viernes, 23 de octubre de 2009

ORQUIDEA EN PRISIÓN DE CRISTAL

Comí con Toñi. Hablamos de lo divino y de lo humano, sobre todo de lo mundano. Ella volvió a trabajar y yo a casa, antes de irme al hospital. Me acosté por cansancio. A dormir algo, no llegó a una hora. Regresé a mi infancia sentado sobre un carro apartado en la puerta de Ibercaja en la calle Molino. Tarde de vaquillas y una que se escapó, blanca y negra, y se acercó peligrosamente a mí. Dice el psicoanálisis que soñar con una vaca brava significa adversarios celosos y envidiosos que tratan de perjudicar a uno. ¡Lo qué me faltaba, vamos!

Paso la tarde en el hospital, tomamos antes un café y hablamos luego Eva y yo en el umbral de la ventana que anuncia noche. Me bajo con Hugo al bar a por unos bocadillos. Nos despedimos. Llamo a Lasa desde el taxi: "¿Qué tal se te ha dado el día?". "Bien, tío", me contesta, "incluso me voy ahora a una inauguración que hace años que no voy a ninguna...". "¿No será de un restaurante?". "Sí". "¿En Císcar con Borriana?". "Sí". "Allí nos vemos".

La suerte se alía muy a menudo conmigo. En noches como hoy, cuando más necesita uno a sus amigos, aparece el destino y te los devuelve a la mitad del camino. Hablo con Lasa y con Ángeles en la puerta del recién inaugurado restaurante, y con Tape y Alberto, y llega Elin. Y me encuentro a Maijo...



Nos vamos a cenar al Thaigardens los cinco. Nos echamos sobre el sofá blanco a golpe de gong y risas. Preparados para la velada. Tomamos una Singha, cerveza Thai. Y mi cabeza se va al pasado reciente, al verano, este último en el que tenía que haber volado a Thailandia con amigos... Las cosas cuando no salen, no salen por algo. Y cuando suceden, veas tú, son cosas del destino... De la fortuna.



Cenamos. Bebemos el vino blanco mejor acertado de los últimos meses. Y reímos. Hablamos. Debatimos. Por un momento es como si el mundo se hubiera parado y nos hubiéramos ido tan lejos que ya ni siquiera sabemos regresar.



Yo quiero regresar. Mi vida es ésta. El pequeño capullo de la flor cae dentro de la copa. La fragilidad absoluta, la más bella, queda entonces emprisionada por una jaula tan frágil o más. La del cristal. Cerramos el local, como siempre. Y andamos, por el Eixample, hasta llegar al Cyrano. Allí nos encontramos con muchos más. Y convertimos nuestra velada en una mesa repletísima de amigos y de gente a la que aprecio tanto. Risas de madrugada. Estoy cansado. Muy cansado. El cansancio hace ya mella... Debería de irme a dormir. Mañana a la mañana, esta mañana vaya, ha venido Aurora con Martín. Hemos ido al hospital. He salido a la hora de comer, para no comer. Me acuesto. Suena el teléfono: Rosa. Tengo pleno ahora y luego cena... Suena Beyond the sea... en casa. ¿La habéis oído? Escuchadla os hará ver la vida de otra manera... Con la misma fragilidad que una orquidea...

jueves, 22 de octubre de 2009

VOLANDO



(Pensamiento de las 13.37: Navaja en el corazón, Lisboa.)

"...En ciertos momentos muy claros de la meditación,
como aquellos en que, al principio de la tarde,
vago observador por las calles, cada persona me trae una noticia,
cada casa me ofrece una novedad,
cada letrero contiene un aviso para mí.
Mi paseo callado es una conversación continua,
y todos nosotros, hombres, casas, piedras, letreros y cielo,
somos una gran multitud amiga,
que se codea con palabras en la gran procesión del Destino..."

Fernando de Pessoa (Las calles de Lisboa)

¡Cómo me ha costado hoy levantar el vuelo! Cierto. Como una paloma que tiene la libertad de la mañana a su alcance, batir las alas ha sido un ejercicio de voluntad absoluta... El cielo, encapotado, describía una fina lluvia a lo largo de la ciudad, convirtiendo mi bienvenida en un remanso de serenidad y esa cierta nostalgia que siempre me despierta el cielo gris. Sin embargo, cosas del destino, al alcanzar el balcón, después de mi primer mensaje de la mañana, a Hugo, el sol se ha abierto, creciendo, desde mi izquierda y ha dibujado un rastro dorado sobre mi horizonte más cercano. ¡Qué belleza, por Dios!

He salido a la calle y me he reencontrado telefóno en mano. He tomado café. Me he sentado en la mesa del despacho y mi mente ha volado fuera una vez más... He recordado que tengo el disco de Silence 4, de aquél grupo que descubrimos en Lisboa. Mis recuerdos ahora son más claros cada vez. Más cercanos. Y recuerdo nuestras sonrisas y nuestras jóvenes felicidades pasearse las unas junto a las otras. Lo recuerdo todo. He encendido el reproductor de audio y he comenzado a escuchar "Silences becomes it", el disco de aquél viaje.

Haría diez años que no lo escuchaba. Y he recordado, a cada nota, el desgaste arrastrado del sonido de aquellos años. He viajado una vez más a nuestro pasado común y he sido feliz, desde la nostalgia. Pero feliz.

Vuelo a menudo en estos días porque la vida me obliga a hacerlo. Y vuelo alto. Feliz, por momentos. Tristes a otros. Nostálgico y esperanzado, poco. De vez en cuando, recuerdo las calles de Lisboa en esta semana en la que he vuelto sin querer y sabiendo por qué a aquellos años lejanos que fueron míos, como aún hoy.

Y aparece el mirador, sobre el Tajo, que convierte al río en un papel de plata alargado y deforme. Dorado al fin por el resplandor regalado del sol. Y Lisboa es, a nuestros pies, un manto de tejados uniformes y de miradas perdidas. El suelo empedrado, como el de la Baixa, corta desde allí el tejado de los campanarios de las iglesias de cada barrio. Y somos viento, en la mañana, que corta con frío húmedo nuestros rostros... Hubo un día que llorando me dolieron mucho los ojos porque el frío se clavó en mis pupilas. Si volaráis, como yo vuelo, notariáis ese frío cortante, y vuestras pupilas, sin llanto, mirarían alrededor buscando nuevas calles, abajo, como riachuelos de fortuna.

Tengo que regresar volando al despacho. Vienen a recogerme y nos vamos a comer. Luego a la tarde al hospital. Y de cena esta noche. En mitad de mi vida, sigo como siempre, aunque con la cabeza varada entre tanto vuelo... Qué preciosa se ha quedado la mañana. ¡Qué preciosa sabiendo que estás volando a mi lado!

miércoles, 21 de octubre de 2009

AHORA ESTOY AQUÍ

Mañanita soleada. La noche anunciaba lluvias. Ayer mojiteé con los Bravis y con Laura. De regreso a casa, en el taxi, la lluvia empezaba a salpicar la luna del coche. Era la una de la madrugada, poco más si acaso. Hoy esperaba agua por doquier. Sólo nubes. Y algo de frío. Incomprensiblemente mi cuerpo tenía menos temperatura de la que marcaban los termómetros, tenía frío. Un frío de escalofríos partidos. Llego al trabajo y reunión de equipo. Hoy las cosas no han sido del todo como quisiera. Pero héte aquí la maravilla de la vida que, de repente, todo ha dado un cambio inesperado y una sensación de fortuna me ha quebrado la espalda. A la espera de que me vaya bien, tan bien, mejor. Y sin quejarme.

Paso por el despacho para recoger e irme. Cojo un taxi, paso el paso de cebra sin saludar y hablándole al móvil sin recordar ya quién está al otro lado del aparato. El sol lo cubre todo ya.



Vuelvo a coger un taxi. Creo que soy el que mantiene al gremio fuera de la crisis económica que lo sacude todo. Recorro unos metros intentando abrir el libro. Leer el capítulo. La página, o unas líneas. Me hubiera valido. Vivo amparado en el mundo ficticio de la novela, me abstraigo de la realidad en negro sobre blancos descubriendo el violento mundo de la Roma noventera.



"Tres metros sobre el cielo". Lo compré ayer cuando me acerqué al centro comercial a comprarle un libro a Hugo y un disco a Aurora. Mi vida, tantos años después, junto a los míos de siempre. El libro es lo primero que leo de Moccia, y lo primero que leo en mucho tiemp. A mí, que siempre me gustó tanto la lectura, el tiempo me pasa sin abrir los lomos de un libro más que de vez en cuando. Y son muchos los cuandos y muy pocas las veces.

El taxista ha decidido comenzar su conversación. "Ajá", he asentido. Craso error. Hubiera sido más sencillo decirle: "Mire, es que llevo un libro en las manos, un libro que me aleja de lo que soy y de lo que me pasa y, ahora, tan sólo quiero viajar lejos y no escuchar cómo usted ahorra en su microeconomía familiar". De la conversación sólo aprovecho pensar que tendría que comprar bombillas de ahorro energético. Que consumen mucho menos. Pero no. Me quedo en silencio escuchando aquél sabio de la calle que me cuenta las verdades del barquero (que son las del taxista). Mensajeo a David (Gracias por el detallazo de anoche) y me llega un sms de Kone. "Llueve en Barcelona". "Aquí el sol luce", le contestó. "Se ha aliado con nosotros". Y le acompaño el texto con una foto de ensueño, hecha con el móvil desde el taxi mientras el taxista me recomienda como ahorrar en el consumo del coche... Yo, sólo podría ahorrar si dejo de coger taxis, pienso.



El sol lo cubre todo. Algo hermoso corre por mi sangre que me da energía. Ese mismo sol. Las calles se tiñen de verde, color de esperanza, y de belleza arquitectónica. El cielo, libre de nubes, me invita a todo. La estampa es de ensueño. Y me siento, por un momento, cautivo de esa belleza insensata que tienen los pequeños detalles.

Llego al hospital, visito a mis amigos. Ánimo. Cariño. Cojo otro taxi, a las horas y cruzo Valencia. Con Javi llego a comer. Isaac y Manu. La complicidad de los amigos en torno a una mesa se convierte en un capítulo de comedia sin fin. Me voy a la tele y preparo con mimo un programa más. Y es fantástico. Todo sale según lo previsto. O mejor. Me regreso a casa y hablo con mis padres, por sentirlos a mi lado en días como estos...

Ahora estoy aquí. Sentado frente al ordenador, acabando el día. Y dando gracias una vez más. Por el sol, por mis amigos, por la ciudad, por el día, por mi familia, por mi trabajo, porque aún haya quien me enseña a ahorrar, por los amigos que se acercan y te dan su brazo y su abrazo. Por los que escriben desde Barcelona. Y te dejan una llamada perdida que no puedes contestar. Gracias por todo, al fin y al cabo. Y por el respeto, y por la humanidad, y por la entereza, por la fuerza, por la amistad, por los límites que se rompieron y la llamada que esperamos...

Ahora estoy aquí. Es suficiente. Difícil por momentos. Pero suficiente. Gracias a la vida, que me ha dado tanto... Gracias porque tengo la necesidad de ser más agradecido que nunca. Gracias por estar ahí dónde estáis. Y por estar siempre. Gracias.

martes, 20 de octubre de 2009

SILENCE... 4

Fue en el viaje a Lisboa. Agosto de 1998. Una noche, al calor de Lisboa, antes de coger el autobús, la noche nos cazó en los pabellones de la Exposición Universal. Allí estuvimos nosotros. En el concierto de Silence 4, un grupo que nunca habíamos escuchado. A mí me encantaron, no sé a vosotros. Tanto, que antes de venir, compré el CD en una tienda y me lo traje con una botella de vinho verde (Gatus)... El cedé lo dejé y lo doy por perdido (aunque sé quién lo tiene). Pero hoy, que he vuelto volando a Lisboa, he recordado aquella noche, aquél concierto, aquella canción...

CADA MAÑANA



Tiene el facebook algunos juegos absurdos que ayudan a pasar el tiempo. Otros, por sorpresa, acaban aportándote un segundo de felicidad. Ahora que nos apresuramos todos, parar un segundo, delante de la nada y ser feliz, es ya demasiado. Esta mañana, en el despacho, acabo de pedirle a facebook que eligiera mi "Foto del día". Y aparece Ana, sentada, en la estampa más lisboeta que pudiera reconocer. La Praça do Comerço devorada por el sol. Ana mira al horizonte, más allá del Tajo. Se deja llevar por la brisa. Como yo...

El tranvía cierra la calle. Bajo el porche de los arcos. Dentro, la Baixa, el violinista ciego y la abuela lusitana que pide, mano extendida, maná del cielo, junto a un cartel de Moschino que anuncia la tienda de moda. Veo el paseo de adoquines nicotina y negros. El elevador. El cielo azul arriba. La humedad sosegada del viaje...

Fui por primera vez a Lisboa en 1998. Hugo y Cris, Aurora, Aída y servidor. Recuerdo aquél viaje, porque además fue una de las primeras veces por el mundo. Sólo antes la nochevieja en París y la sensación de hacernos mayores. Me hacía mucha ilusión viajar con ellos, con mis amigos del alma. De ir a Lisboa, tan lejos, dónde pensé que no querrían ir. Pero Hugo es tan de las Expos... Que acabamos yendo. Yo, con mi bastón. El resto, con sus cosas. Y los unos con los otros... Cuántos recuerdos.

Hoy cuando el facebook me ha enseñado a la tranquila Anica, sentada en el banco, en mitad de todo y de nada, mi recuerdo se fue al viaje. Y luego al otro, al lejano, al de hace algo más de una década... Pero hoy he estado en Lisboa, mientras suena Luz Casal y luego Blur, y al rato Robbie... Como cada mañana vuelo. Y hoy, mis alas, se fueron al 98. Y al paseo con Ana. Y a las risas de siempre... Y a ese sol, dorado, que envuelve siempre la ciudad que baña el Tajo.

lunes, 19 de octubre de 2009

CONTIGO



Me siento en silencio, cómplice de tus silencios, y de los suyos, de este nada nuestro que nos invita a seguir. El cielo, nublado, lo quiebra todo, o casi todo. Y miro hacia abajo más que hacia arriba. Y necesito no hablar, ni decir. Si acaso dejar perder una sonrisa de vez en cuando por hacer más llevaderas las horas... Ayer hablamos tanto, en silencio, con nuestro tacto que creo que ya te lo he dicho todo. Y tú. Que a veces no es fácil, y ahora menos que nunca. Pero podremos, vaya que sí, podremos. La ciudad se alía con nuestros corazones y todo se presiente gris. La tristeza nos va empujando por momentos y por rincones, y a veces el recuerdo y luego la esperanza. La verde esperanza que espera y desespera, y lo convierte todo en una duda larga y dolorosa... A veces, desde este silencio testigo mudo de los tuyos me quedo mirando a la nada y sorprendiéndome de todo. Y me sorprendo de mí, porque soy yo, más yo que nunca. Y me sorprendo de ti, que siempre has sido tan grande...

Ayer, al salir de tu lado, anduve por los rincones verdes, más verdes por la lluvia, de toda la ciudad. Como el cielo se alió con mi corazón, las fachadas tenían un aspecto oscurecido. Las avenidas parecían Londres, donde siempre he querido llevarte, porque esa ciudad es más tuya que mía. ¡Y mira qué es mía! Ayer, anduve, con mi silencio, y cogí presto el autobús que me llevó a comer. Y mi cuerpo se alejaba del tuyo y mi mano estaba junto a la tuya. A veces me sorprendo de mí mismo... Y siempre de ti.

La lluvia lo ha conquistado todo. El cielo es gris de un rincón al otro, al más lejano, al más lejano de todos. A aquél al que me gustaría huir por saber que ando lejos de esto que es hoy. Y tú, también, y el resto. Como si no fuera verdad que hoy, por ayer, llueve en la ciudad. Tuve frío, un frío escalofriante e intenso. Dicen que ando destemplao. Pero quise acurrucarme, hacerme un ovillo. Y lo hice. Esta ha sido la noche más larga de sueño que recuerdo desde hace tantos años... Anoche fui del cansancio y de tu memoria. Y desde la lejanía, mi abrazo. Siempre. Contigo, a tu lado...

sábado, 17 de octubre de 2009

CANSANCIO IN EXTREMIS



Llevamos horas de sueño, de cansancio,... De otros sentimientos y de muchas sensaciones que agudizan y se clavan dentro. Llevo horas y días de todas y estas otras muchas cosas que son más mías que nunca. Y llevo varios días sin conciliar el descanso y apurando cada minuto de la vida hasta caer agotado. Hoy estoy tremendamente cansado. Me he dejado el día entre sábanas, decidiendo qué hacer a cada momento y planteándome lo que se nos queda por delante y lo que fue el pasado. Y cómo es ahora, cada segundo, como una estalactita que gotea lentamente gota a gota.

Anoche fue el MIMED un oasis desesperado entre mucha arena personal. No me apetecía ir, nada, pero al final fue un acierto y un despeje. Conciertazo de Josele, sentimentazo de Maderita y espectáculo máximo de Los Planetas. Allí estuve con Raúl y Vanessa, con Manolo, Fernando y Jarillo y acabé bailando con Ximo, Rosa, Pere, Carles y el resto de la trouppe. Cansancio absoluto. A las tres y media me llamó Susa, cuando me iba a dormir tanto como necesito: "¿Está en Cyrano es que vamos para allí?". Me acercó Mariajo y me quedé en el local. Y fueron apareciendo todos. Amigos de distinto orden... Pero amigos, buenos. Gracias. He caído por casa en el coche de Alberto cuando se hacía de día y mi cabecita loca, que cantaba el bolero, seguía dando vueltas por donde está últimamente...

Mi día han sido sábanas arrugadas y yo acurrucado. Han sido silencios y mucho móvil. Muchísimo. Ha sido ponerse una canción en la recta final y, ahora, una vez más, caminito del MIMED. Con unas pocas, muy pocas ganas, más que ayer y mucho más cansancio... Apuro mi dolor por cansancio y me siento extremadamente cansado ahora mismo. Mañana el día ya tiene su agenda, y yo la mía... Salió el sol hoy, después de estar nublado desde el miércoles... ¿Y mañana? Mañana que salga el sol por dónde quiera...

jueves, 15 de octubre de 2009

CÓMO DECIRTE

Ha vuelto la lluvia, de madrugada, en el momento en que me acosté. Las cinco y media de la mañana del miércoles más complicado que recordara... Me despertér, fui al trabajo y una nueva concejalía desde hoy: Participación Ciudadana. Salgo del Ayuntamiento y mi peor noticia,... El día truncado. Llamaadas a las nuevas Falleras Mayores, programa en la tele, cena en Vips con amigos que le dejan a uno siempre en el aire flotando y copa en el Cyrano. Abrazos y besos cordiales. Cinco y media de la mañana. Todo es lluvia...

Cómo decirte sin faltarte a tu silencio lo que pienso a cada momento, lo que siento, lo que presiento, lo que dudo, lo que no lloro, lo que me contagio, lo que daría, lo que te diría, lo que pienso, lo que necesito... Cómo decirte... Y no sé. Me quedo agarrado a tu silencio y lo hago mío.

lunes, 12 de octubre de 2009

EL PUENTE SOBRE DÍAS GUAYS

No podía ser de otra manera. El puente, aquél cuyo inicio ahora me parece tan lejano en el tiempo, llegó a su fin con el mismo ritmo o mayor que cualquiera de sus días o de sus noches. Por la tarde, ayer domingo, tuvimos el homenaje de Mari Carmen Agustí en su falla (Eduardo Marquina, de Mislata). Allí estuvimos mucha gente del mundillo fallero y de mi pueblo celebrando con Mari las últimas horas de su reinado.

Ayer tuve la satisfacción de cerrar así el primer año de tele - se acabará realmente el miércoles con el nombramiento de las nuevas Falleras Mayores -, pero fue anoche como una fiesta de despedida o de bienvenida a unas amistades granjeadas y celebradas a lo largo del último año.

Cerramos la fiesta en el casal y nos fuimos a Cyrano, como impone la noche, a tomar una más. Estuvimos hablando de lo divino y de lo mundano. De todo un poco. Y todo, a la sazón, con una ristra de risas bien acompañadas.



Cuando el reloj daba las cuatro nos recogimos, celebrando el día del Pilar e hicimos camino a la "Betty" que vuelve a ser la cueva de antaño donde los vampiros de la noche nos guardamos para que la luna no nos descubra. Bailamos todo, hasta Pereza y bebimos entre risas sin dejar de movernos ni un solo segundo. No sé de dónde salieron las fuerzas, pero aún las teníamos. ¡Y vaya que si resistimos! Amparo, Consue, Mireia y Albita, acompañaron las horas de esta noche en la que todo fue, una vez más, una gran fiesta.


Nos echaron de la discoteca porque cerraban. Valencia dormía entre sus temperaturas de verano estirado y, nosotros, sin prisa ninguna, paseamos por la noche y seguimos de risas.



Cogimos el carril bici, después de que la Gallardo y Consue nos hubieran dicho hasta luego. Nosotros tres, Alba, Mireia y servidor recorrimos la noche y caímos por el Da Vinci a desayunarnos unas pizzas barbacoa en mitad de la nada. En la Gran Vía los autobuses comenzaron a circular mientras que el frío, ahora se hizo más intenso. A tope. Cogimos un taxi, les acompañé a casa y circulamos luego, en silencio, por la avenida del Cid hasta llegar a casa.

Antes de irme a dormir, compré la prensa y la leí. Cuando me fui a la cama, ya saltaban las ocho de la mañana... Miré por la ventana y comprobé como se iniciaba un nuevo día... Un fantástico nuevo día con el que cerrar el puente más largo que recordara.



Me he levantado a las tres, después de ir despertándome a lo largo de la mañana. Pero he sido capaz de dormir siete horas, todo un adelanto. Era inevitable, el cansancio, hace mella. Ahora, sueño. Mucho sueño. Espero que hoy el insomnio no haga de las suyas. Debería plantearme métodos más saludables de vida. Laura y Sergio me escriben desde Londres. Ensayo por la tarde en la falla. Estoy cansado. Y vuelvo a casa. Ceno, miro unos cuantos videos, leo la prensa y me amago. Ahora me voy, a la cama. Mañana, al día a día. Tendré que releer este blog para poner fin a mi desmemoria y recordar cómo ha sido el puente... ¡Qué puente!


DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14.

DIARIO DE UNA CATARSIS. Capítulo 14. "Bendita locura" En la limpieza de fotos, anoche, volvió a aparecer el bueno de Paulin...