la sensación de no poder explicar cuál es el estado de ánimo de mi alma de lunes. Y comprendí que era complicado de relatar porque hacia tiempo probablemente que no me hallaba así: sereno.
No sé si la serenidad es la cima de la madurez, si se nos viene a rachas o si desaparecerá de repente, pero poder ahora decir que estoy sereno y compartir esta sensación contigo es fantástico. A menudo te invito a que sueñes sentado en tu silla. A menudo te digo que disfrutes de los detalles más nimios, los más pequeños, porque serán los más significantes. A menudo te digo que te cueles en tu propia vida para llevarte de la mano las sensaciones fantásticas que pasan imperceptibles a cada momento por al lado nuestro. Y así hoy, que me descubrí frente a las letras, escribiéndote mi hoy, me descubrí junto a la serenidad, la misma que se cuela en un lago quieto o en un cielo anaranjado como el que descubrí esta madrugada cuando, de repente, me desperté en la cama.
Hay muchos pequeños detalles, muchos motivos que se nos van de las manos, que se cuelan ágiles para perderse por los rincones del olvido que no somos capaces de agradecer. Yo hoy, que descubrí mi serenidad, me quedo aquí contigo al lado, escribiéndote cada renglón con mi cansancio físico, mi cabeza que nunca deja de bullir y una sensación placentera en el alma porque al final me encontré con ella: la serenidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.
DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14. "Bendita locura" En la limpieza de fotos, anoche, volvió a aparecer el bueno de Paulin...
-
Viernes, mañana. Me acosté con el sueño que me trajo David en el maletero del coche. Y soñé, durante un rato largo. Cuando me desperté, desp...
-
No, no quiero escribir. Empiezo líneas y las borro de manera automática, porque me empeño en traer otras palabras a estas hojas perdidas que...










